Damián, Araceli (2014), El tiempo, la dimensión olvidada en los estudios de pobreza y bienestar

Elsie Mc Phail Fanger*

Estudios demográficos y urbanos de El Colegio de México, 2015


La lectura del libro permite evocar que el tiempo es una construcción social y no una propiedad del mundo natural; una convención creada por los seres humanos para satisfacer necesidades de orientación y sincronización (Elias, 1989). Hasta bien entrado el siglo xviii se impuso el tiempo cronometrado del reloj como convención universal, y sin embargo, hasta el día de hoy persisten las formas no lineales de vivir, valorar e interiorizar el tiempo. El proceso civilizatorio que conlleva la modernización urbana le impuso al tiempo un ritmo y una cierta normatividad convertida en signo de adaptación pero también de coacción (Elias, 1977).

Como categoría fuertemente anclada en la cultura, las costumbres y la idiosincrasia de un pueblo, el tiempo es un concepto difícil de delimitar por sus múltiples dimensiones. A esta categoría multidimensional y compleja se ha enfrentado Araceli Damián desde hace más de una década para comprender su articulación con niveles de pobreza y bienestar.

El libro consta de ocho capítulos y dos anexos metodológicos: tres son capítulos conceptuales, tres metodológicos y dos empíricos. En el capítulo 1 la autora expone el proceso mediante el cual el capital se fue apropiando del tiempo de vida y del trabajo de las personas. En el capítulo 2 presenta el concepto de tiempo libre y la categoría "florecimiento humano" creada por Boltvinik, retomándola en el último capítulo para aportar sus propias consideraciones a la luz de su investigación y de las obras de Bertrand Russell (1953), Joseph Pieper (1963) y Sebastián de Grazia (1966), pioneros clásicos que a mediados del siglo pasado reflexionaron sobre tiempo libre y ocio. Finalmente la autora propone en este capítulo un conjunto de políticas sociales encaminadas a incrementar el tiempo libre disponible, que vale la pena comentar en profundidad.

Damián analiza críticamente la obra de autores que desarrollan propuestas bidimensionales -ingreso y tiempo- y de otros que proponen alternativas multidimensionales al incorporar el tiempo como un recurso adicional al ingreso, como Vickery (1977) y Garfinkel y Haveman (1977), quienes retoman la concepción de ingreso total de Becker (1965). Concluye que si bien los métodos bidimensionales utilizados en Estados Unidos, Canadá e Inglaterra avanzan en la incorporación del tiempo para determinar el nivel de bienestar de los hogares, reproducen la visión minimalista de las necesidades: "Es sorprendente que todavía se pueda asumir que gozar de un minuto de tiempo libre hace a las personas no pobres de tiempo (Burchart) o bien que el tiempo libre es una necesidad con temporalidad muy reducida (10 horas en Vickery)" (p. 137).

En el capítulo 6, dedicado a la medición de la pobreza de tiempo en el enfoque multidimensional, presenta el índice de exceso de tiempo de trabajo (ETT), que forma parte del método de medición integrada de la pobreza (MMIP) desarrollado por Boltvinik en 1992. Éste tiene el mérito de incorporar por primera vez la medición de la pobreza, las dimensiones del ingreso, las necesidades básicas insatisfechas y el tiempo como variable fundamental que ayuda a determinar los niveles de bienestar en los hogares, reconociendo además la necesidad de incorporar los derechos humanos que suelen omitirse en otras mediciones de pobreza de tiempo.

Al índice calculado a escala de hogar la autora aporta una innovación al medir el uso de tiempo de cada individuo planteado en el cuadro vi (p. 213). Si se calcula a escala del hogar, afecta a 49.2% de la población de doce años o más; a escala individual afecta a 55.5%. A esta innovación volveré después.

Presenta también la evolución de la pobreza de tiempo en México desde los años ochenta hasta el 2010 y demuestra que la tesis de que los hogares incrementan su oferta de trabajo en periodos de crisis no se sostiene, ya que éstos tienen la capacidad de expandir su fuerza laboral únicamente en periodos de crecimiento económico.

A continuación expongo algunos comentarios sobre el tema del tiempo libre abordado por la autora, para alentar la discusión y proponer -a partir del texto de Damián- algunas líneas de trabajo en el futuro.

Damián retoma la definición de Boltvink sobre tiempo libre que dice así: "una vez satisfechas las otras necesidades básicas, se vuelve espacio en el cual el ser humano puede desplegar todas sus capacidades y potencialidades; por tanto, en la medida en que éste aumenta, lo hace también la posibilidad de alcanzar el florecimiento humano" (p. 147).

Uno de los hallazgos importantes de mi investigación exploratoria sobre el tiempo libre y el género fue que la categoría tiempo libre no existe como parcela en las mujeres, que más bien reportan un "tiempo libremente elegido", muchas veces simultáneo, intersticial, que se cuela por las rendijas de los tiempos obligatorios -caseros y laborales-. En los varones, sin embargo, aparecen más menciones de un tiempo lineal, probablemente porque ellos estén más interiorizados en el tiempo fraccionado, departamentalizado.

En segundo lugar, encontré que el tiempo privado -el trabajo doméstico y el tiempo dedicado a la crianza de los hijos y al cuidado de los ancianos y enfermos-, le imprime características singulares de ritmo y calidad a las rutinas hogareñas, y en consecuencia permite "tiempos libremente elegidos" -que no libres- discontinuos, intermitentes e intersticiales en el tiempo.

Con respecto a la afirmación de Araceli Damián sobre sensaciones de enajenación en los trabajadores, algunas de mis entrevistadas percibieron lo que calificaron como una "baja" calidad del tiempo, de "calidad distinta", tanto el tiempo de trabajo asalariado como el doméstico. En fines de semana alguna reportaba que era hacer "a otro ritmo lo que hacía entre semana", ya que "diario hago lo mismo, lo mismo". Aquí están implícitas sensaciones de rutinización del tiempo que valdría la pena explorar en relación con la sensación de enajenación y de vivir y percibir el tiempo.

La autora retoma el concepto de enajenación de Marx, Toti y Russel y sugiero estudiarlo con entrevistas en profundidad, ya que noto una lectura prejuiciada en estos autores que habría que analizar a la luz del uso de los tiempos en la época actual. Toti escribe en la década de 1960 y retoma a los teóricos de la Escuela de Frankfurt, que sostenían una concepción del uso del tiempo elitista -escuchar música clásica, aprender a tocar un instrumento, leer filosofía griega- y despreciaban el consumo de medios y de cultura popular, que ellos llamaron "enajenante". Igualmente De Grazia le imprime un prejuicio puritano al tiempo libre al afirmar: "todo empleo del tiempo libre debe tener un motivo", "la diversión es una fuga y el tiempo libre es un espacio sin motivo" (p. 72).

Lo mismo Russell, que aunque defiende la holgazanería, revela prejuicio al señalar que "los placeres de la población urbana se volvieron pasivos (ir al cine, ver partidos de futbol, escuchar música, etc.". Considero que el hecho de no participar activamente no los hace tiempos necesariamente pasivos.

Por otro lado, tendríamos que acudir a los textos también clásicos sobre el "derecho a la pereza" y el placer que conlleva, como describe Lafargue en su manifiesto, o a la Fenomenología del relajo de José Portilla, que aborda concepciones del tiempo en la cultura mexicana; un tiempo expansivo y subversivo en la impuntualidad como forma de fracturar la imposición eficientista del capital.

La cultura de la urgencia contrasta con la de la calma o postergabilidad, que es vista por muchos como desidia o atraso y que se experimenta en muchos territorios menos interiorizados en las disciplinas de la producción. El uso de metodologías de tiempos y movimientos, líneas de tiempo o el just in time se pone a prueba frente al uso frecuente del diminutivo en el tiempo fraccionado, acompañado por la señal inconfundible de la mano que se eleva frente a nosotros para acercar el dedo índice y pulgar que significa "un momentito", "un segundito", "nomás tantito", menciones temporales que no dan certeza alguna acerca de su duración exacta.

Edward T. Hall señala por ejemplo que la monocronicidad es parte de una concepción occidental del tiempo, que radica en el valor y la preferencia por ejecutar una sola actividad y no varias al mismo tiempo. A partir de ésta se pondera el orden concatenado de horarios, calendarios, citas, principios y finales, y la disciplina de la puntualidad, a la vez que se otorga menor jerarquía a la yuxtaposición de actividades por estimular la dispersión.

Esto ha contribuido a que en Occidente se confiera mayor valor al trabajo asalariado y al predominio de tiempos lineales, vinculados con ideas de progreso y ascenso, y menor valía al trabajo doméstico y su temporalidad simultánea y cíclica, con alto grado de repetición y fragmentación. Hall llama culturas policrónicas a las que no sólo toleran, sino que incluso valoran la simultaneidad como capacidad, tal como señala Roger Bartra cuando explica que el tiempo sin sentido apunta hacia la diversidad de formas de conciencia del tiempo en los pueblos llamados primitivos, donde la única homogeneidad que existe es la que crea la visión occidental por medio de un procedimiento de exclusión. Toda manifestación que escapa al "sentido común" de la sociedad industrial, dice el autor, es considerada parte del tiempo mítico ancestral.

Curiosamente, el tiempo contemporáneo dedicado a los nuevos medios parece revalorar los tiempos simultáneos de los que hablan Hall y Bartra, debido a la interconexión entre un ambiente de múltiples ventanas conectado a celulares y redes sociales que permean los tiempos de niños, jóvenes y adultos. ¿Qué dirían Toti, De Grazia y Russell respecto a los usos educativos e informativos o comunicativos que la red permite y que ciertamente no son tiempos pasivos? El análisis de estos medios abre una veta de reflexión sobre las nuevas maneras de usar el tiempo como espacio para la enajenación pero también para la comunicación virtual que estimula una comunicación horizontal, más democrática y menos sujeta a la verticalidad de los medios tradicionales que no estimulan la retroalimentación. Y es que la penetración de internet, celulares y redes sociales ha aumentado considerablemente en años recientes en México; y tendríamos que analizar los estudios de Obitel <www.obitel.com> sobre consumo de televisión -el medio con mayor penetración en los hogares mexicanos-, los ratings de IBOPE, las cifras de INEGI sobre consumo de medios tradicionales (prensa, radio, cine, televisión), así como la forma de consumir los nuevos medios: celulares, internet, redes sociales.

La Asociación Mexicana de Internet A.C. (AMIPCI) aporta análisis de datos duros acerca de lo que pasa en la red en México, y ofrece el siguiente perfil sobre hábitos de los usuarios de internet en el país para 2014: el principal dispositivo de conexión sigue siendo la computadora portátil o laptop, pero cinco de cada diez se conectan por celular; los niños y niñas se conectan en promedio a los 10 años; la antigüedad promedio en el uso de redes sociales es de cuatro años, siendo la actividad principal "conectarse con amigos". Las redes más visitadas son en primer lugar Facebook, le sigue YouTube, Twitter y Google. También ofrece cifras en millones de usuarios: 20.2 (2006), 23.9 (2007), 27.6 (2008), 30.5 (2009), 34.9 (2010), 40.6 (2011), 45.1 (2012), 51.2 (2013) (cifras de INEGI, AMIPCI, Cofetel y otros).

Aquí tenemos datos duros para cotejarlos con una investigación cualitativa que nos lleve a entender estos nuevos medios que han revolucionado las formas de comunicación y el uso del tiempo principalmente en poblaciones infantiles y juveniles.

Respecto al análisis de datos duros, la autora señala que hace falta estudiar el uso del tiempo desde las clases sociales, género y generación, para conocer su relación con niveles educativos, ya que por ejemplo en la Encuesta Nacional sobre Trabajo, Aportaciones y Uso de Tiempo elaborada por el INEGI en 1996, encontré aspectos importantes sobre roles femeninos y masculinos en el hogar y el trabajo. También hallé que a menor grado de escolaridad existe una menor socialización de lo que podría llamarse "cultura del tiempo libre".

Hacen falta más investigaciones como la que publicó Clara Salazar sobre el uso del tiempo libre y las relaciones asimétricas de género y entre generaciones. Ella encontró que el tiempo libre se organiza en relación con el lugar que los individuos ocupan en el hogar y con base en normas y valores que le dan sentido, subordinadas a categorías de género y parentesco (1997: 120). Valdría la pena analizar los datos recabados por Mercedes Pedrero y María de los Ángeles Durán en su estudio sobre "Envejecimiento activo y redistribución del uso del tiempo" en México, Costa Rica, Guatemala y España para saber si dentro del uso de tiempo que ellas estudian está el libremente elegido.

Araceli Damián se refiere a que las normas en el índice ETT (índice de exceso de tiempo de trabajo) que forma parte del MMIP, fueron establecidas partiendo de la idea de que, salvo raras excepciones, el tiempo dedicado al trabajo doméstico y extradoméstico es un medio para subsistir y no para desarrollar una actividad creativa... ahí tendríamos que explorar el concepto de "creatividad", ya que por ejemplo las mujeres que entrevisté registraron creatividad en el cambio de velocidad y ritmo que imprimían a una actividad laboral regulada o a una actividad doméstica los domingos, o la tuvieron en la plática que llevaban a cabo en una jornada laboral, concebida como estrategia para romper con el tiempo reglamentario. Habría que hacer más entrevistas en profundidad para conocer la relación entre "creatividad" y concepciones de calidad y tiempo en el trabajo asalariado, el doméstico, y el de cuidado de la familia.

Lo mismo con las categorías "placer" y "emociones" como prácticas lúdicas por clase social, género y generaciones, para definir el tiempo como libre o autónomo. Acorde con la propuesta interdisciplinaria de Damián, creo necesario incorporar no sólo la filosofía sino también la psicología, que ha estudiado mejor el placer.

El índice de felicidad (FIB) es un indicador que mide la calidad de vida en términos holísticos y psicológicos; se aplica a nivel mundial, y en México así se hizo en 100 municipios. La herramienta permite medir, con el método de reconstrucción del día registrado en un diario, los niveles de "satisfacción con la vida" en varios dominios vitales, entendidos como aquellos en donde una persona se ejerce como ser humano: el dominio familiar, el económico, el de ocupación, el del entorno, el de la amistad, el del tiempo libre, el de la salud y el espiritual; el balance de los estados afectivos, la presencia de relación de apoyo o confianza, la disponibilidad de tiempo para la familia, los amigos, el descanso o relajación y, por último, la satisfacción de servicios públicos. Aunque no se refiere al placer directamente, el índice se refiere a los estados afectivos.

Por cierto que México ocupa el lugar número 22, siendo el municipio de Apodaca, en el estado de Nuevo León, el que ocupa el primer lugar. Los defeños que viven en Tlalpan, Álvaro Obregón y Coyoacán pueden estar contentos, ya que ahí también el índice de la felicidad reportó altos niveles.

En el capítulo 5 la autora evalúa las encuestas y las normas de uso de tiempo, y expone que en las encuestas de 2002 y 2009 se presenta una desagregación de actividades mucho más detallada en lo referente al trabajo doméstico y al cuidado de los demás, y los tiempos de entre semana y los fines de semana. En la encuesta de 1998 señala que se incorporan preguntas sobre simultaneidad, lo que es muy importante en el uso de tiempo de las mujeres que entrevisté, quienes reportaron 18 actividades simultáneas con el tiempo del trabajo doméstico y del asalariado.

En lo que respecta al tiempo libre, dice la autora, la encuesta sólo registra "recreación, descanso, dormir, ver televisión", y tiene razón en estar preocupada, ya que debería incluir otros conceptos enraizados en la idiosincrasia nacional y que pertenecen a lo que llamo "un mismo campo nocional", de los cuales detecté tres categorías:

  1. El campo nocional convencional, en donde las personas entrevistadas registran connotaciones valoradas como "positivas" de uso de tiempo libremente elegido: gusto, entretenimiento, solaz y esparcimiento, distracción, disfrute, jolgorio, fiesta, pasatiempo, juego, descanso, diversión, relajo, etcétera.
  2. El campo nocional con connotaciones valoradas como "negativas", como son el ocio, la flojera, el aburrimiento, la pereza, el "no hacer nada".
  3. El campo nocional de la clandestinidad, más acorde con algunas actividades toleradas, aunque consideradas por algunos y algunas como "excesos", relacionados con el alcohol, las drogas o el sexo, como son farra, borrachera, guarapeta, juerga, parranda.

Por lo anterior recomiendo que en el texto se revisen las categorías de ocio y tiempo libre, utilizadas de manera indistinta sin una adecuada diferenciación.

Volviendo a los importantes resultados que muestra la autora sobre pobreza de tiempo a nivel individual anteriormente citados, apunta que las diferencias de sexo son pequeñas (50.4% en los hombres y 48.2% en las mujeres). En el cálculo individual de la pobreza es mayor en hombres que en mujeres (62.4 frente a 42.2%), contraviniendo la idea de que son las mujeres las que tienen mayores carencias en esta dimensión.

En este ámbito hace falta "tejer fino" en cuestiones de género e interiorización del tiempo, ya que es necesario explorar cuestiones de adaptabilidad de género en situaciones de crisis; mis entrevistadas revelan con orgullo mayor capacidad para administrar estos tiempos con creatividad, confirmando el patrón de asimetrías a las que alude el estudio de Salazar. Aquí también es importante considerar el cambio de ritmo que le imprimen a la jornada doméstica para cumplir con nuevos tiempos obligatorios, lo que, como dice María de los Ángeles Durán, implica una jornada interminable, sin principio ni fin.

Florecimiento humano

Boltvinik establece las bases teóricas para un nuevo enfoque sobre pobreza y bienestar con la categoría "florecimiento humano". Explica la autora que ésta es similar a la de autorrealización, propuesta por Maslow, aunque la propuesta de Boltvinik incorpora la reflexión sobre el tiempo libre, considerando su carencia como limitante para dicho florecimiento.

El florecimiento humano parece un concepto interesante que nos hace hurgar en terrenos filosóficos. Acudo al diccionario, que nos dice: florecer, "echar, arrojar flores", "prosperar, crecer de algún modo, como en riquezas, fama y gloria"; "dícese de personas o cosas, instituciones célebres, renombradas" (Enciclopedia universal ilustrada). El diccionario de la lengua española, de la Real Academia Española, define florecer como "dicho de una persona o de una cosa, incluso abstracta, como la justicia, la ciencia, etc."; "prosperar, crecer en riqueza o reputación"; "crecer en un tiempo o época determinada".

Todas las definiciones implican "crecer", y no sólo eso, sino "crecer de dentro hacia fuera", "hacia arriba", como metáfora floral del progreso. Habría que revisar este concepto a la luz de un tiempo de crecimiento hacia dentro, la introspección, el monólogo interior o, como dice Thompson, la capacidad de interiorizar el tiempo.

En relación con lo anterior, la categoría "autonomía de tiempo" de Boltvinik se parece más al término que yo utilizo y que es "tiempo libremente elegido". Con estos conceptos rompemos con la idea de parcelación de tiempo y de valoración a priori.

Damián argumenta que en 2010 el 50% de la población se encontraba en la pobreza, y propone un conjunto de políticas públicas que liberen a los hogares de cargas de trabajo y aporten tiempos que los individuos consideren valiosos, tiempos autónomos y de calidad.

Sugiere la necesidad de recibir un ingreso por desempleo, incapacidad, vejez o fallecimiento, fiscalizar el cumplimiento del tiempo máximo de dedicación a la jornada laboral, considerar el tiempo de transporte de ida y vuelta al trabajo como parte de la jornada laboral -así los empleadores presionarían para que fuera más eficiente-, otorgar semanas con licencias con goce de sueldo a los padres con hijos recién nacidos, impulsar mayor apoyo gubernamental para guarderías, ampliar la jornada escolar hasta las 17 horas para jóvenes estudiantes menores de 14 años, exentar los impuestos para ropa y útiles, otorgar mayores apoyos a jefaturas femeninas, etcétera.

A lo anterior agregaría la necesidad de atender a las familias de menores ingresos con ancianos, discapacitados y enfermos, proveerlos con la posibilidad de cuidados diurnos, asilos dignos, y armar redes de ayuda para asistirlos. También hay que instrumentar una campaña de medios para hacer consciente a la población de la atención y el cuidado de los viejos como tarea urgente, debido a que los estudios geriátricos señalan que las enfermedades aumentan precisamente porque se reducen los espacios para la productividad, el afecto y el placer. Igualmente es necesario organizar la cultura en las delegaciones menos atendidas o más alejadas del centro histórico, así como recuperar los centros deportivos y parques que día con día se eliminan debido a una política que da la espalda al derecho que todos tenemos a la recreación y al esparcimiento. En todo lo anterior los medios serían cruciales en promover la conciencia del derecho al tiempo libre.

Las aportaciones del trabajo de Araceli Damián al estudio del tiempo son:

  1. La discusión teórica y metodológica sobre los diferentes enfoques de medición de la pobreza de tiempo y su evaluación crítica de las propuestas bidimensionales.
  2. La medición de la pobreza de tiempo en México.
  3. La evaluación crítica de encuestas de uso de tiempo.
  4. La pobreza de tiempo por individuo y sus reflexiones desde el género.
  5. Sus propuestas de políticas públicas para incrementar el tiempo disponible.

Recomiendo ampliamente su lectura y discusión.





Bibliografía
Bartra, R. (1996), La jaula de la melancolía: identidad y metamorfosis del mexicano, México, Grijalbo.
Becker, Gary (1965), "A Theory of the Allocation of Time", Economic Journal, vol. 55, pp. 493-517.
De Grazia, S. (1966), Tiempo, trabajo y ocio, Madrid, Tecnos.
Elias, N. (1977), El proceso de civilización. Investigaciones sociogenéticas y psicogenéticas, México, FCE.
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Garfinkel, Irwin y Robert Haveman (1977), "Earnings Capacity, Economic Status and Poverty", The Journal of Human Resources, vol. 12, pp. 49-70.
Hall, E.T. (1959), The Silent Language, Nueva York, Fawcett Premier.
Lafargue, J. (1970), El derecho a la pereza, México, Grijalbo .
Mc Phail, E. (2006), Voy atropellando tiempos. Tiempo libre y género, México, UAM Xochimilco.
Pieper, J. (1963), Leisure, the Basis of Culture, Pantheon Books.
Portilla, J. (1966), Fenomenología del relajo, México, FCE .
Russell, B. (1953), Elogio a la ociosidad y otros ensayos, Madrid, Aguilar.
Salazar, C. (1997), "El uso del tiempo libre y las relaciones asimétricas de género y entre generaciones", Sociológica, año 12, núm. 33.
Toti, G. (1961), Tiempo libre y explotación capitalista, México, FCE .
Vickery, Clair, "The Time-Poor: A New Look at Poverty", The Journal of Human Resources, vol. 12, núm. 1, pp. 27-48, 1977.

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