Entre la escuela y el trabajo. El tránsito a la vida adulta de los jóvenes en la Ciudad de Buenos Aires y el Distrito Federal

Sabrina A. Ferraris1Mario Martínez Salgado2

Centro de Investigación en Trabajo, Distribución y Sociedad (Citradis); Instituto Interdisciplinario de Economía Política de Buenos Aires (IIEP-Baires), Universidad de Buenos Aires. Dirección postal: Av. Córdoba 2122, 2do piso, C.P. 1120 AAQ, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina. Correo electrónico: <sabriferraris@yahoo.com.ar>. Becario del Programa de Becas Posdoctorales en la UNAM, Instituto de Investigaciones Sociales. Dirección postal: Circuito Mario de la Cueva s/n, Ciudad de la Investigación en Humanidades, Ciudad Universitaria, C.P. 04510, Coyoacán, México, D.F. Correo electrónico: <mmartinezs@colmex.mx>.

* Sabrina Ferraris es doctora en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires y especialista en Demografía Social por la Universidad Nacional de Luján. Ha escrito sobre temáticas referidas a las transiciones a la vida adulta, familia y uniones conyugales, curso de vida, y juventud y consumos culturales.
* Mario Martínez Salgado es doctor en Estudios de Población y maestro en Demografía por El Colegio de México y actuario por la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma de México. Su investigación se concentra en temas vinculados a la transición a la vida adulta, familia y curso de vida, trabajo y masculinidad, y análisis espacial de datos demográficos.


Resumen:

El tránsito a la vida adulta es un proceso que incluye múltiples experiencias que involucran el equilibrio de entrada y salida de diferentes roles. La perspectiva de curso de vida permite estudiar a los sujetos y las familias en el tiempo; asume las transiciones como diversas, socialmente creadas y modeladas por circunstancias históricas y por tradiciones culturales. En esta investigación se analiza el calendario de salida de la escuela y comienzo de la vida laboral de los jóvenes de la Ciudad de Buenos Aires en Argentina y el Distrito Federal en México al comienzo del presente siglo.

Recibido: 23-09-2013; Aceptado: 05-09-2014

Estudios demográficos y urbanos de El Colegio de México, 2015

Palabras clave: jóvenes, curso de vida, transiciones a la vida adulta, salida de la escuela, inicio de la vida laboral.
Key words: youth, life course, transitions to adulthood, leaving school, start of working life.

Introducción

En las sociedades occidentales modernas el tránsito a la vida adulta es un proceso en el que los y las jóvenes adquieren las condiciones para transformarse en personas independientes, productivas y con capacidad de reproducción biológica. En ese proceso los sujetos consiguen los elementos para direccionar su propio flujo vital, aunque en él convergen ciertos aspectos de autonomía con otros de dependencia. Las transiciones a la adultez se materializan en las posibilidades de elegir y actuar de los sujetos dentro de un complejo marco; se trata de una mezcla de intereses propios, voluntades familiares y restricciones sociales, culturales e históricas. Dentro de este entramado una parte sustantiva acontece cuando el sujeto asume un elaborado mosaico de responsabilidades que están ligadas a la unidad familiar, al contexto social inmediato y al resto de las instituciones sociales. Además, el paso de joven a adulto puede incluir múltiples y diversas experiencias, las cuales involucran el equilibrio de la entrada y la salida de los sujetos de diferentes roles: laborales, educativos, familiares y comunitarios.

La perspectiva de curso de vida es un anclaje teórico-analítico desde el cual se puede estudiar este pasar de joven a adulto. Este enfoque permite estudiar sujetos y familias en el tiempo, poniendo particular énfasis en las transiciones que experimentan. Desde esta óptica, las transiciones relacionadas con la asunción de roles adultos se asumen como diversas, socialmente creadas y compartidas, y modeladas por circunstancias históricas y tradiciones culturales. A continuación se analiza la temporalidad de dos transiciones de gran importancia en la vida de los y las jóvenes y sus familias: salir de la escuela y comenzar a trabajar, esto en la Ciudad de Buenos Aires en Argentina y en el Distrito Federal en México, al finalizar la primera década de este siglo.

Además de esta sección introductoria, el presente trabajo incluye un apartado teórico donde se exponen brevemente algunos elementos de la perspectiva de curso de vida y del esquema de transiciones a la vida adulta. Enseguida se detallan algunos aspectos contextuales de gran impacto en la región latinoamericana relacionados con las transformaciones de los mercados laborales producto de los cambios recientes en los modelos económicos. Después se presentan los pormenores de las fuentes de información: la Encuesta Anual de Hogares de la Ciudad de Buenos Aires y la Encuesta Nacional de la Juventud, ambas de 2010, así como la aproximación metodológica mediante tablas de vida simples (actuariales) con casos truncados. Seguido de esto se exponen los resultados empíricos comenzando con un análisis descriptivo de algunas características de los y las jóvenes porteños y defeños, al término de lo cual se presentan los resultados del calendario de la salida de la escuela y del inicio de la vida laboral. Por último, se incluye un resumen con los principales hallazgos de investigación, a fin de presentar una reflexión de conjunto sobre la transición entre la escuela y el trabajo de las y los jóvenes de las dos capitales latinoamericanas.

Relojes y calendarios sociales

El tiempo es una dimensión central en la trayectoria vital de las personas. La perspectiva de curso de vida es un enfoque diacrónico que permite estudiar la trayectoria de vida de los sujetos en distintos ámbitos y diferentes contextos, al tiempo que facilita analizar los posibles vínculos que se establecen entre éstas como consecuencia del conjunto de fuerzas sociales, económicas y culturales que actúan sobre las personas (Martínez-Salgado, 2010). En este enfoque confluyen e interaccionan multiplicidad de factores del ámbito económico, cultural, social y familiar, porque cualquier implicación de lo social sobre la vida del sujeto depende de lo que la gente aporte al proceso de cambio, así como de la naturaleza y severidad de dicho cambio (Elder, 1994).

Los calendarios de los sucesos familiares y de las transiciones de los sujetos por las diversas etapas varían según las distintas sociedades y los diferentes grupos sociales. En particular, en el tránsito a la vida adulta se presentan múltiples experiencias (salida de la escuela, incorporación por primera vez al mercado de trabajo, emancipación del hogar familiar, inicio de una vida sexual activa, comienzo de la vida conyugal, nacimiento del primogénito, por mencionar algunas) que difieren en su temporalidad y en el orden en que se suceden unas a otras según el contexto social, económico y cultural del que se trate.

En las sociedades occidentales modernas se supone que en la adultez el sujeto será capaz de ser proveedor de sí mismo y de otros, en alguna combinación de trabajador, pareja y padre o madre. Asimismo, son múltiples los factores de carácter institucional, cultural, social y económico, entre otros, que influyen en dicho proceso transicional. La prolongación o acortamiento de la escolaridad tiene un papel central en la transición a la adultez ya que, entre otras cuestiones, acelera la incorporación al mercado de trabajo (Coubés et al., 2004). A su vez, en el caso de las mujeres el poseer cierto nivel de educación formal puede estar asociado con la adopción de valores y roles de género menos tradicionales, lo cual puede aumentar la probabilidad de que una mujer trabaje. La educación opera no sólo en la decisión de trabajar de las mujeres, sino que también influye en la posibilidad de hacer efectiva su decisión y compromiso con el propio trabajo (Cerrutti, 2000). Además, la inserción temprana al mercado de trabajo -que suele estar asociada a bajos niveles de escolaridad- supone un mayor riesgo de tener trabajos temporales y de baja calificación. También vale mencionar que en contextos de pobreza y exclusión muchos jóvenes trabajan antes de dejar la escuela, en gran medida para poder ayudar a sus familias.

Tiempos históricos e institucionales

Al estudiar las transiciones laborales es importante tener en cuenta la estructura productiva del momento en que éstas ocurren, porque la participación laboral no necesariamente garantiza la independencia económica. En el contexto latinoamericano esto es de particular relevancia, ya que el mercado laboral en el que suelen insertarse las y los jóvenes se caracteriza por tener alto subempleo, salarios muy bajos e importante desarrollo del sector informal. De hecho, las profundas transformaciones económicas, políticas y sociales que ocurrieron en Latinoamérica durante las décadas de los ochenta y noventa, debido a la implementación de los programas de ajuste, trajeron consigo elevados costos sociales. Los cambios en la estructura productiva derivaron en altos niveles de endeudamiento externo, disminución del ritmo del crecimiento del empleo y de los salarios reales, importante desindustrialización y terciarización de la producción y del empleo, y crecimiento significativo de la desocupación, la informalidad y la pobreza. Además, la consecución de algunos objetivos estratégicos como la reducción del gasto público, un nuevo nivel salarial, la concentración creciente del capital, y la apertura de la economía en los sectores menos oligopolizados, entre otros, repercutió en prácticamente todos los segmentos de la población.

Con relación a esto último, los procesos de flexibilización laboral instrumentados en aquella época se tradujeron en la introducción de fórmulas contractuales de precariedad e informalidad laboral. Los y las jóvenes, en tanto demandantes de un primer empleo y aspirantes a consolidarse en el mercado de trabajo, se convirtieron en los primeros afectados por la precarización general de las condiciones de trabajo. De hecho en muchos lugares la creación de empleo juvenil se asocia con la facilidad de despido, la reducción de las cotizaciones sociales y la subvención y promoción de ciertos tipos de contratos cuya esencia final es la temporalidad. De esta manera, si bien la eventualidad se convierte en la norma laboral para un sector creciente de trabajadores, pareciera ser la forma típica de inserción en el mercado de trabajo de los y las jóvenes (Cardenal de la Nuez, 2006).

En cuanto al vínculo entre las transiciones escuela y trabajo, Solís y otros (2008) -con datos transversales para 2003- realizaron un análisis comparativo de estos dos eventos en Buenos Aires, Lima y la Ciudad de México. Entre sus hallazgos destaca que estas transiciones ocurren a edades más tardías en Buenos Aires, y a más tempranas en la Ciudad de México; también hay diferencias considerables entre las ciudades en el grado de heterogeneidad de las situaciones educativas y laborales. En Buenos Aires las situaciones por las que transitan las y los jóvenes son más heterogéneas, pues con frecuencia incluyen el trabajo de tiempo parcial, la mezcla de estudio y trabajo, y el desempleo. En la Ciudad de México, en cambio, se percibe una tendencia del tránsito de la escuela al trabajo que consiste principalmente en la transición del estudio de tiempo completo al trabajo también de tiempo completo. Una de las principales conclusiones de Solís y otros (2008) es que los contextos institucionales locales referidos a los ámbitos educativos y laborales explican buena parte de esas diferencias en los calendarios de los jóvenes de estas dos ciudades.

Además de retomar estos hallazgos con el objeto de observar si para el año 2010 se mantienen las tendencias, nuestro trabajo incluye el análisis del arreglo familiar de los jóvenes. Consideramos que entre el conjunto de características relacionadas con la condición de actividad y los niveles de escolaridad de las y los jóvenes, un factor que suele estar estrechamente relacionado con la independencia económica es la relación de dependencia con el jefe o la jefa del hogar, o bien, con la constitución de un hogar propio. Otro elemento distintivo de este trabajo es la disposición de información retrospectiva; en particular, se cuenta con los motivos por los que dejaron la escuela los y las jóvenes, cuestión que favorece el análisis de la relación entre los calendarios de los dos eventos.

La Ciudad de Buenos Aires y el Distrito Federal en contexto

El Distrito Federal, de acuerdo con el Censo de 2010, es el hogar de uno de cada 13 mexicanos, aproximadamente. De los cerca de 8.9 millones de habitantes de esta demarcación, poco más de 30% se encuentran en edad escolar (6 a 24 años). En detalle, asisten a la escuela 96.4% de los infantes de 6 a 14 años y sólo 52% de los de 15 a 24 años, a pesar de lo cual el Distrito Federal es la entidad del país con la proporción más alta de jóvenes de 15 a 24 años que asisten a la escuela (INEGI, 2011). En este punto es oportuno mencionar que el sistema escolar mexicano se divide básicamente en tres niveles de enseñanza: el básico, que incluye la educación primaria (comprende regularmente las edades entre los 6 y los 11 años) y la educación secundaria (entre los 12 y los 14 años); el nivel medio, que se asocia con el bachillerato o preparatoria (entre los 15 y los 17 años), y el superior, que corresponde a los estudios universitarios (posterior a los 18 años de edad). En materia laboral, 57 de cada 100 personas de 12 años y más participan en alguna actividad económica. Entre los no económicamente activos, 44% se dedica a los quehaceres del hogar, 38.7% son estudiantes y el resto son principalmente jubilados. Sólo cerca de dos de cada tres habitantes del Distrito Federal tienen derecho a servicios médicos de alguna institución pública o privada (INEGI, 2011). En contraste, el Distrito Federal es la entidad con el menor nivel de marginación del país (Conapo, 2011).

Por otro lado, la capital argentina cuenta con alrededor de 2.9 millones de habitantes según el Censo de 2010. Del total de la población de 14 años y más, casi 70% está empleada; entre los inactivos la mitad son jubilados o pensionados, nada casual teniendo en cuenta que la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) presenta una población bastante envejecida. De acuerdo con los fines de este trabajo, nos interesa destacar que entre los inactivos de 14 años y más encontramos también que 25% son estudiantes. En consonancia con esto, 63% de los y las jóvenes de entre 15 y 24 años asisten a un establecimiento educativo formal; y 99% de las y los niños de entre 6 y 14 años están escolarizados (INDEC, 2014).

Con respecto al régimen de escolaridad, en la capital porteña se inicia el nivel primario a partir de los 6 años de edad, e incluye un total de siete grados. Luego de los 13 años comienza el ciclo denominado secundario, que cuenta con un total de cinco grados. Por último, a partir de los 18 años comienza el ciclo superior (terciario) o universitario. Merece señalarse que mientras en el ámbito nacional la escolaridad secundaria se vuelve obligatoria en 2006, para la CABA esto data desde 2002. Un último factor que presentamos para contextualizar los niveles de bienestar de la CABA es que 82% de la población cuenta con algún tipo de cobertura en salud (obra social, prepaga o plan estatal) (INDEC, 2014).

En consecuencia, entre las razones por las que elegimos comparar estas dos jurisdicciones es que en general ambas presentan los mejores niveles de escolarización en sus respectivos países. Con respecto a las transiciones laborales, las dos metrópolis funcionan como centros de atracción para la inserción laboral. No menos importante es el hecho de que ambas son ciudades capitales latinoamericanas, con lo que ello implica a la hora de analizar los contextos económicos, sociales y culturales de los jóvenes que transitan hacia su adultez. También consideramos oportuno aprovechar la disponibilidad de información retrospectiva para 2010 en ambas demarcaciones, así como nuestra propia experiencia de investigación sobre el tránsito a la vida adulta en Argentina y México.

Datos y metodología

La población objetivo de este estudio son las y los jóvenes de 20 a 29 años de edad, divididos en dos grupos etarios: 20 a 24 y 25 a 29, residentes de la Ciudad de Buenos Aires en Argentina y del Distrito Federal en México, en el año 2010.1 Los resultados derivan de la Encuesta Anual de Hogares de la Ciudad de Buenos Aires de 2010 (EAH), y para el Distrito Federal de la Encuesta Nacional de la Juventud de 2010 (ENJ). La EAH brinda información sobre la situación socioeconómica de la población de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, sus hogares y sus viviendas. La recolección de los datos de los diversos temas que aborda se realiza entre octubre y diciembre de cada año, y abarca los hogares particulares de la Ciudad de Buenos Aires. La EAH se basa en un estudio por muestreo que para 2010 cuenta con un total de 16 986 sujetos, y es representativa de la Ciudad de Buenos Aires. Para este trabajo en particular el universo de los y las jóvenes de entre 20 y 29 años de edad lo constituye un total de 3 205 observaciones.

La ENJ, por su parte, detalla el estilo de vida de las y los mexicanos de entre 12 y 29 años de edad. Con esta fuente se pueden conocer sus principales hábitos y costumbres, y generar información estadística sobre las características sociales, económicas y culturales de las y los jóvenes mexicanos. Además del alcance nacional (28 005 casos), la muestra de la ENJ posibilita la obtención de resultados representativos para cada una de las 32 entidades federativas y para algunas zonas metropolitanas. La muestra del Distrito Federal considera 944 observaciones, 504 de las cuales se refieren a jóvenes -hombres y mujeres- con edades que oscilan entre los 20 y los 29 años de edad.

Por lo demás, tanto la EAH como la ENJ cuentan con información retrospectiva de estos jóvenes que incluye la edad a la que dejaron la escuela, los motivos por los que la dejaron (aspecto central para analizar la relación entre las dos transiciones) y la edad a la que comenzaron a trabajar, entre otros datos, por lo que esta información se retoma para analizar dichos eventos.2

Ahora bien, se utiliza primordialmente el análisis de supervivencia para estudiar la variable tiempo hasta la ocurrencia de cada uno de los eventos (salida de la escuela y comenzar a trabajar). Esta aproximación metodológica permite cuantificar sobre cierta población la proporción que experimentó un suceso determinado después de un tiempo establecido, esto es, la intensidad del evento (Kleinbaum y Klein, 2005). En particular se hace uso de tablas de vida simples (actuariales) con casos truncados, toda vez que esta técnica no sólo incorpora el tiempo de los sujetos que experimentan cierto evento, también considera el que aportan quienes no lo han experimentado.3 Es decir, esta herramienta hace posible, entre otras cosas, describir y resumir los tiempos transcurridos hasta un evento, aun cuando no todos los sujetos observados lo hayan experimentado.

Principales hallazgos

Los jóvenes porteños y defeños al concluir la primera década del siglo XXI

En este apartado el objetivo es examinar algunas características de las y los jóvenes de las dos ciudades capitales. Los aspectos a destacar son la situación de dependencia (o no) en el hogar (relación con el jefe o la jefa del hogar),4 el nivel de escolaridad, la condición de actividad (si están ocupados, desocupados o inactivos), y el vínculo (o su ausencia) entre el estudio y el trabajo.

En primer lugar, a través de la relación con el jefe o la jefa del hogar es posible aproximar el grado de autonomía de los sujetos; aunque, como afirman algunos autores, la emancipación residencial es un proceso dinámico y multifacético en el que pueden existir diferentes grados de independencia, diversas etapas entre la dependencia total y la autonomía plena (Echarri, 2005). Entre los condicionantes de este proceso la literatura sobre el tema destaca los ligados al mercado laboral y a la permanencia en el sistema escolar. Por ello la relevancia de señalar que en la capital argentina y en la mexicana las y los más jóvenes (20-24 años) aún ocupan mayormente una posición de "dependencia" en relación con el jefe o la jefa del hogar (véase el Cuadro 1). Aproximadamente tres de cada cinco jóvenes porteños, sin importar el sexo, se sitúan como hijos, hijos adoptivos, hijastros o nietos del jefe o la jefa de hogar. En el Distrito Federal esta relación de "dependencia" la comparten prácticamente dos de cada tres mujeres y poco más de tres de cada cuatro hombres. En el siguiente grupo de edad (25-29 años) esta posición pierde peso en ambas ciudades. En Buenos Aires menos de un tercio de las mujeres y dos quintas partes de los hombres son dependientes del jefe o la jefa del hogar. Por su parte, en la capital mexicana el porcentaje de mujeres con este estatus es similar al de su par argentino, sin embargo el porcentaje de jóvenes varones defeños dependientes es mayor al de los porteños.

Cuadro 1.

Distribución porcentual de los jóvenes de la Ciudad de Buenos Aires y del Distrito Federal de acuerdo a algunas características seleccionadas, 2010


TFN1Fuente: Elaboración propia con datos de la EAH y la ENJ. Hombres y mujeres de 20 a 29 años de edad.


En ambas ciudades el descenso porcentual de la posición de dependiente entre los grupos etarios se corresponde con el incremento en las posiciones de jefe o jefa y cónyuge. Entre las y los jóvenes porteños del grupo de edad de 20 a 24 años, uno de cada cuatro ocupa la posición de la jefatura del hogar o la de cónyuge. En cambio, en el colectivo 25 a 29 años la proporción de los y las jóvenes de la capital argentina que se encuentran en esta condición se multiplica por más de dos. En el caso de la capital mexicana, entre las personas de 20 a 24 años, poco más de una décima parte de los hombres son jefes de hogar (no hay quien se declare cónyuge de la jefa de hogar) y más de un cuarto de las mujeres son jefas o cónyuges del jefe. En la misma ciudad, en el siguiente grupo etario se incrementa sustantivamente la proporción de hombres jefes de hogar y de mujeres jefas o cónyuges del jefe.

Con esto es de destacar la posición que ocupan sobre todo las mujeres en la estructura de parentesco de sus respectivos hogares. En Buenos Aires en el grupo de edad de 20 a 24 años hay casi la misma proporción de mujeres jefas de hogar como de cónyuges del jefe; en el siguiente grupo etario más de una cuarta parte de las mujeres son jefas de hogar y cerca de un tercio son parejas del jefe. En el Distrito Federal, por el contrario, las mujeres se concentran más en la posición del cónyuge que en la de jefas de hogar. Este diferencial, junto con la visible proporción de jóvenes varones porteños que aparecen como cónyuges y la prácticamente nula aparición de hombres defeños en este rubro, puede estar exhibiendo, entre otros asuntos, que el "empoderamiento" de las mujeres en la capital argentina es un tanto mayor que el de las mexicanas, tanto porque son reconocidas como jefas, o porque dirigen un hogar unipersonal, o uno en donde cohabitan con otro(s) pariente(s).

Otro rasgo que diferencia a los jóvenes de las dos capitales latinoamericanas es el grado de escolaridad.5 Mientras que la mayoría de las y los porteños, sin importar el grupo de edad, cuentan con un nivel de escolaridad superior,6 la mayoría de los y las jóvenes en el Distrito Federal apenas reportan una escolaridad media.7 Más aún, en Buenos Aires la proporción de mujeres instruidas es mayor que la de los hombres: cerca de 70% de las mujeres de 20 a 29 años cuenta con estudios superiores, frente a poco más de la mitad de los hombres. En cambio, en el Distrito Federal las mujeres acceden en menor proporción a la educación superior: menos de un tercio de las jóvenes de entre 20 y 29 años cuenta con algún año de instrucción superior, en tanto que poco más de dos quintas partes de los hombres se encuentran en esta categoría.

Por otro lado, la condición de actividad de las y los jóvenes también difiere de manera importante entre las dos ciudades capitales. En Buenos Aires la proporción de ocupados apenas se diferencia en 10% entre las y los jóvenes de los dos grupos de edad. En la capital argentina cerca de siete de cada diez hombres y seis de cada diez mujeres, ambos de entre 20 y 24 años de edad, se encuentran ocupados; en el otro grupo etario la relación asciende hasta alcanzar a prácticamente nueve de cada diez hombres y ocho de cada diez mujeres porteñas. Por su parte, en la capital mexicana la proporción de hombres ocupados es sólo un tanto menor a la de Buenos Aires (aun entre los grupos de edad), y la porción de mujeres ocupadas es sensiblemente menor a la de la capital argentina, eso sin mencionar que casi la mitad de las mujeres de los dos grupos de edad se encuentra inactiva.8 Por último, la desocupación, aunque porcentualmente menor, pareciera ser un factor más importante entre los más jóvenes, sobre todo en la capital argentina.

En relación con el estudio y el trabajo, tanto en Buenos Aires como en el Distrito Federal la distribución porcentual de las y los jóvenes en estas actividades varía de manera sustantiva en función del grupo de edad del que se trate. Por ejemplo, la mayoría de los varones porteños de entre 20 y 24 años de edad sólo trabaja, aunque una proporción también importante sólo estudia, o estudia y trabaja. Por el contrario, la mayoría de las porteñas más jóvenes o sólo estudia o compagina los estudios con el trabajo; quienes sólo trabajan representan poco más de un cuarto de este colectivo. En el caso del Distrito Federal casi la mitad de los hombres y poco más de un tercio de las mujeres de 20 a 24 años sólo se dedica al trabajo. Asimismo, en esta demarcación quienes sólo estudian circundan a un cuarto de la población, y una fracción relativamente menor de hombres, y sobre todo de mujeres, combina estas actividades.

En el siguiente grupo de edad sólo las actividades estudiantiles pierden peso de manera importante frente a las laborales. Así encontramos que en la Ciudad de Buenos Aires más de la mitad de los hombres y de las mujeres de entre 25 y 29 años sólo trabajan, mientras que poco más de un cuarto de las y los porteños combinan el mundo laboral con el escolar. En el caso de las y los defeños, el peso de lo estudiantil es aún menor, pues poco más de tres cuartos de los hombres y casi la mitad de las mujeres sólo trabajan.

Mención aparte merecen las y los jóvenes de las dos demarcaciones, de ambos grupos etarios que no estudian y no trabajan. Tanto en la capital argentina como en la mexicana la porción de mujeres que no estudian y no trabajan es superior a la de los hombres; esta condición se acentúa de manera importante conforme aumenta la edad. Incluso en el Distrito Federal el colectivo de mujeres de entre 25 y 29 años de edad que no estudian ni trabajan es casi tan numeroso como el de las que sólo trabajan.

En suma, buena parte de los jóvenes de entre 20 y 29 años de edad de Buenos Aires y del Distrito Federal experimentan un cambio en la condición de parentesco respecto del jefe o jefa de hogar. Los más jóvenes serán ante todo dependientes y un buen número de los mayores asumirá la jefatura del hogar o se convertirá en el cónyuge de quien la detente. No obstante, en comparación con el Distrito Federal, en la capital argentina es posible encontrar una mayor proporción de mujeres que dirigen algún hogar y de hombres jóvenes que se declaran cónyuges de la jefa. Además, en general los jóvenes porteños muestran niveles de escolaridad mayores que el de los jóvenes defeños; por otro lado las mujeres sudamericanas están más instruidas que sus pares varones, lo cual contrasta con la menor escolaridad que exhiben las mujeres respecto de los hombres en el Distrito Federal. La condición de actividad también difiere entre los sexos y entre las ciudades capitales. Mientras que en Buenos Aires el porcentaje de hombres y mujeres ocupados es relativamente similar, en la capital mexicana la distancia entre estos colectivos es sensiblemente mayor, sobre todo a medida que aumenta la edad; esto ocurre en parte porque casi la mitad de las mujeres defeñas, de los dos grupos etarios, se encuentran inactivas. Quizá por ello no es extraño encontrar en la capital argentina jóvenes que compaginen estudios y trabajo, o bien que sólo estudien o sólo trabajen. En cambio en el Distrito Federal el colectivo más numeroso es el que se dedica únicamente al trabajo, y a medida que aumenta la edad alcanzan notoriedad las mujeres que no estudian ni trabajan, las cuales es probable que se ajusten a roles más tradicionales y estén dedicadas a las actividades domésticas, de cuidados familiares y a la crianza de los hijos.

Estos resultados sugieren que, respecto de los porteños, los jóvenes en el Distrito Federal están envueltos en tramas de mayor desigualdad de género, en tanto que las jóvenes mexicanas presentan menores niveles de escolaridad que los varones y se encuentran en su mayoría en posiciones "dependientes" o son "cónyuges" en los hogares, y sólo un reducido grupo se encuentra presente en el mercado laboral.

Salir de la escuela y comenzar a trabajar en Buenos Aires y el Distrito Federal

El Cuadro 2 muestra el calendario de salida de la escuela de los jóvenes en la Ciudad de Buenos Aires y en el Distrito Federal, de acuerdo con el sexo y el grupo de edad. Con base en los cuantiles, se observa que en la capital mexicana los jóvenes de los dos grupos de edad salen de la escuela a edades más tempranas que los de la capital argentina. Esto está relacionado con los mayores niveles educativos en la Ciudad de Buenos Aires que se describieron en la sección anterior. También es importante mencionar que las mujeres defeñas tienen un calendario más temprano de salida de la escuela, a diferencia de las porteñas, que permanecen más tiempo en el sistema escolar; ello suscita una inquietud respecto a si existen diferencias en los motivos por los que unas y otras dejan la escuela (aspecto que se analizará más adelante).

Cuadro 2.

Calendario de la salida de la escuela de los jóvenes de la Ciudad de Buenos Aires y del Distrito Federal, 2010


TFN2* Las estimaciones del grupo 20 a 24 años podrían estar afectadas por el alto número de casos truncados.

TFN3Fuente: Elaboración propia con datos de la EAH y la ENJ. Hombres y mujeres de 20 a 29 años de edad.


Las medidas parciales de intensidad confirman lo antes expuesto ya que, por un lado, en general se observa un calendario más temprano en la salida de la escuela en el Distrito Federal; por otro, es notable la diferencia entre los sexos, con un comportamiento inverso entre jurisdicciones: en la capital argentina las mujeres dejan la escuela más tarde que los varones, mientras que entre los jóvenes defeños ocurre lo contrario. Así, entre los porteños del grupo de edad 20-24 casi 38% salieron de la escuela a los 20 años, frente a 29% de las mujeres. En contraposición, a la misma edad en la capital mexicana 51% de las mujeres y 34% de los varones ya habían salido de la escuela. Para el grupo de edad 25-29 los valores en la Ciudad de Buenos Aires son similares, y en el Distrito Federal, por el contrario, las proporciones se incrementan. Otro aspecto digno de mención es que a la edad de 20 años casi no se perciben diferencias en el calendario de salida de la escuela en las dos ciudades; mientras que entre los varones de 25 a 29 años es posible observar una proporción mayor de varones en el Distrito Federal que dejan la escuela más tempranamente que sus pares porteños, lo que es consistente con lo descrito anteriormente en relación con la mayor escolaridad de los jóvenes varones argentinos.

En el Cuadro 3 se exponen los principales motivos por los que dejan la escuela los jóvenes de cada demarcación. En ambas capitales las razones de índole económica tienen un gran peso entre los hombres y las mujeres de los dos grupos de edad. No obstante, en comparación con las y los jóvenes porteños, en el Distrito Federal son más las mujeres y los hombres que declaran abandonar los estudios por motivos económicos, aunque también es cierto que en ambas ciudades son más los varones que abandonan la escuela por dicha razón. Quizás este comportamiento puede explicarse, por un lado, por el contexto económico menos favorable para los jóvenes mexicanos; por otro, la diferencia entre sexos en las dos jurisdicciones puede deberse a que ante los problemas económicos, son los varones los que dejan de estudiar para convertirse en una fuente de ingresos para el hogar, o bien, no dejan la escuela y la combinan con el trabajo.

Cuadro 3.

Distribución porcentual de los motivos de la salida de la escuela de los jóvenes de la Ciudad de Buenos Aires y del Distrito Federal, 2010


TFN4Fuente: Elaboración propia con datos de la EAH y la ENJ. Hombres y mujeres de 20 a 29 años de edad.


Asimismo, es importante resaltar que en el caso de las mujeres de la Ciudad de Buenos Aires el principal motivo por el que dejan la escuela tiene que ver con la finalización de los estudios. Este fenómeno, aunado al hecho de que en esta demarcación es menor la proporción de quienes salieron de la escuela, es consistente con el mayor nivel educativo en la capital argentina, en particular de sus mujeres respecto a las del Distrito Federal. Por último, es de destacar que en las dos ciudades también una buena proporción de mujeres deja la escuela por cuestiones familiares, referidas principalmente a la unión conyugal o a la maternidad, siendo este factor de mayor preponderancia en el caso de las residentes en el Distrito Federal, sobre todo para las del grupo 25-29 años. Esto sugiere una secuencia de eventos asociados con el tránsito a la vida adulta "más tradicional" en el caso de las jóvenes mexicanas, en tanto que estas salidas del sistema educativo se vinculan con la asunción de algunos roles familiares.

Hasta ahora se ha dicho que buena parte de los jóvenes argumentan motivos económicos como su razón principal para dejar la escuela. En este sentido, el Cuadro 4 muestra la edad media y mediana a la que abandonan la escuela quienes lo hacen por razones económicas. Es interesante que en ambas ciudades capitales los jóvenes que salen de la escuela por motivos económicos lo hagan en edades más tempranas que el resto (Cuadros 3 y 4). También la brecha entre los sexos se reduce bastante si sólo se considera a quienes abandonaron la escuela por razones económicas, en particular entre las y los jóvenes de Buenos Aires. No obstante, el calendario diferenciado por sexo permanece en ambas jurisdicciones, de modo que las mujeres defeñas siguen saliendo de la escuela antes que los varones, mientras que en la Ciudad de Buenos Aires ocurre lo contrario. Así, para el grupo de las más jóvenes, tres cuartos de las porteñas habían salido de la escuela por motivos económicos a los 20 años, frente a casi nueve de cada diez de las defeñas, y esta distancia aumenta entre las que tienen entre 25 y 29 años de edad. Por último, otro aspecto a destacar es que entre los varones más jóvenes que salen de la escuela a los 20 años de edad es posible observar una mayor proporción de porteños, en comparación con los defeños.

Cuadro 4.

Calendario de la salida de la escuela por motivos económicos de los jóvenes de la Ciudad de Buenos Aires y del Distrito Federal, 2010


a.

TFN5 Motivos económicos: incluye por trabajo y/o costos tales como cuota de escuela, transporte a escuela, etcétera.

TFN6Fuente: Elaboración propia con datos de la EAH y la ENJ. Hombres y mujeres de 20 a 29 años de edad.


Ahora bien, dado que efectivamente los motivos económicos inciden sobre el calendario de salida de la escolarización formal, a continuación se analiza el calendario de entrada al mercado de trabajo (Cuadro 5). Lo primero a destacar es que la temporalidad de este evento es un tanto disímil entre las dos ciudades capitales. En general se muestra que las y los jóvenes defeños comienzan a trabajar antes que sus pares porteños, y teniendo en cuenta que en general también son ellos y ellas quienes salen más temprano de la escolarización formal, se puede confirmar la estrecha relación entre las transiciones escuela y trabajo.

Cuadro 5.

Calendario del comienzo de la vida laboral de los jóvenes de la Ciudad de Buenos Aires y del Distrito Federal, 2010


TFN7* Las estimaciones del grupo 20 a 24 años podrían estar afectadas por el alto número de casos truncados.

TFN8Fuente: Elaboración propia con datos de la EAH y la ENJ. Hombres y mujeres de 20 a 29 años de edad.


Por otra parte, las diferencias en el calendario del primer empleo son aún mayores entre ciudades cuando sólo se observan las edades de las mujeres en este evento. La edad mediana al primer trabajo de las jóvenes de entre 20 y 24 años en la capital argentina es 2.4 años mayor que en la mexicana (18.3 años). En el siguiente grupo etario la diferencia disminuye ligeramente aunque continúa siendo amplia: la mitad de las jóvenes porteñas comenzaron a trabajar antes de los 20.6 años, mientras que las defeñas lo hicieron antes de los 18.7 años. Esta diferencia cobra sentido si se tiene en cuenta que las jóvenes de la capital argentina permanecen más tiempo en el sistema escolar.

Por el contrario, entre los hombres el calendario de la entrada a trabajar es muy parecido para los del grupo de edad 25-29 de las dos ciudades capitales. En la Ciudad de Buenos Aires la mitad de los hombres comenzó a trabajar a los 18.9 años o antes, mientras que la misma proporción de defeños lo hizo a los 18.6 años. Ahora bien, al recordar que para este mismo grupo de edad se describió una salida de la escuela más tardía de los porteños, esta relativa igualdad en el calendario laboral puede explicarse por el hecho de que entre los jóvenes argentinos es más frecuente compaginar los estudios con el trabajo.

No obstante, la brecha se amplía considerablemente entre los hombres más jóvenes. En el Distrito Federal uno de cada dos jóvenes de entre 20 y 24 años de edad empezó a trabajar antes de los 17.5 años, en tanto que en la Ciudad de Buenos Aires esto ocurre antes de los 19.8 años; esto es, la mitad de los jóvenes defeños comienzan a trabajar 2.3 años antes que sus pares argentinos. De hecho, a los 20 años de edad 82% de estos jóvenes defeños ya había comenzado a trabajar, mientras que para los porteños esta proporción sólo es de 65%. Esto es consistente con el mayor nivel de escolaridad de los varones de la Ciudad de Buenos Aires frente a los defeños.

Consideraciones finales

Conforme a lo expuesto, se puede plantear que existen importantes diferencias respecto al calendario de la salida de la escuela y del comienzo de la vida laboral en las dos ciudades capitales, las cuales sugieren, por una parte, la estrecha relación que existe entre estos dos eventos, y por otra, las tendencias señaladas por Solís y otros (2008). En la Ciudad de Buenos Aires, por ejemplo, se observa en términos generales un calendario más tardío en ambos eventos. Los jóvenes de esta demarcación logran una estadía más prolongada, respecto de los mexicanos, en el sistema escolar, lo cual posiblemente favorezca entradas más tardías al mercado laboral. También se advierten diferencias sustantivas entre los sexos: en los dos grupos de edad las mujeres de la capital argentina dejan la escuela más tarde que los varones, mientras que en el Distrito Federal ocurre lo contrario.

Entre los aportes de esta investigación se encuentra el poder analizar los motivos por los cuales los y las jóvenes salen del sistema escolar; entre éstos los económicos ocupan un lugar preponderante en las dos ciudades y entre los dos sexos. Es importante destacar que son más los jóvenes defeños que declaran salir del sistema escolar formal por tal razón, además de que en ambas ciudades son los varones quienes argumentan más frecuentemente cuestiones económicas para dejar la escuela. Esto último puede estar asociado con la tendencia a que sean ellos quienes frente a las dificultades dejen la escuela para incursionar en el mercado laboral y así ayudar a solventar las necesidades del hogar. Otro elemento distintivo de este trabajo es que la información sobre dichos motivos nos permitió obtener el calendario de abandono de la escuela por razones económicas. En las dos ciudades capitales se observó que cuando se abandona la escuela por tales razones, el periodo de estancia en el sistema escolar es más corto y hasta cierto punto menos disímil entre hombres y mujeres, sobre todo entre los porteños.

Igualmente, es importante señalar que en el caso de las mujeres de la Ciudad de Buenos Aires el principal motivo para dejar la escuela tiene que ver con la finalización de los estudios. Este fenómeno, aunado al hecho de que también en esta demarcación la proporción de mujeres que salieron de la escuela es menor, se asocia con el mayor nivel educativo de las jóvenes en la capital argentina respecto a sus pares del Distrito Federal. En este sentido cabe mencionar que la expansión de la matrícula en niveles de secundaria en Argentina ha sido muy importante desde mediados del siglo XX hasta la actualidad, en particular para las mujeres. Así, mientras entre los varones de 13 a 17 años los matriculados pasaron de 24 a 39% entre 1960 y 1980, las mujeres lo hicieron de 25 a 44% (Wainerman y Geldstein, 1996). En México un esfuerzo semejante se gestó también a mediados del siglo pasado y continuó durante las siguientes décadas. No obstante, como ya se expuso, una particularidad del sistema escolar mexicano, a diferencia del argentino, es que entre la educación primaria y la profesional existen dos niveles educativos (secundaria y bachillerato), y hasta principios de 2012 sólo la educación básica (primaria y secundaria) era obligatoria. Por el contrario, en Argentina la obligatoriedad del nivel secundario data del año 2006, y en particular la Ciudad de Buenos Aires obtuvo esta sanción previamente, en 2002. Además, los jóvenes mexicanos que concluyen la educación secundaria lo hacen, por lo general, a los 15 años de edad, lo cual es un año superior a la edad mínima para trabajar. Así, es posible suponer que la suma de todos estos factores institucionales favorece una salida temprana del sistema escolar de los jóvenes mexicanos.

Otro aporte consistió en analizar el momento en el que los jóvenes comienzan a trabajar, encontrándose diferencias entre los sexos y los grupos de edad. Entre los más jóvenes, las mujeres iniciaron su vida laboral más tarde que los varones en las dos ciudades, y entre los de más edad, el calendario del primer trabajo es más parecido entre ellos y ellas. Asimismo, la condición de actividad difiere entre los sexos y entre las ciudades capitales; por ejemplo, la desocupación afecta en mayor proporción a los más jóvenes, sobre todo a los porteños. También, mientras en Buenos Aires el porcentaje de hombres y mujeres ocupados es relativamente similar, en la capital mexicana la distancia entre éstos es sensiblemente mayor, sobre todo conforme aumenta la edad. Esto último es consistente con lo que reportan otras investigaciones (Solís y otros, 2008) y cobra sentido si se toma en cuenta que durante toda la década pasada las tasas de participación femenina en el Distrito Federal siempre fueron más bajas. En cambio, lo que se advierte en la Ciudad de Buenos Aires puede relacionarse a la ya mencionada expansión de la educación femenina y, como reportan algunos autores, si bien junto a otros factores, ésta podría estar generando un efecto importante en el incremento de la fuerza laboral de las mujeres (Cerrutti, 2000; Wainerman, 2007).

Con respecto a la combinación escuela y trabajo, los hallazgos de este análisis coinciden con lo encontrado por Solís y otros (2008), pues no es extraño encontrar en la capital argentina jóvenes que compaginen estudios y trabajo, o bien que sólo estudien o sólo trabajen. En el Distrito Federal, en cambio, el colectivo más numeroso es el que se dedica únicamente al trabajo, y a medida que aumenta la edad alcanza notoriedad el de las mujeres que no estudian ni trabajan, las cuales probablemente se dedican, entre otras actividades, a las labores domésticas, los cuidados familiares y la crianza de los hijos.

Por último, otro elemento a destacar de nuestro trabajo es que se examinó la relación de parentesco de los jóvenes respecto al jefe o jefa de hogar, teniendo en cuenta que las posibilidades de salir del hogar familiar -otra de las transiciones fundamentales hacia la vida adulta- suelen estar asociadas al grado de independencia económica alcanzado. Entre los 20 y los 29 años de edad buena parte de los jóvenes de Buenos Aires y del Distrito Federal experimentan un cambio en la posición en el hogar respecto de quien detenta su jefatura. Los más jóvenes serán ante todo dependientes y un buen número de los mayores se convertirá en el jefe o la jefa del hogar o en su cónyuge. No obstante, en la capital argentina, respecto de la mexicana, es posible encontrar una mayor proporción de mujeres que dirigen algún hogar, y de hombres jóvenes que se declaran cónyuges de la jefa. Esto último cobra mayor sentido si se toma en cuenta la importante proporción de estas jóvenes que participan activamente en el mercado de trabajo.

De este modo, coincidimos con Solís y otros (2008), quienes plantearon como hipótesis que además de los factores vinculados con el origen social, los diferenciales entre ambas ciudades en los calendarios de los y las jóvenes respecto a las transiciones escuela y trabajo encuentran también explicación a partir de las instituciones que gravitan en estos dos ámbitos, pues regulan el acceso al sistema educativo y al mercado de trabajo.

Sin desestimar el peso de estas condiciones, destacamos que otro elemento relevante para explicar las diferencias entre las transiciones escuela y trabajo en estas dos ciudades se vincula con el aspecto cultural-simbólico de las construcciones de las relaciones de género. Durante la exposición de los resultados señalamos que pareciera haber una relación un tanto menos desigual entre las y los jóvenes porteños, dado que buena parte de ellas se presentan como jefas del hogar, tienen mayores niveles de participación laboral que las defeñas, incluso en "edades casaderas", y no es extraño encontrarlas estudiando y trabajando al mismo tiempo. A esto se agrega que al contar con datos sobre los motivos de salida de la escuela, encontramos también que la principal razón por la que las porteñas dejan la escuela se relaciona con la finalización de la escolarización; por el contrario, las defeñas no sólo se ven afectadas por las dificultades económicas, en buena parte ellas abandonan la escuela porque forman una unión o se convierten en madres, esto es, dejan la escuela para asumir roles más tradicionales.

Por último, resulta significativo que a pesar de la importante mejora de los niveles educativos entre los jóvenes en las últimas décadas, a muchos de ellos los habrá de recibir un mercado laboral caracterizado por una amplia informalidad y una profunda inestabilidad. En el marco de la entrada al mercado de trabajo como transición a la vida adulta, como expone Cardenal de la Nuez (2006), se crea una importante paradoja que convierte la transición definitiva al mundo del trabajo en una meta social permanentemente postergada e inalcanzable para una parte de los jóvenes: mantiene al trabajo asalariado como la forma ideal de integración social, mientras que en los hechos el empleo es cada vez más inseguro y de peor calidad. Quedará para futuros análisis ahondar en esta paradoja indagando en las características que adopta en las dos demarcaciones el primer empleo juvenil.





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Notas al pie:

1.

fn1Estos espacios se refieren sólo a las entidades capitales, no a las áreas metropolitanas.

2.

fn2Todos los resultados incluidos en este estudio provienen de los datos ponderados.

3.

fn3En la técnica de tabla de vida, el cálculo de la probabilidad condicional de ocurrencia (q) de un evento durante cualquier lapso, dada la exposición al riesgo de la misma al inicio de dicho intervalo, se efectúa dividiendo el número de personas que experimenta el evento a la edad (t) por el número de personas que se mantiene sin experimentarlo a inicios de dicha edad menos la mitad de los casos truncados durante la edad de interés -al restar la mitad de los casos truncados implica asumir un hazard uniforme o linear durante dicho año o edad (Binstock, 2010).

4.

fn4En ambas jurisdicciones el jefe o la jefa del hogar es la persona reconocida como tal por los miembros del hogar.

5.

fn5Se refiere al máximo nivel de escolaridad alcanzado, independientemente de si se concluyó o no.

6.

fn6Estudios universitarios, terciarios, profesorados y tecnicaturas.

7.

fn7En el caso de México esto se refiere a contar con estudios de secundaria o bachillerato.

8.

fn8Este colectivo reúne a las estudiantes, a quienes se dedican a los quehaceres del hogar o a quienes tienen algún tipo de limitación.


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