Taller de reflexión: Enfoques teóricos y perspectivas metodológicas en los estudios de las familias y las movilidades*

Relatoría de Germán Guerra**Ivonne Szasz***

Investigador en Ciencias Médicas, Programa de Salud Global, Instituto Nacional de Salud Pública. Correo electrónico: <german.guerra@insp.mx>. Profesora investigadora del Centro de Estudios Demográficos, Urbanos y Ambientales de El Colegio de México. Correo electrónico: <iszasz@colmex.mx>.



Resumen:

El 11 de junio de 2010 en El Colegio de México se llevó a cabo el taller de reflexión Enfoques teóricos y perspectivas metodológicas en los estudios de las familias y las movilidades. Este taller, impulsado por el esfuerzo intelectual de varios investigadores e investigadoras adscritos a diversas instituciones académicas, tuvo como interés primordial la reflexión en torno a la migración -interna, internacional, urbana y rural-, la movilidad intraurbana y los arreglos familiares -composición, relaciones intergeneracionales, cambios de roles, redes de apoyo, arreglos para el cuidado de niños y ancianos, y relaciones de género.

En este documento se sintetizan las ponencias de los estudiosos e investigadores que colaboraron en el taller, y se resumen las discusiones que suscitaron dichas presentaciones entre los participantes del encuentro. Además de concentrar estas reflexiones teóricas, críticas y metodológicas, y mostrarlas al público interesado, esta relatoría tiene la finalidad de plantear la necesidad de constituir un grupo de reflexión teórico-metodológica que se encargue de profundizar en las relaciones entre familias y migración como campos de estudio interrelacionados.

Estudios demográficos y urbanos, 2018


Sesión introductoria

La primera sesión del seminario consistió en una presentación de André Quesnel, quien tomó la iniciativa de plantear la necesidad de formar un grupo de reflexión sobre el tema. El objetivo de su exposición fue delinear el cauce de la discusión, con base en el señalamiento de los enfoques teórico-metodológicos que aportan tanto los estudios de las familias como los de las migraciones y las movilidades al estudio de las articulaciones entre ambos campos. Quesnel realizó una reflexión en torno a varias preguntas de investigación, las cuales permitieron ordenar la discusión posterior.

Presentación

André Quesnel ubicó la problemática central del taller en la articulación de dos procesos sociales sujetos a constantes cambios: la familia y la movilidad. Hizo énfasis en que el avance de los estudios sobre la migración internacional permite repensar los arreglos familiares a la luz del enfoque sobre la familia transnacional. A su vez, los estudios de la familia han llegado a converger en que el tema migratorio es un aspecto fundamental para realizar una reflexión sobre la familia actual: algunas de las transformaciones de la familia mexicana son consecuencia de la movilidad internacional, interna e intraurbana. La movilidad interna en cualquiera de sus formas es tan importante, en volumen y efectos sobre las familias, como la migración internacional.

Para analizar las transformaciones en las familias mexicanas es conveniente partir de dos propuestas analíticas de la demografía: la temporalidad y la intensidad de los fenómenos. A partir de los años setenta ocurrió uno de los cambios estructurales que sufrió la población mexicana, y en consecuencia las familias en cuanto a su estructura por edad, composición de parentesco y estatus de sus miembros: de esa fecha y hasta comienzos del siglo xxi la población mexicana aumentó en 50 millones de habitantes. ¿Cómo se ubicó dicha población en cuanto a arreglos familiares? En la tercera fase de la transición demográfica el descenso de la mortalidad y de la fecundidad dio como resultado un aumento de sobrevivientes por generaciones,una mayor sobrevivencia de los padres y una ampliación del número de miembros sobrevivientes colaterales (hermanos y hermanas). De este modo se experimentó un aumento de la duración de la convivencia entre generaciones en una misma familia que, junto con el descenso de la fecundidad en las generaciones más jóvenes, permite pensar en que se modificó el estatus de los miembros de las familias como consecuencia de los cambios demográficos.

Por su parte, todas las formas de la movilidad -internacional, interna, intraurbana, etc.- no pueden entenderse como fenómenos aislados o excluyentes, sino como eventos que se yuxtaponen, asocian y articulan en diferentes ámbitos: regional, comunitario y local. Las familias pueden tener varios tipos de movilidad en distintas fases del ciclo de vida. En este contexto cabe mencionar que a nivel local la movilidad internacional es menos frecuente que la interna, pues sólo ciertas familias pueden realizar ese tipo de desplazamiento. Lo anterior apunta a que en las familias se realiza una operación selectiva de la movilidad, que indica quién se va y hacia dónde. Hay estudios sobre migrantes residentes en Estados Unidos que han identificado diferentes estatus de migración dentro de una misma familia, de modo tal que en una misma vivienda pueden habitar familiares con distintas condiciones migratorias (documentados e indocumentados, por ejemplo).

El ponente propuso regresar a los estudios iniciados en los años ochenta sobre familia y ciclo familiar. En estos tiempos es posible identificar una compleja modificación del ciclo de vida familiar, donde la salida o abandono del hogar paterno no es un evento de ocurrencia única, sino que se experimentan varias entradas y salidas; estos cambios han modificado la idea del nido vacío pues los retornos son constantes y pueden estar propiciados por las movilidades. Es importante reconstruir las ideas establecidas sobre los cambios en los roles parentales, las relaciones de pareja y de género y las relaciones intergeneracionales. En los contextos rurales se requiere también vincular el fenómeno de las movilidades con la territorialización de la familia y el manejo intergeneracional de la tenencia de la tierra.

En el aspecto metodológico Quesnel propuso combinar el análisis biográfico o de trayectorias con el análisis multinivel. Se intenta mostrar cómo se transforman los espacios en el transcurso de una vida a nivel individual; en otras palabras, se trata de evidenciar los cambios en los espacios de socialización de los individuos. Con esto en mente, se enfatiza en la necesidad de investigar los cambios territoriales de los espacios de socialización de las familias mexicanas propiciados por las movilidades, así como las modificaciones en los arreglos familiares que traen como consecuencia dichos desplazamientos.

En este sentido, la movilidad intraurbana tiene un peso muy importante en la desvinculación de los miembros de la familia, lo cual se aprecia, por mencionar un caso, en los desplazamientos cotidianos de los lugares de residencia a los de trabajo. De este modo los conceptos de densidad de duración de la convivencia dentro de la familia y los conceptos de núcleos residenciales (corresidentes en una misma vivienda) y núcleos de interacción (familiares que no corresiden, pero mantienen vínculos entre sí) alimentan la idea del archipiélago familiar. Esta idea alude a la dispersión de las interacciones familiares, ocasionada por la movilidad rural-urbana, y a la conformación de familias compuestas en otros núcleos familiares en las localidades urbanas, configurándose así otros tipos de arreglos distintos a los de la familia nuclear rural. Esta idea se contrapone a la de nuclearización de la familia, ya que sugiere una interacción entre las familias y el surgimiento de nuevas relaciones y arreglos familiares ocasionados por el fenómeno migratorio interno.

Por su parte, el diseño de las encuestas familiares recientes permite conocer la filiación de los miembros de un hogar y su estado migratorio, lo cual es un avance en las fuentes que se disponen para el análisis y la vinculación entre familias y migraciones.

El aporte teórico y analítico del enfoque de las familias transnacionales y su énfasis en el género y la migración ha propiciado el surgimiento y continuo desarrollo de investigaciones enfocadas en los miembros familiares que permanecen en el hogar durante una migración, dentro del contexto del aumento de la emigración masculina y las formas autónomas de desplazamiento de las mujeres que migran hacia Estados Unidos. A pesar de que este enfoque ha estado sometido a un constante debate, permite tener un acervo de conocimientos en los temas de prácticas familiares, construcciones de redes, procesos de individuación y empoderamiento, etc., que se dan tanto en Estados Unidos como en México.

En síntesis, el ponente consideró relevante que para vincular el tema de la movilidad con el de las familias es necesario tomar en cuenta el valor heurístico del estudio de las familias transnacionales en el impacto de la movilidad residencial, interna e internacional, de las familias mexicanas, así como retomar el estudio del ciclo de vida familiar y las trayectorias laborales y migratorias de los miembros de las familias en los lugares de origen. Estos desarrollos conceptuales y metodológicos son necesarios ante la complejidad de los cambios experimentados en el presente, y a corto y largo plazos.

Sesión sobre recomposiciones familiares y movilidades

Este primer eje de reflexión se abordó con las presentaciones hechas por María Eugenia D’Aubeterre, Cecilia Rabell y Gail Mummert, basadas en sus propias investigaciones sobre los temas de familia, migración y género.

Presentaciones

El trabajo de María Eugenia D’Aubeterre, “Migración mexicana a Estados Unidos y grupos domésticos en transformación: perspectivas teórico-metodológicas”, parte de la premisa que señala que la transformación de los grupos domésticos mexicanos acontece a partir de las movilidades que experimentan los individuos, las cuales son motivadas por valoraciones subjetivas e impulsadas a su vez por un sistema capitalista transnacional. En este sentido, las redes de migración obedecen a un esquema de mercado global. Por su parte, los hogares adaptan y reinventan estrategias de reproducción social y material en el interjuego de lo local y lo global.

Dentro del aspecto económico que enmarca estos nuevos flujos es relevante considerar la progresiva precarización del trabajo y la informalidad del mercado laboral en las llamadas zonas francas, así como la polarización del empleo en las ciudades globales que son centros de atracción de población migrante. En el ámbito político se presentan elementos que definen la situación del migrante como mano de obra sujeta a contenciones, legalizaciones y criminalizaciones. En el aspecto sociodemográfico se ha experimentado una caracterización muy variada de los migrantes, donde la edad, el género, la etnia y la clase han dado nuevos matices a la migración internacional. Asimismo han surgido nuevos patrones de circulación que posibilitan plantear la idea de corredores migratorios, a nivel regional, en ambos países. La sierra de Puebla es un ejemplo de dichos corredores.

La primera de las discusiones teóricas presentadas fue la de la globalización y la feminización del trabajo. Se acentuó el hecho de que el desmantelamiento de las formas de vida tradicional, manifestado en la feminización del trabajo en las ciudades globales, no necesariamente ha implicado una mejoría en las condiciones laborales de las mujeres; aunque es posible encontrar semejanzas entre la precarización del trabajo moderno y el trabajo femenino tradicional, la inserción laboral de las mujeres se reconfigura como un trabajo de reserva, vulnerable y de baja jerarquía. Es posible observar este proceso bajo dos ópticas teóricas: la economía política del trabajo extradoméstico femenino -que arroja luz sobre el tipo de ocupaciones que tienen las mujeres en las ciudades de destino, tales como el comercio informal, la maquila y el trabajo doméstico servil- y el trabajo doméstico dentro del hogar, tradicionalmente desempeñado por mujeres -que se refiere a actividades de cuidado de ancianos y niños-. Cabe señalar que estos marcos teóricos han sido empleados en la investigación con mujeres migrantes de la zona centro y norte de Puebla, de origen étnico nahua y amestizado, cuya ocupación principal en México es el trabajo como tejedoras de petate y en Estados Unidos se desempeñan como vendedoras de cruces que ellas también elaboran con materiales textiles.

El segundo concepto aludido fue el de la obsolescencia del paradigma del varón migrante, a raíz del aumento de la migración femenina. Se identifican tres modalidades: autónoma, dependiente y dependiente en transición. Cada una supone arreglos familiares particulares, además de que es posible transitar entre ellas a lo largo del curso de vida.

El tercer elemento teórico abordado fue la migración y las nuevas formas domésticas. A medida que se da una relocalización de las tramas comunitarias ocasionada por la migración, se modifican las relaciones tradicionales de reproducción de los hogares, lo que se manifiesta en nuevos arreglos de formación de pareja, paternidad, maternidad y vida marital, así como en nuevas formas de acceso desigual al capital social y simbólico, entre otros aspectos.

En el aspecto metodológico se enfatizó la implementación de la perspectiva longitudinal en las técnicas de obtención de información, tales como las entrevistas a profundidad, el análisis de transiciones ritualizadas en el ciclo cultural de vida y el acceso a los recursos materiales y simbólicos. Desde la perspectiva hermenéutica hay cabida a la interpretación de las experiencias con el fin de afinar o replantear las interpretaciones del etnógrafo, lo cual implica una autocrítica de la labor del observador y la reconstrucción de sus categorías preestablecidas.

A partir de los hallazgos sobre diversos tipos de formación de hogares en California (hombres solos, asociaciones de familias conyugales, formaciones domésticas compuestas o familias extensas y familias nucleares) se ha contribuido a la esquematización del llamado ciclo de vida familiar. Un ejemplo de ello es la reconstrucción de familias cuya descendencia modifica su condición migratoria a lo largo del tiempo, de modo que se pueden apreciar los tránsitos de condiciones migratorias por generaciones (paso generacional de ser nacido y residente en México a ser nacido y residente en Estados Unidos), dando lugar a combinaciones de condiciones migratorias.

Para finalizar D’Aubeterre presentó sus avances de investigación en el tema de mujeres en migración de retorno. Partiendo de su situación previa a la migración hasta la actual, intenta dilucidar hitos que informen sobre el contexto previo a la migración, las tramas familiares, sus experiencias como migrantes, la transformación del capital social adquirido, y la forma en que todo ello afecta a las formaciones y arreglos familiares a las que están adscritas.

En su ponencia, Cecilia Rabell presentó una propuesta metodológica en los estudios demográficos: partiendo de la familia como un sistema de reemplazo (de población) y transmisión (de capital social), propone establecerla como unidad de análisis en los estudios demográficos. Esto presenta retos formidables para la modelación de la familia sin que se atomicen las características de sus miembros o se recurra a la suma de los mismos. En otras palabras, la familia como ente teórico está escasamente elaborada en los estudios demográficos.

El ciclo vital familiar, como intento de modelar la familia, se encuentra desafiado ante la compleja realidad por la que actualmente atraviesan las familias; las separaciones y recomposiciones dan muestra de la alteración de este ciclo. Por su parte, los análisis de trayectorias y su supuesto fundamental -los eventos de vida- permiten establecer simultaneidad y causalidad entre los eventos, así como elaborar historias familiares de los individuos, sin que ello implique la reconstrucción de historias de las familias. El problema es que el tratamiento de la familia como la suma de experiencias de sus miembros no permite consolidar a la familia como unidad de análisis.

Es necesario considerar a la familia no sólo en los ámbitos conyugal, de parentesco y residencial, sino también en el relativo a los vínculos externos que se establecen con redes externas, como los amigos, y observar cómo influyen en la familia migrante. Otro aspecto central es captar por medio de encuestas la información sobre las generaciones de padres, tíos y abuelos de los encuestados, de manera que se puedan analizar las formas de transmisión intergeneracionales. Por ello se entiende, desde luego, la transmisión de bienes económicos, pero también la transferencia de bienes simbólicos que coadyuvan a explicar la constitución de las generaciones más recientes, como el bajo número de hijos (cuatro o menos) de las generaciones unidas entre 1965 y 1975, asociado al hecho de que tuvieron pocos hermanos. Esta transmisión de prácticas, como la “baja” fecundidad, puede estar alterada también por la migración, por lo que se plantea el reto de agregarla como variable explicativa.

Finalmente, en el estudio de la articulación entre las movilidades y la familia es importante no olvidar el análisis comparativo. Aunque la antropología tiene ciertos avances al respecto mediante técnicas propias (entrevistas en profundidad, genealogías, etc.), le corresponde a la demografía formal asumir el reto de cuantificar y sugerir generalizaciones sobre fenómenos tales como los cambios de roles entre los miembros de la familia, la desterritorialización de los hogares familiares, etc., mediante la comparación entre familias típicamente migrantes y otras que no lo son, considerando siempre la dimensión temporal (un antes y un después).

La presentación de Gail Mummert, “Un recorrido personal por las familias y las movilidades”, enfatizó la parte introspectiva del investigador de la migración y recuperó, por cortes temporales, el contenido de los estudios que la investigadora ha realizado en torno a la migración.

En el primero de estos cortes (1985-1989) resalta la importancia del enfoque de género para la comprensión de los cambios en los roles genéricos a partir de la experiencia de la mujer como migrante o como pareja del migrante. Los hallazgos apuntan a que dichas modificaciones fueron iniciadas por estas mujeres ante la persistencia de los varones en continuar con roles tradicionales.

La segunda etapa (1990-1995), denominada por la investigadora como “dilemas familiares en contextos migratorios”, refiere a la toma de decisiones del grupo familiar en el ciclo de vida (noviazgo - formación de pareja - procreación - crianza - disolución de pareja). Se pone especial atención en cómo las familias migrantes están expuestas a oportunidades y exigencias que repercuten en la redefinición de nociones como el hogar y sus características, como por ejemplo, la “transportabilidad” del mismo.

La tercera fase (1996-2000) se centra en la importancia de los enfoques del transnacionalismo, que puede entenderse como producto de la globalización y como prácticas transnacionales a nivel individual, de los migrantes y transmigrantes, que afectan al resto del grupo familiar. Ciertos hallazgos apuntan al hecho de que aunque los migrantes viven subyugados a dos estados naciones, pueden encontrar mecanismos para superar los controles impuestos por ambos.

El siguiente periodo (2001-2005) estuvo caracterizado por el tratamiento del tema de la maternidad transnacional, aunque también se consideró el tema de la paternidad, que estaba escasamente estudiado. Se analizaron los juicios de valor negativos que se hacen sobre los padres ausentes y el bienestar de los hijos que permanecen en el país de origen, con la intención de reivindicar la importancia de la familia transnacional en los contextos actuales.

La última fase (2006-2010) se ha enfocado en las cadenas globales de cuidado de niños y personas de la tercera edad en las familias migrantes. Estas investigaciones han llevado a plantear el posible resquebrajamiento del contrato social intergeneracional en contextos migratorios en los tiempos del sistema neoliberal. La familia transnacional es un fenómeno cada vez más generalizado y su documentación se ha expandido a partir del aumento de los flujos migratorios en las décadas recientes. Esto ha llevado a plantear la posible comparación de cadenas globales de cuidado entre los distintos continentes. Del mismo modo, la familia transnacional ha permitido observar a ciertos grupos residentes en las comunidades migrantes bajo una perspectiva de vulnerabilidad: niños, personas de tercera y cuarta edad, y mujeres y niños abandonados por sus parejas y padres.

En este recorrido cronológico se aprecian los cambios en el estudio del actor social en migración: el jefe de hogar, la mujer migrante, el cónyuge, los hijos y los otros familiares de migrantes. Finalmente la propuesta se centra en el aprovechamiento del cúmulo de conocimientos adquiridos a partir de los estudios de género para la comprensión más integrada de las familias y la migración.

Resulta indispensable cuestionar la ideología que respalda el contrato social intergeneracional y el sistema moderno de pensiones en los tiempos neoliberales y en contextos migratorios, cuyo fundamento descansa en una división genérica del cuidado de los ancianos y los niños, y reflexionar en el cambio en los flujos de atención fincados bajo una perspectiva afectiva (sentimientos de conexión). Así, es posible comprender otros tipos de flujos de cuidado (ancianos a adultos o discapacitados; niños a ancianos, etc.) que se perderían de vista bajo la perspectiva filial, previamente mencionada.

Discusión

Después de las presentaciones, el debate se enriqueció con una constelación de fenómenos discutidos y sugeridos en torno a los cambios que producen las movilidades en las recomposiciones familiares, lo que es necesario incorporar en las discusiones futuras.

Uno de los temas que desató mayor discusión fue el de la competencia teórica de la familia transnacional, sobre todo la pertinencia de dicho marco en los casos en que las movilidades no son entre naciones, pero se aceptó su aporte en cuanto a que toda forma de movilidad implica una disrupción en las relaciones y arreglos familiares.

En cuanto al aspecto metodológico, fue constante el debate sobre el desafío que representa para la sociodemografía poder abordar situaciones tan complejas como la unión o sostenimiento de relaciones familiares más allá de los deberes filiales dentro de las familias migrantes. En otras palabras, ¿cómo es posible analizar desde las técnicas demográficas los elementos menos tangibles que hacen que una unidad doméstica se reproduzca y permanezca unida? Una de las posibles respuestas se encuentra en la idea de la sangre, que puede empatarse con la noción de etnia, y que alude a una suerte de parentesco que dota de sentido y pertenencia al migrante.

Respecto al tema del resquebrajamiento del contrato social intergeneracional, se apuntó también el papel de las reformas a las pensiones, así como la implementación de nuevos esquemas de seguridad social (como el Seguro Popular, en el caso de México), toda vez que en estas modalidades se ha optado por la individualización (en el caso de las pensiones) y la exclusión de ciertos miembros de la familia entre los beneficiarios (en el caso del Seguro Popular). Del mismo modo, el papel del discurso gubernamental -que ha persistido en reproducir la idea de la gran familia mexicana que comparte un techo y una olla- tiene un peso específico en el diseño de políticas públicas en México y es de esperar que las de migración no escapen a este discurso, muy a pesar de que las movilidades han venido modificando esa realidad familiar. Así, es posible problematizar en torno a políticas de conciliación entre familia, trabajo y migración, cuando la última trasciende los alcances de las políticas sociales. En otras palabras, ¿de qué modo las migraciones transforman los mecanismos de reproducción familiar en ausencia de políticas sociales que coadyuven a la satisfacción de necesidades como cuidado y alimentación? Se mencionaron algunos intentos del gobierno mexicano para satisfacer ciertos derechos para las comunidades de residentes mexicanos en Estados Unidos, como salud y educación, lo cual pone de relieve la complejidad y los desafíos que las migraciones representan para el Estado mexicano.

En un tono crítico se hizo una llamada de atención sobre la perspectiva que concibe a la familia como un ideal encumbrado y único. Es importante no dejar de lado las diversidades ni las rupturas ocasionadas por el conflicto, y cómo a pesar de las mismas existen familias que permanecen unidas y en conflicto.

Una reflexión recurrente fue la de la corresidencia. El lugar donde se comparte el tiempo y las interacciones que se suscitan en estos espacios es fundamental, ya que se entreteje una complejidad de relaciones que puede dar luz sobre la unidad y continuidad de arreglos familiares intervenidos por las movilidades. Del mismo modo, el tema de los flujos intergeneracionales -en particular los que corresponden a la herencia de los bienes materiales como la tenencia de la tierra- da luz sobre los cambios que son consecuencia de las migraciones internacionales de las generaciones más jóvenes.

A raíz de la diversidad de aristas, cambios y complejidades que involucran a las familias migrantes, cabe preguntarse cuáles serán los límites que establecerá la redefinición de la familia como unidad de análisis adecuada, dada su complejidad inherente. Esta preocupación se sustenta en el hecho de que una definición muy amplia (familia extensa y amigos, por ejemplo) haría que se perdiera la capacidad de comparación entre las familias migrantes con las familias no migrantes que se relacionan con la primera, debido a que están en un mismo conjunto de relaciones; de este modo sería muy complicado determinar el impacto de la familia migrante sobre la no migrante, ya que sería posible suponer que ambas están implicadas en sus decisiones.

Finalmente se recomendó tomar en cuenta la dimensión espacial de las movilidades y las recomposiciones territoriales y sus efectos en las familias.

Sesión sobre movilidades laborales y familias

Este segundo segmento temático, expuesto por Cecilia Menjívar y Patricia Arias, se centró en el vínculo de los mercados de trabajo y las movilidades.

Presentaciones

Cecilia Menjívar contextualizó su trabajo con su experiencia como investigadora de los flujos de inmigrantes provenientes de Centroamérica y el Caribe en Estados Unidos, en particular en el estado de Arizona. Resaltó la influencia de los contextos macro en la dinámica micro de la migración, y enfatizó los cambios que produce dicha influencia en las redes sociales de los migrantes y en el aspecto legal de sus circunstancias.

Uno de los aspectos más importantes de los procesos migratorios es su capacidad de hacer más evidentes, en comparación con otros procesos, los cambios de roles dentro de los miembros de las familias (de género, de relaciones intergeneracionales, etc.). En términos de Robert Merton, los procesos migratorios componen un strategic research site que permite una visión muy clara de los cambios sociales de mayor amplitud.

El contexto legal, como entorno macro de la migración, moldea muchos aspectos de la vida del migrante. En particular, es necesario analizar las leyes que conforman dicho contexto partiendo de una idea individualista de los procesos migratorios, que dista de la complejidad de las redes migratorias basadas con mucha frecuencia en vínculos familiares. Una consecuencia y propósito de este proceso legal es la estratificación social de los migrantes de llegada.

Diversas leyes estatales en Estados Unidos representan un cúmulo de iniciativas no necesariamente constitucionales para incidir en la situación legal de los migrantes indocumentados, tal es el caso de la propuesta en Arizona. La compleja relación entre el sistema legal estadounidense en sí (varias “capas” de leyes: estatales, locales, federales) y la situación del migrante se manifiesta en la incidencia de lo legal en lo familiar. Un caso ilustrativo al respecto lo representan las separaciones familiares indefinidas, pues en un ambiente de incertidumbre, las personas tienen que seguir transitando en el ciclo vital familiar; esto es común para los migrantes centroamericanos, y cada vez más entre los mexicanos, ya que las leyes de reunificación familiar son muy restrictivas.

Ante esta situación es necesario reflexionar sobre las resignificaciones que los miembros de las familias migrantes dan a la pertenencia a un núcleo familiar, de acuerdo con las etapas del ciclo en las que se encuentran (padres, hijos, abuelos) y las relaciones que van modificando, tal como sucede con muchos guatemaltecos, hondureños y salvadoreños residentes en Estados Unidos.

La exposición de Patricia Arias giró en torno a cuatro temas. El primero de ellos, la migración rural caracterizada por la tendencia a dejar de ser circular, indica que los mercados de trabajo están cada vez más alejados de las comunidades de origen. Estos mercados se han precarizado gradualmente debido a la desaceleración de las industrias de la construcción y del turismo, lo que a su vez inhibe el retorno de los trabajadores; asimismo, la violencia generalizada y el narcotráfico han impactado de manera negativa el trabajo en el campo.

Anteriormente el retorno era parte de la estrategia de la migración, pero ahora el patrón de circularidad, que existía hace veinte años, ha ido desapareciendo progresivamente, pues los migrantes internacionales tienden a permanecer en las comunidades de destino.

En el debate sobre la migración mexicana es necesario hacer énfasis en la alarmante situación de la emigración rural y el despoblamiento del campo. Asimismo, hay que centrarse en el tema de la socialización de las nuevas generaciones mexicanas (o migrantes) residentes en Estados Unidos, en la frontera o en otras ciudades: las llamadasgeneración uno y medioen términos de Portes.

El segundo tema se refiere al grupo doméstico como unidad de trabajo. El supuesto antropológico del grupo doméstico como unidad de producción y consumo -basada en el trabajo local en actividades de agricultura, que a su vez jerarquiza a los miembros de las familias según género y edad-, ha dejado de ser central para dar paso al trabajo asalariado que se busca fuera de la comunidad rural. Esto ha traído como consecuencia la modificación de los derechos y obligaciones de los integrantes de los grupos domésticos, en particular los de mujeres y jóvenes que trabajan. En este contexto, el proveedor de bienes monetarios ha reemplazado al proveedor de bienes de consumo procedentes de la actividad agrícola.

El tercer tema es el relativo a la decisión de migrar como resultado de una estrategia colectiva del grupo doméstico con fines económicos, lo cual debe cuestionarse. En este sentido cabe señalar que las mujeres son quienes tienen más reducidos sus derechos dentro de los grupos domésticos rurales. El caso de las mujeres que inmigraron hace cuarenta años a la Ciudad de México y se desempeñaron como empleadas domésticas muestra que en su retorno a las comunidades de origen no lograron ampliar sus derechos ni mejoraron sus condiciones económicas; esto da indicios de que en ellas la decisión de migrar no responde exclusivamente a un cálculo económico, sino también a las desigualdades de género y a la búsqueda de obtener derechos como el trabajo, el salario, la herencia, el cambio de la residencia patrivirilocal postmatrimonial, la posibilidad de vivir solas (sin el control moral que se ejerce contra las mujeres solas) o con su pareja, e incluso la ruptura del esquema del proveedor masculino.

El cuarto eje de reflexión se refiere a la solidaridad dentro de los grupos domésticos rurales. En la actualidad los principios solidarios han sido minados por profundos cambios sociales, lo cual se manifiesta, entre muchas otras situaciones, en la monetarización de la solidaridad.

Por otra parte, la jerarquización persiste por mecanismos muy coercitivos que fuerzan la colaboración, como por ejemplo el condicionamiento a los derechos de propiedad de inmuebles por el envío de remesas. Tales mecanismos son aplicados sobre todo hacia las mujeres que se van y se quedan allá. Esto podría sustentar la idea de Portes sobre las ocasiones en que el capital social positivo se torna negativo. Se ha observado que las mujeres migrantes en Estados Unidos han pasado por un proceso de inserción como escape a la presión y los controles ejercidos desde sus comunidades de origen, sobre todo las que tienen y crían hijos, lo que permite prever una tendencia a la mayor inserción laboral femenina en ciudades estadounidenses como estrategia de escape al control social.

Otra de las razones por la que la circularidad ha perdido presencia en las dinámicas migratorias rurales es que se percibe una disminución del sentido de pertenencia comunitaria entre algunos jóvenes que ya no encuentran significación en el retorno a la comunidad de origen y al sistema de cargos de sus padres.

Discusión

Uno de los temas debatidos fue el de la postura gubernamental ante las poblaciones migrantes; se reconoció que hay una preocupación creciente en el gobierno mexicano por la atención de las poblaciones residentes en Estados Unidos, en particular por las generaciones más recientes, dada la desvinculación cultural con sus comunidades de origen.

Se propuso matizar el tema de los controles sociales impuestos desde las comunidades de origen en función de la antigüedad de la migración. En este sentido, la migración indígena, más reciente, se puede diferenciar de la rural en zonas tradicionalmente migratorias como Zacatecas. Bajo la misma lógica, la migración femenina no necesariamente implica una emancipación cuando también interviene el factor étnico.

Se suscitó el tema de la resignificación de la tierra por parte de las generaciones más jóvenes como un espacio georreferenciado del trabajo. Es preciso indagar cómo ha cambiado la idea de la tierra y su propiedad para quienes han socializado de un modo distinto el trabajo y las relaciones de producción, así como las consecuencias de estos cambios en los sistemas de cargos en función del tipo de grupo doméstico (urbano, rural, indígena o yuxtapuesto) y el tipo de flujo migratorio (jornalero, itinerante, etc.). Se mencionó que la ley de 1992 -que obligó a los campesinos propietarios a asignar herederos de la tierra-, aunada al proceso de urbanización de las tierras ejidales, repercutió en la ruptura de los mecanismos tradicionales de propiedad y trabajo del campo; este hecho es fundamental para explicar la disminución del retorno de los hermanos que no heredarán la tierra.

Se mencionó que en el ámbito cultural lo que más perdura en las nuevas comunidades migratorias son las fiestas, que son muy importantes porque tienen la función de reforzar los parentescos rituales. A consecuencia de ello es posible observar que las nuevas regiones migratorias gradualmente se van pareciendo a las antiguas, sólo que en un periodo más corto y en un contexto más conflictivo pues las comunidades indígenas tienden a controlar de manera más rígida a los individuos.

Se expuso que hay una relación compleja entre el afecto y la solidaridad, y el modo en que se transforman como consecuencia de las movilidades, por lo que entre los investigadores se suscitan dudas sobre los cambios en las relaciones de afecto en las comunidades de llegada, así como sobre las subjetividades que intervienen cuando los migrantes piensan en su familia, lo que repercute en su conceptualización. Existe interés por investigar si la intensidad del afecto es bidireccional, entendiendo por esto que la magnitud del cariño es recíproca entre los que migran hacia los que se quedan y viceversa.

Al abundar sobre el tema del retorno se hizo mención al concepto de desafiliación de Robert Castel. Este proceso inicia con la salida de la persona y durante la estrategia familiar respecto al proyecto de migrar, y continúa con la conformación de espacios de socialización en los lugares de destino y en la constitución de conglomerados -archipiélagos- de comunidades migrantes socialmente cohesionadas y espacialmente delimitadas. Estos espacios de socialización se caracterizan por la ausencia, tanto para quienes migran como para quienes permanecen.

También es preciso considerar la yuxtaposición de los procesos migratorios. Un indicio de que la migración interna conforma un engranaje con la migración internacional es que los municipios que circundan las ciudades grandes crecen a un ritmo acelerado en comparación con el crecimiento de estas mismas ciudades; éstas se están despoblando a causa de la migración internacional, mientras que los municipios aledaños crecen debido a la migración interna que se acerca a la ciudad mayor.

Estas discusiones evidenciaron la necesidad de agudizar más las herramientas conceptuales para dar cuenta de los procesos referidos.

Sesión sobre las transformaciones de las familias

Este tercer bloque de presentaciones abordó el tema de las transformaciones familiares desde las teorías de la migración. Las ponentes fueron Marina Ariza, Silvia Giorguli y Liliana Rivera.

Presentaciones

Marina Ariza centró su presentación sobre el estudio teórico de la migración en tres partes fundamentales. La primera abarcó las perspectivas analíticas predominantes en el estudio previo de la migración, la segunda abundó en la centralidad de la visión transnacionalista en los estudios de las movilidades, y la tercera apuntó algunas sugerencias metodológicas en la reflexión sobre los estudios de migración y familia.

La sociodemografía mexicana ha experimentado un tránsito en su mirada analítica sobre el fenómeno migratorio al pasar de priorizar el vínculo familia-migración al vínculo migración-familia. Una entre muchas perspectivas ha optado por considerar a la familia como una instancia mediadora de procesos sociales, entre ellos la migración.

El énfasis en el vínculo familia-migración fue predominante en los años setenta y ochenta, y el fenómeno era considerado principalmente como una estrategia de sobrevivencia condicionada por el ciclo doméstico y mediada por la división sexual del trabajo en el hogar, que denota relaciones de género. El enfoque metodológico era principalmente microsocial, inscrito en el paradigma histórico-estructural donde hay un énfasis en la reproducción social, y cuyo supuesto principal es que la migración responde a una estrategia de las unidades domésticas para hacer frente a la adversidad económica en virtud de su papel mediador y de la organización sexual del trabajo. La obra más representativa de esta mirada analítica es, según Ariza, La migración por relevos y la reproducción social del campesinado, de Lourdes Arizpe (1980).

El vínculo migración-familia, explorado principalmente durante los años ochenta, centra su mirada en el efecto de las movilidades sobre la estructura y composición de los hogares. Un aspecto muy importante de esta perspectiva es el acervo de conocimientos que se generó sobre las modificaciones parentales, las relaciones de género, y sobre las mujeres y su empoderamiento dentro de los hogares -a raíz de la permanencia de las esposas en las comunidades de origen de los migrantes-. La metodología fue principalmente microsocial y la obra más representativa es Emigración masculina, ciclo doméstico y situación de las mujeres en San Miguel Acuexcomac, Puebla, de María Eugenia D’Aubeterre.

El análisis de la familia como mediadora de procesos sociales evitó establecer relaciones causales y observar cómo el vínculo entre movilidades y familia está inserto en otros procesos y estructuras sociales como el Estado, la economía, la política social, etc., haciendo el vínculo mucho más difuso. El nivel de análisis es meso y una perspectiva analítica central es el transnacionalismo.

La mirada transnacionalista prioriza el tema de la agencia sobre la estructura, donde las instituciones y los grupos gozan de centralidad en la explicación de los cambios y las dinámicas de las movilidades. Las redes, las comunidades migratorias, las relaciones intergeneracionales, las relaciones sociales asimétricas, entre otros, surgen como temas indispensables para entender a la familia inmersa en los fenómenos migratorios de hoy en día. Esta perspectiva privilegia el análisis meso y se desmarca de la perspectiva economicista para abundar en aspectos socioantropológicos.

Dentro de las dimensiones analíticas que han ganado terreno últimamente destaca la construcción de la vida familiar en contextos de transnacionalidad. Resalta la importancia de las telecomunicaciones para conservar los vínculos, y por ende a la familia o al menos a una idea renovada de ésta. Asimismo, las consecuencias de la vida familiar sobre el bienestar de los hijos dejan ver el tipo de relaciones afectivas que se generan en niños y adolescentes hacia sus padres a raíz de la migración. Por su parte, los ancianos y las parejas experimentan recomposiciones de relaciones intergeneracionales de poder y de género. El tema de la afectividad ha sido explorado en muchas vertientes como manifestación del trabajo de cuidado en rutinas de vigilancia de los padres a sus hijos en momentos cotidianos, en eventos especiales mediante el uso de telecomunicaciones, o en eventos críticos como la muerte de familiares y los viajes de retorno. Asimismo, el trabajo emocional de las familias transnacionales se refiere a los modos en que se construye lo afectivo y se resignifican los sentidos de pertenencia a partir de sucesos comunes vividos por los miembros de esas familias, como pueden ser las visitas de retorno, los momentos de ausencia o presencia, y los de tristeza y nostalgia.

En cuanto a las propuestas metodológicas requeridas para abordar los desafíos de los estudios de familias y movilidades hoy en día, es necesario hacer estudios tanto en las comunidades de origen como en las de destino para poder dotar de evidencia empírica el tema de la transnacionalidad; de ahí la propuesta de elaborar estudios comparativos multisituados que combinen técnicas cualitativas y cuantitativas, así como instrumentos ad hoc para captar la complejidad de las familias transnacionales, y dirigir la mirada a aspectos poco tratados, como es el fracaso y la disolución de familias asociadas a la migración.

Silvia Giorguli presentó su trabajo como un intento de traducir la riqueza de la discusión teórico-conceptual precedente, basada en el enfoque socioantropológico, proponiendo esa misma discusión pero con una mirada más cuantitativa y sociodemográfica. Partiendo de la perspectiva de ciclo familiar, hizo énfasis en la doble implicación de los cambios en las familias y la migración; no obstante su presentación se centró principalmente en los efectos de las movilidades en el ciclo familiar.

Se parte de un enfoque clásico de la teoría de las migraciones para el caso de la migración mexicana hacia Estados Unidos (Douglas Massey), entendida como una estrategia familiar. A medida que la relación de dependencia en el hogar aumenta (o en otras palabras, se transita en el ciclo familiar), así también crece la tendencia a migrar entre los perceptores de ingresos. El diseño metodológico longitudinal de los trabajos de Douglas Massey ha permitido corroborar esta relación a través del tiempo; sin embargo los cambios recientes de la migración mexicana hacia Estados Unidos dejan ver la rigidez del modelo de Massey. En efecto, la heterogeneidad de flujos ocasionada por distintas motivaciones, modalidades y ciclos migratorios debe ser incorporada en futuras investigaciones.

Uno de los cambios más importantes a considerar es que la mujer ha reclamado progresivamente un papel central en la toma de decisiones respecto a las movilidades. La propuesta para incorporar este cambio parte de observar el patrón de migración femenino en función del ciclo familiar, donde las probabilidades de movilidad son mayores antes de los nacimientos y la crianza, y disminuyen a medida que estos eventos ocurren, para finalmente aumentar con el desarrollo de los hijos.

Cabe señalar que estas propuestas no están despojadas de fundamentos teórico-conceptuales que las sostengan. Así, es importante considerar la racionalidad económica, la especialización de roles, las redes sociales, la corresidencia familiar y la inercia geográfica -entendida como el arraigo a los lugares de llegada a lo largo del tiempo de residencia- como procesos sociales que operan de manera subyacente en la decisión de migrar.

Los hallazgos obtenidos en las investigaciones de la migración femenina sugieren que las experiencias de migración previas a la unión disminuyen las probabilidades de que la pareja migre sola durante el matrimonio. Esto puede interpretarse como el hecho de que la experiencia migratoria dota a la mujer de mayores elementos en la negociación y la decisión de migrar de su pareja, modificando lo estático de la especialización de roles. En otros aspectos, la migración de retorno en el hombre y la migración de la mujer para corresidir con éste parecen estar influidas por el ciclo familiar y la edad de los hijos, de modo que cuando éstos son más jóvenes hay mayores probabilidades de que la mujer migre o que haya un retorno del padre. Esto apunta a la idea de corresidencia familiar como una fuerza rectora de la movilidad entre México y Estados Unidos. Finalmente, la probabilidad de retorno, una vez que la pareja correside en Estados Unidos, va disminuyendo conforme se avanza en el ciclo de vida, lo cual respalda la idea de la inercia geográfica.

Giorguli hizo énfasis en la innovación metodológica propuesta por los estudios de ciclo de vida, que toman como unidad de análisis ya no al individuo sino a la pareja en un intento de dilucidar la toma de decisión conjunta de la migración en los núcleos familiares.

Liliana Rivera basó su presentación en su experiencia en el estudio de los circuitos migratorios transnacionales como interconexión entre los movimientos internos e internacionales. Señaló los municipios de la mixteca poblana como los referentes empíricos de su reflexión, y puso énfasis en las regiones intermedias de migración como zonas de poblamiento acelerado. En el aspecto de la interconexión, mencionó a la zona metropolitana de la Ciudad de México (particularmente el municipio de Nezahualcóyotl) y la de Nueva York; de este modo se tiene un circuito migratorio de zonas rurales que pasan a zonas metropolitanas y migran internacionalmente.

El estudio de un circuito migratorio implica el reto de imaginar una propuesta metodológica apropiada. Se propuso un modelo basado en Durand que toma los trayectos del circuito y los procesos de interconexión como unidad de análisis, y no como una metáfora para entender las migraciones. Así, el circuito migratorio permite apreciar el movimiento tanto de las personas como de los bienes simbólicos, materiales y monetarios que generan arreglos migratorios, los cuales a su vez crean nuevas movilidades y vínculos sociales que recrean y reproducen los circuitos.

Bajo la perspectiva de los circuitos migratorios es posible observar los eventos de fragmentación y recomposición de las familias como un proceso continuo que sucede en el circuito mismo, pero en distintas partes de los trayectos que lo componen. Del mismo modo puede argumentarse que los procesos de interconexión -entendidos como vinculaciones- implican conflictos entre grupos y sociedades desiguales, así como modos diferenciados por género para recurrir a las redes sociales, como lo muestra el hecho de que los hombres que se concentran en Nueva York recurren con mayor frecuencia al paisanaje entre ellos, mientras que las mujeres que llegan al mismo destino tienden a dispersarse en otros estados tras su llegada.

La investigación de los circuitos exige aproximaciones multisituadas y localizadas para poder establecer las interconexiones entre lo local y lo global.

La óptica de los circuitos migratorios busca profundizar en el retorno como un proceso de reinserción social en el espacio que se dejó, tratando de complementar el vasto estudio sobre la inserción social en las comunidades de destino.

En otros temas, los circuitos migratorios podrían ser una herramienta útil para el análisis de las uniones matrimoniales, vistas como alianzas familiares regionales impulsadas por una solidaridad monetarizada y la creación de negocios transnacionales (paquetería, envíos de remesas, agencias de viajes), que surgen por la circulación de bienes económicos en los trayectos de los circuitos.

En suma, los circuitos migratorios pueden ser una herramienta para comprender los cambios en las familias como fenómenos que acontecen dentro y a consecuencia de trayectos migratorios interconectados que componen un sistema de circulación de personas, bienes, etc. Uno de estos fenómenos lo presenta el caso del entenado, un hijo adoptivo que reside con familias cuyos miembros han migrado, pero que eventualmente puede migrar sin dejar de ser considerado un miembro más de la familia adoptante. Este tipo de sucesos se tienen que referir en el debate de la pertenencia y la afiliación que se crean en los grupos familiares transnacionales a consecuencia de las movilidades.

Discusión

En el aspecto conceptual, una de las precisiones elementales fue distinguir entre familia como grupo de parentesco mas no de residencia, y grupo doméstico como grupo que vive en un hogar, lo que permite tener una perspectiva conceptual contrastable con nuevas formas de parentesco, como su extensión ritual en compadrazgos y adscripciones de responsabilidades negociadas. En el mismo sentido, los conceptos de familia de origen y familia de procreación permiten demarcar la creación de nuevos grupos familiares. Sin embargo es necesario poner límites a la elasticidad de estos conceptos, sin que ello implique la pérdida del valor heurístico de las nuevas conceptualizaciones. Esto representa el mayor desafío teórico en el estudio de las familias y las movilidades.

En el aspecto metodológico uno de los tópicos introducidos en el debate fue la problemática que enfrentan quienes estudian a los migrantes en las comunidades receptoras, en particular en la construcción metodológica del migrante como actor social visto desde las familias que constituyen o recomponen. Si se quiere estudiar la familia desde la perspectiva de lo afectivo como generador de vínculos y creador de nuevas familias extensas, es indispensable centrar al migrante en el destino y tomar en cuenta que construye una nueva familia.

Como temas de interés se mencionaron la desertificación de las comunidades rurales, en contraparte con la turistificación de las zonas costeras, y la inmigración internacional de pensionados estadounidenses y canadienses. Las recomposiciones del espacio social y material se pueden ejemplificar con la metáfora del príncipe y el mendigo, en donde el polo de atracción representado por estas zonas reestructura las relaciones de los mercados de trabajo y reproduce la desigualdad económica y de género.

Se llamó la atención hacia tópicos ausentes en las presentaciones como la movilidad residencial y el contexto territorial. La territorialización de la propiedad puede considerarse como un elemento que influye en las movilidades, que puede vincularse con la discusión sobre la legalidad, en particular con las consecuencias del artículo 27 constitucional en la tenencia de la tierra, y con el debate sobre si la formalización de la propiedad es un elemento de bienestar para la población. Esto implica dirigir la mirada al ámbito rural y a su complejidad específica: el sistema ejidal y las relaciones de herencia de la propiedad de la tierra en las familias y su efecto en las movilidades.

En la discusión se puso especial interés en los circuitos migratorios y la modificación de los entornos sociales que provocan por medio de las movilidades. En la constitución de un circuito migratorio existe una circulación de información entre los migrantes sobre el tipo de características que tienen las comunidades de destino, tales como la disponibilidad de trabajo, el tipo de ocupaciones diferenciadas por género, la preferencia de los patrones a ciertas nacionalidades, e incluso las dificultades legales. Dicha información incide en la elección de las comunidades de tránsito y de destino, diferenciadas también en función de la comunidad de origen.

La migración puede verse como un recurso de poder mediante el cual se estructuran diferencias sociales en las localidades; por esta razón tiende a ser acaparado por grupos con circunstancias sociales más favorables, quienes lo reestructuran en función de sus intereses, establecen nuevos grupos sociales, e incluso se constituyen en empresarios de las migraciones. Este tipo de acciones dan lugar a otro tipo de controles sociales que podrían influenciar, dentro de los circuitos migratorios, en el tipo de personas y actores que componen los flujos (el caso de las comunidades mixtecas en Veracruz en la elección de maestros bilingües en las comunidades de origen y destino, o el retorno simbólico manifestado por el uso de las remesas en proyectos de infraestructura, son buenos ejemplos de estos controles). Esto también puede conllevar a conflictos entre la política social de desarrollo (en particular la de desarrollo urbano en el caso de los proyectos de infraestructura) y las acciones de los grupos de migrantes internacionales, como la infraestructura financiada por las remesas.

Resulta de interés observar los distintos tipos de control social que se estructuran en las interacciones de los migrantes de otros estratos socioeconómicos, las cuales, mediadas muchas veces por la televisión y las cibercomunicaciones, elevan las expectativas de reciprocidad generacional. Esto conlleva a reflexionar sobre las condiciones que permiten la reciprocidad en las familias transnacionales en función de los distintos tipos de familias de migrantes, que a su vez permiten la monetarización de la solidaridad, la transformación del afecto y los controles sociales a distancia (maritales y filiales), manifestados en el condicionamiento de procuración de bienes materiales, principalmente de padres a hijos.

En el estudio de la constitución de los circuitos migratorios es importante considerar que las comunidades de migrantes de retorno con crecimientos demográficos acelerados son por lo general metropolitanas y están enmarcadas en una lógica de mercado laboral: el Valle de México y el de Texcoco son ejemplos de ello. Así, resulta fundamental considerar que la migración de retorno no implica retorno a la comunidad de origen. No obstante, casos como el de Tulcingo de Valle muestran que también las comunidades rurales pueden constituirse como centros de atracción regional y de población de retorno (de Puebla y Guerrero, entre otros), pues cuentan con mercados laborales con ocupaciones terciarias y actividades comerciales de corte transnacional.

Se hizo mención al valor explicativo de la perspectiva cuantitativa, cifrado en la vinculación con la evidencia etnográfica de la preferencia femenina a permanecer en Estados Unidos una vez que la cónyuge llega a la comunidad receptora. En el mismo sentido, el arraigo de la mujer a la comunidad receptora en función del nacimiento de sus hijos se relaciona con las casi nulas probabilidades de retorno tras la procreación. En el mismo tenor, la negociación en pareja para tomar la decisión de migrar está estrechamente vinculada con la etapa del ciclo vital en la que la mujer se encuentra. Esto puede ligarse también con el discurso prevaleciente en los padres, que exhortan a sus hijos a no casarse con una mujer migrante, lo cual pone en relieve la resistencia a la modificación de las estructuras patriarcales, tan estudiadas desde la perspectiva antropológica. En suma, la evidencia etnográfica es respaldada por la evidencia cuantitativa, como se muestra en el trabajo de Giorguli.

Sesión de presentación de tesis doctorales

El seminario continuó con la presentación y discusión de tesis doctorales o de sus avances sobre el tema del seminario. Siete doctorantes y una recién doctorada presentaron y debatieron aquellos aspectos de sus tesis vinculados con la relación entre las familias y las movilidades, y participaron a lo largo de la jornada en los debates del seminario. La discusión conceptual y metodológica de las sesiones previas continuó con los comentarios que se hicieron a estas presentaciones. Las tesis giraron en torno a temas de contextos transnacionales, cambios en las relaciones de género, masculinidades, dinámicas familiares, identidades, relaciones intergeneracionales, expectativas juveniles y relaciones laborales. Las presentaciones fueron realizadas por Itzel Hernández, María Elena Figueroa, Yésica Aznar, Juan Miguel Sarricolea, Rosa Emilia Bermúdez, Luciana Gandini, Carolina Silva y Jorge Ariel Ramírez.

Independientemente de los diversos temas que abordaron las diferentes investigaciones, el enfoque longitudinal es el común denominador de todas ellas, lo cual sugiere la preocupación por reportar, investigar y documentar el fenómeno migratorio ya no por el análisis o descripción de las partes que lo componen y los fenómenos que lo manifiestan, sino como un proceso continuo a través del tiempo, interconectado con otros ámbitos sociales.

Algunas investigaciones doctorales privilegian el interés por “objetivar las subjetividades” de los individuos a la luz de los procesos migratorios, y muestran cómo estas objetivaciones repercuten en las significaciones en contextos rurales y en otros lugares de origen. Este tipo de investigaciones hace visible la adopción del enfoque socioantropológico con una perspectiva meso social, uno de los marcos que más terreno ha ganado en el estudio de las movilidades. Otros trabajos denotan un esfuerzo por hacer converger metodologías afines en aras de una comprensión más cabal de los múltiples eventos implicados en la decisión de migrar y en el proceso mismo de la movilidad. En estas investigaciones se dialoga más ampliamente con los enfoques que han presidido los temas de migración, tales como las trayectorias laborales, el enfoque transnacional, las relaciones de género y el curso de vida familiar, y se busca debatirlos abiertamente en los aspectos conceptual, metodológico y teórico.

En suma, si bien la discusión de las tesis doctorales sirvió para mostrar un panorama sobre los alcances teóricos de la relación entre las familias y las movilidades, así como la necesidad de realizar replanteamientos conceptuales y metodológicos que den cuenta de las complejidades que afectan tanto a las migraciones como a la vida familiar, los avances de investigación presentados reportaron innovaciones y vetas metodológicas que hacen más asequible el conocimiento de la realidad de las familias en migración.

Conclusiones

Tras este recorrido retrospectivo de los derroteros teóricos y las complejidades metodológicas de los estudios que vinculan a las familias con las movilidades residenciales, se dibujan los desafíos para el desarrollo conceptual y de instrumentos para estudiar los encuentros e implicaciones entre ambos campos, tanto en la investigación actual de los mismos como en las posibles vetas por las que se encauzará en el futuro el cúmulo de nuevos conocimientos.

La complejidad de los cambios experimentados por las familias mexicanas en su relación con las migraciones ha agotado los esquemas causales con los que previamente se les solía asociar. Por un lado, las múltiples modalidades de las migraciones deben entenderse como yuxtaposiciones de movilidades que presentan muchas direcciones, heterogeneidades y desplazamientos, y deben considerarse nuevos patrones de movilidad y circulación.

A su vez, los miembros de las familias, actores de estos desplazamientos yuxtapuestos, migran en función de arreglos, motivaciones y estrategias diferenciales que acontecen según su posición en las relaciones familiares y sociales, y la etapa del curso de vida familiar en que se encuentran, y no exclusivamente en función de arreglos económicos familiares. Estos eventos dan lugar a manifestaciones de cambios en los roles genéricos y familiares, desde lo conyugal hasta lo filial, parental y generacional, así como en los procesos de individuación y empoderamiento. Su observación y ahondamiento en la investigación permiten construir las nuevas configuraciones por las que atraviesan las familias en la actualidad, expresadas en ámbitos tan diversos como su recomposición territorial, los cambios en la estructura y composición de los hogares, los cambios en los mecanismos de control, la recomposición de las relaciones de poder, los cambios en las transferencias intergeneracionales simbólicas y materiales, los virajes en la negociación conyugal, la emancipación de estructuras patriarcales, los cambios en los derechos y obligaciones, la creación de nuevos vínculos, las fragmentaciones y las rupturas familiares, la multiplicidad de entradas y salidas de los hogares, los nuevos arreglos para la formación de las parejas, la monetarización de la solidaridad, la relocalización de las tramas familiares y comunitarias, los diferentes espacios de socialización, la modificación de los sistemas de cuidado de dependientes, la redefinición de la noción de hogar, las pertenencias, afiliaciones y desafiliaciones, y las persistencias y transformaciones de los afectos y emociones filiales y conyugales a distancia.

Ante tal diversidad y complejidad de objetos de estudio es imperativo el diseño de marcos teóricos y metodologías innovadoras a fin de contar con elementos suficientes para el avance de las investigaciones a emprender en estos ámbitos. Sin embargo esto requiere conocer y examinar críticamente el desarrollo previo de los enfoques teóricos y las estrategias de investigación con los que se han relacionado los temas de las familias y las migraciones hasta ahora, y recuperar el valor heurístico de muchos avances conceptuales y metodológicos que han surgido para formas específicas de movilidad, para extenderlos a todo el campo de las interrelaciones entre familias y movilidades.

Durante la década de los años setenta y ochenta el análisis de las relaciones entre familias y migraciones estaba basado primordialmente en la visión economicista de la reproducción social, donde los desplazamientos eran considerados como parte de estrategias de sobrevivencia decididas dentro del grupo doméstico, las cuales estaban mediadas por el ciclo de vida familiar, la división sexual del trabajo y las relaciones de género. A este enfoque le siguió una inversión en la relación causal previa, que pasó a los efectos de las migraciones sobre las familias, donde el impacto de las movilidades se reflejaba en la composición y estructura de los hogares. Estos estudios se centraron en las cuestiones de género involucradas en dichos procesos. Conforme se fue ahondando en las investigaciones y se modificaron los contextos globales y locales, las realidades descubiertas se apreciaron más complejas, y el vínculo causal con el que se habían emprendido los esquemas analíticos previos se tornó más difuso y también más complejo y diversificado. Es en este contexto que durante la década de los noventa emergió el paradigma de la familia transnacional para el estudio de las migraciones internacionales, cuya premisa es enfocar predominantemente la agencia sobre las estructuras. En este enfoque la familia −y sus prácticas− es considerada como una institución social que interviene en procesos sociales de mayor alcance al estar imbricada en otros procesos e instituciones, tales como el Estado, las políticas sociales y la transformación de los mercados laborales. Para el enfoque transnacional, las familias como grupos sociales específicos resultan un elemento central para explicar los cambios y las dinámicas en las movilidades. Una propuesta central en este seminario fue la ampliación del valor heurístico del enfoque de la familia transnacional para el estudio de las diversas formas de movilidad residencial, además de la migración internacional, y de las interrelaciones entre los variados tipos de movilidad y los cambios familiares. La construcción de la vida familiar en contextos de transnacionalidad está atravesada por múltiples procesos de interacción ad intra y ad extra el grupo, tales como la constitución de redes sociomigratorias, comunidades y conglomerados de comunidades migratorias, relaciones sociales asimétricas y circuitos migratorios.

El estado actual del estudio de las movilidades y las familias sugiere realidades cada vez más complejas. La aproximación teórico-metodológica a éstas presenta algo aparentemente paradójico: aunque los fenómenos estudiados son diversos y a simple vista pareciera que requieren conocimientos especializados, su alto grado de interrelación permite que las metodologías que los abordan tomen un cariz cada vez más multidisciplinario, donde convergen perspectivas de distintos ámbitos de las ciencias sociales: desde enfoques macroeconómicos y sociodemográficos, hasta meso y microsociológicos y antropológicos. Aunado a esto, el valor heurístico de relacionar los cambios en las familias con las movilidades parece inagotable; así lo muestran las reflexiones vertidas en este taller.

Todo esto apunta a que posiblemente sea la migración el fenómeno social -si bien no el único- que de manera más amplia y manifiesta da cuenta de los cambios por los que atraviesan las familias mexicanas en el presente, dado que las prácticas de los sujetos migrantes impactan los grupos familiares y generan disrupciones en las relaciones y arreglos familiares que a su vez generan nuevos arreglos y nuevas prácticas familiares. Esto evidencia la necesidad de reflexionar y sistematizar esta enorme riqueza conceptual y metodológica para abordar la relación entre las familias y las movilidades de una manera dinámica, heurística y multidisciplinaria. Los desafíos no se limitan al diseño y redefinición de enfoques teóricos y perspectivas metodológicas competentes y adecuadas a las nuevas realidades y conocimientos. Los ámbitos de las políticas sociales, los cambios legislativos, los cambios en las relaciones intergeneracionales y las relaciones de género, así como los cambios en los mercados de trabajo locales, regionales y globales no pueden escindirse de estos procesos altamente dinámicos. Este taller ha dado un paso en la dirección que le corresponde a la academia: dar parte de la complejidad de los cambios en la relación entre familias y migraciones, debatir las aproximaciones conceptuales y metodológicas de mejor alcance, y proponer retos y avances para su mayor comprensión.

CUADRO 1.

Enfoques teóricos y perspectivas metodológicas en los estudios de las familias y las movilidades, 1980-2010







Notas al pie:

*.

fn1La coordinación del taller estuvo a cargo de Silvia Giorguli, Gail Mummert, André Quesnel e Ivonne Szasz.


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ESTUDIOS DEMOGRÁFICOS Y URBANOS, vol. 34, núm. 2 (101), mayo-agosto, 2019, es una publicación electrónica cuatrimestral editada por El Colegio de México, A.C., con domicilio en Carretera Picacho Ajusco núm. 20, col. Ampliación Fuentes del Pedregal, delegación Tlalpan, C.P. 14110, Ciudad de México, tel. +52 (55) 5449 3031, página web: www.colmex.mx, correo electrónico: ceddurev@colmex.mx. Editor responsable: Manuel Ángel Castillo. Reserva de Derechos al Uso Exclusivo: 04-2016-031810381800-203, ISSN impreso: 0186-7210, ISSN electrónico: 2448-6515, ambos otorgados por el Instituto Nacional del Derecho de Autor. Responsable de la última actualización de este número: Leticia Argüelles, Carretera Picacho Ajusco núm. 20, col. Ampliación Fuentes del Pedregal, delegación Tlalpan, C.P. 14110, Ciudad de México. Fecha de última modificación, 25 de marzo de 2019.

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