Homenaje a Julieta Quilodrán

Relatoría de Viridiana Sosa*

Profesora investigadora del Centro de Investigación y Estudios Avanzados de la Población de la Universidad Autónoma del Estado de México. Correo electrónico: <virisosa@yahoo.com>.



Resumen:

El Centro de Estudios Demográficos, Urbanos y Ambientales de El Colegio de México realizó un reconocimiento a la trayectoria de la profesora investigadora Julieta Quilodrán1 por su destacada labor en la docencia e investigación demográficas durante más de cuatro décadas.

Durante el homenaje se hizo un recuento de su sobresaliente desempeño como profesora investigadora en análisis demográfico; se enfatizó que Julieta Quilodrán es pionera en la investigación sobre familia y nupcialidad, que ha dedicado cuarenta años a investigar las transformaciones del matrimonio, la familia y la fecundidad en México y América Latina, y que es una referencia en la investigación en la demografía mundial. Además ha formado a un gran número de generaciones de demógrafos, a quienes ha inculcado el rigor en el uso de todas las metodologías del análisis demográfico.

También se presentó el libro Parejas conyugales en transformación -del cual Julieta Quilodrán es compiladora-,2 en el que se documentan desde el punto de vista demográfico los cambios ocurridos en el ámbito de la vida conyugal y familiar a partir de varios enfoques metodológicos cuantitativos, cualitativos y jurídicos.

El reconocimiento y la presentación del libro se llevaron a cabo el 23 de abril de 2012 en El Colegio de México. En la ceremonia participaron Teresa Castro, Robert McCaa, Beatriz Figueroa, Viridiana Sosa, Manuel Ordorica y Silvia Giorguli. Por último, Julieta Quilodrán emitió un breve mensaje de agradecimiento. A continuación presentamos las palabras de quienes intervinieron en el acto, precedidas por una introducción elaborada por Silvia Giorguli, directora del Centro de Estudios Demográficos, Urbanos y Ambientales de El Colegio de México.

Estudios demográficos y urbanos, 2013


Introducción

Silvia Giorguli 3

En las siguientes páginas se resumen las participaciones efectuadas durante la ceremonia de reconocimiento a la trayectoria de la profesora Julieta Quilodrán y la presentación del libro Parejas conyugales en transformación, bajo su coordinación.

El acto tuvo por fin dar un reconocimiento a la trayectoria de más de cuarenta años de la doctora Quilodrán, o más bien a sus varias trayectorias: la de profesora investigadora de El Colegio de México, formadora de varias generaciones de demógrafos; la de demógrafa miembro de la Sociedad Mexicana de Demografía, de la que es activa colaboradora desde su fundación; la trayectoria de la demógrafa de reconocimiento internacional que ha coadyuvado a fortalecer el vínculo entre la demografía mexicana y la comunidad internacional, rol que Julieta Quilodrán sigue desempeñando a la fecha; también la trayectoria de la investigadora pionera que junto con otros especialistas abrió un campo de estudio sobre cuestiones de fecundidad y familia, el cual siguió evolucionando y desarrollándose hasta conformar una nueva agenda de investigación (a la que pertenecen varios de los temas del libro que se comenta en esta sección). El reconocimiento, entonces, se hizo en realidad a varias trayectorias y a toda una vida de trabajo de la doctora Quilodrán.

Agradecemos la participación en el acto de todos los invitados, particularmente de aquellos que vinieron de fuera y que abrieron un espacio en sus complicadísimas agendas para hacer viajes desde muy lejos. Es el caso del doctor Robert McCaa, profesor investigador de la Universidad de Minnesota; además es fundador, responsable y coordinador del IPUMS Internacional, proyecto que maneja 162 censos de un sinnúmero de países.4 También a la doctora Teresa Castro, profesora investigadora del CSIC en Madrid, reconocida demógrafa especialista en estudios de la familia y miembro de la Red Latinoamericana de Estudios de Familia de la Asociación Latinoamericana de Población. Ambos respondieron de manera muy entusiasta cuando los organizadores de este acto nos acercamos para invitarlos. También agradecemos a los invitados de casa, colegas y alumnos de la doctora Quilodrán: a Manuel Ordorica, secretario general de El Colegio de México y colega del CEDUA; a Beatriz Figueroa, también colega del Centro y buena amiga de Julieta; así como a Viridiana Sosa, una de sus exalumnas.

Palabras de Teresa Castro *

Agradezco a El Colegio de México y al CEDUA su amable invitación a participar en esta ceremonia. Para mí es un honor y un placer intervenir en este acto de reconocimiento a la trayectoria docente y de investigación de la profesora Julieta Quilodrán, gran colega y amiga.

No recuerdo desde cuándo conozco a Julieta. Probablemente entonces yo había leído ya sus trabajos, ya que siempre me interesó el tema de la nupcialidad, y coincidimos en alguna reunión de la IUSSP. No puedo fijar una fecha concreta de inicio, pero sí sé que llevamos aproximadamente dos décadas de colaboración académica en múltiples proyectos de investigación, con encuentros en los mismos congresos -recuerdo con especial cariño los de Delhi, Marrakech y La Habana-, y de amistad.

Por todo ello es para mí un placer estar hoy aquí, aunque normalmente suelo declinar invitaciones que implican viajes largos durante el curso escolar, pues la logística con mi hija es demasiado complicada, pero esta vez ni lo pensé, porque es un homenaje muy merecido y porque me encanta que se reconozcan y se celebren los méritos de una gran profesora e investigadora. Todos somos conscientes de que en el mundo académico los incentivos y estímulos no son económicos, como en otros muchos ámbitos, sino que se ofrece el reconocimiento de nuestros mentores, de nuestros pares, y de nuestros alumnos, que es en el fondo a lo que aspiramos. Por eso me parece tan importante hacer este reconocimiento público a una persona como Julieta, que ha aportado décadas de reflexión y análisis riguroso a la demografía, que ha sabido transmitir conocimientos, preguntas y sobre todo ilusión por la investigación a los que vienen detrás, y que ha contribuido año con año al prestigio de esta institución, tanto en México como fuera de sus fronteras.

La trayectoria de investigación de Julieta se ha centrado en múltiples facetas del proceso de formación familiar. Sus aportaciones son muchas y relevantes en el análisis sociodemográfico de la nupcialidad.

En primer lugar me interesa destacar su aportación empírica. En este terreno ella ha aportado rigor analítico al estudio de la nupcialidad utilizando múltiples fuentes de datos (censos y encuestas), diversos enfoques metodológicos (de carácter agregado e individual, transversales y longitudinales), aunque siempre primando la perspectiva de curso de vida.

En segundo lugar he de destacar su aportación teórica. Los estudios de Julieta abordan temas relevantes no sólo académicamente, también socialmente, e incluso me atrevería a decir que políticamente. Las preguntas últimas que subyacen en los textos de Julieta son muchas de las que resultan fundamentales en el campo de la demografía y también en la calle, fuera de la academia. Destacaré tres:

  1. 1) ¿Qué es familia y qué no es familia? Esta pregunta, aparentemente sencilla, es muy difícil de responder. ¿Qué es lo que realmente define a una familia?, ¿son los lazos de sangre, los lazos jurídicos, el reconocimiento social, los lazos de afecto y solidaridad? Desafortunadamente mañana tengo que tomar el avión de vuelta a España y no me puedo quedar en México todo el tiempo que desearía, pues estamos diseñando una propuesta de cuestionario para la Encuesta Social Europea precisamente con el propósito de investigar cómo definen los ciudadanos de los distintos países europeos lo que es una familia y cómo interpretan los derechos y responsabilidades de los miembros del grupo familiar. Es un tema fascinante porque la familia es el lugar de los afectos, de los cuidados, de la solidaridad altruista (sin exigencia de reciprocidad), pero también en algunas ocasiones es un lugar de sumisión, de subordinación, de conflicto, y la definición legal no siempre coincide con la definición social o personal.Los estudios de Julieta ponen de manifiesto que la familia está permanentemente en proceso de transformación: cambian su forma, su organización, sus funciones, sus reglas, sus redes… Las fronteras que delimitan los vínculos familiares son cada vez más imprecisas, elásticas y versátiles, y probablemente también más inestables que en el pasado. Esta evolución sin pausa no está exenta de ambigüedades y tensiones, pero al final lo que más destaca de este proceso es la enorme capacidad de adaptación que tiene la familia, cualquiera que sea la forma que adopte, y la de preservar la solidaridad entre sus miembros. Sin esta microsolidaridad familiar, por ejemplo, en estos momentos sería muy difícil sobrevivir dignamente en España. En un contexto de enorme desempleo -rondamos 24% entre el conjunto de la población activa y 50% entre los jóvenes- y de desmedidos recortes en los sistemas de protección social, hay un buen número de familias de tres generaciones que viven de la modesta pensión del abuelo.
  2. 2) ¿Tiene validez la segunda transición demográfica como marco interpretativo del cambio familiar reciente en América Latina?, ¿tiene dicha transición un carácter universal o, por el contrario, no existe realmente un proceso de cambio familiar global, sino que los cambios están primordialmente determinados por herencias (e inercias) históricas y culturales?, ¿implican los cambios familiares recientes un progreso en cuanto a la libertad individual y la igualdad de género, o abren nuevos frentes de vulnerabilidad?Estas preguntas son fundamentales y también universales. Pensemos, por ejemplo, en la cohabitación, en las uniones consensuales, un tema sobre el cual Julieta ha hecho aportaciones fundamentales. ¿Responde el aumento de los matrimonios “sin papeles” a las crecientes aspiraciones de autonomía individual y de igualdad de género?, ¿simbolizan un rechazo a la injerencia de las instituciones estatales y eclesiásticas en el ámbito privado?, o por el contrario, ¿son fruto de una indiferencia creciente hacia unas reglamentaciones que se perciben irrelevantes en lo que concierne a la protección social? El matrimonio legal protege el reparto de las propiedades y los medios económicos en la unidad familiar, pero para las familias sin propiedades y con una economía de subsistencia quizás sea bastante irrelevante.Toda la literatura sobre la desinstitucionalización del matrimonio y el incremento de la cohabitación está muy influida por los estudios estadounidenses y europeos (sobre todo de los países nórdicos y Francia), pero su visión es parcial. A una misma realidad demográfica se le puede dar muchas lecturas y distintas interpretaciones. Por eso es importante poner más atención en la “mirada latinoamericana”. En este sentido la aportación de Julieta ha sido poner de manifiesto que la cohabitación tiene múltiples lecturas: puede ser un signo de modernidad, pero también un signo de vulnerabilidad si los vínculos conyugales informales se traducen en desprotección y disminución de la responsabilidad paterna. Y esto obliga a reintroducir en el debate y en el análisis el concepto de clase social. Aunque los cambios familiares han ido permeando todos los estratos sociales, sus causas y consecuencias no son equiparables en todos los estratos.Ésta no es una cuestión relevante sólo en América Latina. En los estudios recientes de Perelli-Harris sobre la cohabitación y la fecundidad no matrimonial en Rusia y en otros países de Europa del Este se plantean las mismas preguntas: ¿son la cohabitación y la fecundidad fuera del matrimonio un reflejo de la segunda transición demográfica, vinculadas a la difusión de nuevas pautas culturales asociadas a la modernidad?, o ¿son un reflejo de la vulnerabilidad, de la subordinación femenina y de la exclusión social, y por tanto desempeñan un papel clave en la transmisión intergeneracional de la pobreza?, o ¿son simplemente un mecanismo de adaptación al nuevo contexto global de incertidumbre económica, social y biográfica?Estas preguntas son universales, trascienden el ámbito nacional, y por eso Julieta ha consolidado una línea de investigación que tiene mucho que aportar al mundo de la demografía global. Probablemente la evolución familiar reciente sea el resultado de la superposición de todos estos procesos (modernidad, exclusión e incertidumbre) con distinto peso en cada sociedad y en cada estrato social.Esta evolución familiar acarrea también consecuencias políticas importantes. Sabemos que en la actualidad más de la mitad de los nacimientos (54%) en América Latina corresponden a madres y padres no casados.1 En España la proporción de nacimientos fuera del matrimonio ya excede el tercio (36%). Estas cifras causan asombro a los investigadores anglosajones que todavía asocian los países católicos con la familia tradicional. Pero si hubieran conocido un poco mejor la realidad latina quizás se habrían ahorrado los cientos de millones de dólares del programa federal estadounidense de promoción del matrimonio (The Healthy Marriage Initiative) como solución a la pobreza. Este programa, basado en premisas ideológicas y no científicas, ha resultado un fracaso.Aunque tal política concreta haya fracasado, esto no quiere decir que las políticas sean ineficaces o innecesarias. Es cierto que existe un riesgo real de que las nuevas dinámicas familiares se consoliden como factores de desigualdad social, pero la solución no parece pasar por promover el matrimonio y estigmatizar la cohabitación, sino por garantizar, con políticas económicas y sociales apropiadas, que los niños tengan igualdad de oportunidades con independencia del tipo de familia en que crezcan.
  3. 3) Otro terreno en donde Julieta ha hecho aportaciones importantes es el de los procesos de difusión de comportamientos de corte moderno. Su trabajo con Fátima Juárez sobre las pioneras del cambio reproductivo en México consiguió algo muy importante: dar voz a las propias protagonistas. Porque igual que una imagen vale más que mil palabras, las historias orales (en este caso las de las pioneras de la transición hacia un régimen de baja fecundidad) pueden valer más que mil teorías. Estas historias orales permiten entender cómo unas mujeres que no fueron especialmente transgresoras, ya que aceptaron las normas de la época respecto a abstenerse de las relaciones sexuales prematrimoniales, dejaron de trabajar al casarse y tuvieron su primer hijo justo después de casarse, en cambio se alejaron de la actitud fatalista de aceptar los hijos que Dios les mandara.Leyendo estos trabajos sobre las pioneras en México encontré muchos paralelismos con la experiencia de España. Esto quiere decir que cuando encuentras las claves para entender un proceso en una sociedad determinada, estas claves te pueden servir para interpretar procesos similares en otras sociedades. Una de las ideas que más me gustaron en los trabajos sobre las pioneras fue el importante rol que desempeñó la generación prepionera: los padres, y sobre todo las madres de las pioneras. Yo siempre he defendido que las mujeres de mi generación, el baby boom español, llegamos a la universidad y optamos por una carrera profesional gracias a nuestras madres. Ellas, aunque apenas tenían educación formal y fueron amas de casa de tiempo completo y católicas practicantes, nos inculcaron de pequeñas que teníamos que ser económicamente independientes y que la única vía para lograrlo era la educación y el empleo. Aceptaron un papel secundario en la familia y en la sociedad, pero tenían muy claro que no querían eso para sus hijas. El efecto colateral, que ellas no anticiparon en su momento, fue que se quedaron casi sin nietos.El libro que presentamos hoy es un excelente exponente de las aportaciones de Julieta en el campo de la nupcialidad, cuyo estudio era en el pasado un “tema menor” en la demografía. Me acuerdo de que muchos textos simplemente la definían como “la variable intermedia que delimita la entrada a la exposición al riesgo de concebir”. Yo creo que el trabajo de varias décadas de Julieta ha contribuido significativamente a elevar el estatus del estudio de la nupcialidad. Ya no se le aborda como simple variable intermedia, sino como objeto de estudio con entidad propia, y también como una ventana para estudiar algo tan escurridizo como el cambio de valores.Quiero felicitar públicamente a Julieta por su labor de investigación, de coordinación y de edición de este libro. Aunque hoy día el tiempo es un recurso escaso --tanto para escribir como para leer- y la investigación prima los artículos en las revistas académicas frente a los libros, creo que un libro tiene un valor añadido porque permite proporcionar una visión integral de un tema. En este caso, el libro Parejas conyugales en transformación no sólo aborda múltiples aspectos de la formación familiar, sino que lo hace a partir de varios enfoques metodológicos (cuantitativos, cualitativos y jurídicos). Otro aspecto que me gusta de este libro es que integra los trabajos de investigadores con experiencia y de investigadores más jóvenes. Mis felicitaciones a todas las autoras y al autor. Estoy segura de que esta obra será fuente de inspiración para muchos de nosotros y para las generaciones venideras.

Palabras de Robert McCaa *

Agradezco la invitación a Silvia Giorguli, directora del Centro de Estudios Demográficos, Urbanos y Ambientales. Me da mucho gusto estar presente en esta ceremonia porque he tratado a Julieta desde hace mucho tiempo y en mi carácter de historiador aprecio mucho su trabajo.

Me disculpo por mi pobre español; el proyecto del IPUMS suele llevarme lejos y me deja pocas oportunidades de oír y hablar este idioma.

Les muestro un mug1 de los IPUMS hecho en Minnesota para la doctora Quilodrán, es especial y son muy pocos los que lo tienen, pero ella lo merece por el largo trabajo que ha desempeñado tanto en el tiempo como en el espacio en los estudios sociodemográficos comparativos, que son una de las raíces del proyecto IPUMS, dado su permanente interés en elaborar estudios comparativos de América Latina. La idea de incluir todos los datos censales en una sola base de datos, en lugar de forzar al investigador a que se dé a la tarea de recoger la información y la documentación y trate de formar, estudiar y homologar esos datos, también provino de Julieta en alguna medida. Así que le agradezco su estímulo para hacer dichos estudios. Cuando con los cambios políticos de Chile tuve que dejar mis investigaciones sobre la historia de su población, estando en Estados Unidos como profesor de historia de América Latina tuve que estudiar otro país que hablara español, y ahí estuvo Julieta como un ejemplo de alguien que cambia de un país a otro para hacer sus estudios; realmente sus textos me han estimulado mucho para emprender mis propias investigaciones sobre historia de la población de la Colonia en México y he de agradecer sus aportaciones sobre cuestiones como la feria nupcial, las viudas, la familia náhuatl, etcétera.

No suelen invitarme a participar en actos de reconocimiento de demógrafos, pues realmente mi formación es la de historiador, así que me siento privilegiado por esta excepción. Siendo historiador aprecio mucho que estudien el pasado para comprender las transformaciones del presente, como lo hace Julieta. Su libro Un siglo de matrimonio en México es muy estimulante.

Una de las primeras acciones que emprendí tras la invitación fue acudir a Google para enterarme de la cantidad de trabajos que ha realizado Julieta y encontré 394 citas. Si bien algunas son duplicaciones, ahí se aprecian su gran aporte y su producción académica. Hice un cálculo rápido de las citas, ya que éstas no sólo indican la cantidad de publicaciones sino que se menciona para cada una de ellas el número de trabajos que la han citado. Mucha gente ha citado los trabajos de Julieta y a cualquier investigador realmente le daría mucha envidia ese número de publicaciones y esa influencia en otros trabajos. Los temas que ha abordado siempre se han orientado hacia la familia, el matrimonio y la reproducción. Algunos de mis favoritos son: parejas conyugales en transformación, un siglo de matrimonio, niveles de fecundidad y patrones de nupcialidad, de una fecundidad natural a una controlada, nuevas pautas reproductivas, formación y descendencia de las parejas conyugales, modalidades de unión en América Latina, y mujeres pioneras del cambio reproductivo, entre muchos otros.

Julieta se ha dedicado a armar el rompecabezas de las uniones conyugales en México y América Latina. Abordó el tema de las transformaciones en cuanto a su intensidad y en la precoz edad a la unión justo en el momento en que hubo una gran expansión en la educación femenina en México, y con ello grandes transformaciones de los patrones demográficos. Le ha interesado también explorar el papel de la maternidad en la construcción de la identidad de la mujer.

Julieta reveló que la edad media a la unión de las mujeres en México subió un año en 40 años, de 1930 a 1970; y de 1970 a 1990 subió otro año, y en 2010 no sé, porque el libro no nos lo pudo indicar ya que entró en prensa, pero quizás algunos de los jóvenes aquí presentes nos dirán cuál fue el cambio de 2000 a 2010.

También ella ha estudiado la secularización del matrimonio, que se ha visto reflejada primero en la continua disminución del porcentaje de parejas que se casan sólo por la Iglesia; en segundo lugar en el aumento de los matrimonios civiles, y finalmente en el aumento cada vez mayor de la cohabitación. Cito algunas cifras del trabajo de Julieta: la cohabitación alcanzó menos de 15% entre las mujeres de 30 a 34 años en 1990, para el año 2000 el porcentaje llegó a 20% y las cifras que tengo para 2010, facilitadas por un joven español, Albert Esteve, a quien estimuló Julieta, se observa que México está cambiando mucho, lo cual confirma el hecho de que muchas uniones entre los 25 y los 29 años siguen siendo en cohabitación.

Julieta ha dedicado cuatro décadas a investigar las transformaciones del matrimonio, la familia y la fecundidad en México y América Latina, y sus trabajos han sido un ejemplo para que se realicen estudios similares en otras regiones del mundo, como acaba de reconocer Teresa. Ella ha capacitado a un sinnúmero de estudiantes, de lo cual nos ofrecen excelentes ejemplos los capítulos del libro; realmente son trabajos magníficos porque se valen de gran cantidad de fuentes y metodologías.

Terminaré con algunas palabras sobre el libro. Para mí un libro que contiene capítulos elaborados por diez estudiantes, cuyas investigaciones fueron financiadas gracias al profesor, realmente es indicativo de una buena trayectoria y un magnífico ejemplo para los demás.

El texto es una verdadera proeza. Entre sus virtudes destaca el uso exhaustivo de los datos: censos, encuestas, entrevistas, estadísticas vitales, textos, legislación, etc.; y también la variada aplicación de las metodologías: tablas de decrementos múltiples, riesgos proporcionales, modelos multivariados, indicadores de Bongaarts y muchas más.

Para concluir hablaré un poco sobre la visión de Julieta acerca del futuro -es mi interpretación, aunque quizás no sea la de ella-. Julieta tiene una perspectiva histórica de los grandes cambios de la demografía de las poblaciones. Ella estimula en mi imaginación el deseo de reflexionar sobre las grandes transformaciones que ocurrieron en las últimas décadas del siglo XX y sobre las que se están acelerando en el siglo XXI. Aunque lejana, la igualdad de los sexos está en el horizonte, de ahí que el género sea una variable omnipresente en los trabajos que incluye el libro, así como su método comparativo aplicado a los demás países de la región, lo que también es un aporte.

Con el telescopio de Julieta se ve un poco del futuro: el amanecer de la segunda transición demográfica, el boom o la mancha negra de la cohabitación, las separaciones de hecho, y los hijos fuera de la unión. También vislumbra el efecto del internet y de la movilidad, siempre acelerando y cambiando los parámetros del mercado matrimonial. Además se refiere a la evolución de la homogamia con la unión entre parejas del mismo nivel educativo, y de la heterogamia con uniones entre personas de niveles educativos distintos. Incluso se atreve a estimar la fecundidad masculina, algo que es realmente impresionante.

Terminaré agradeciéndole su larga trayectoria y los trabajos del libro, que realmente me parecieron fascinantes y estoy seguro de que estimularán muchas investigaciones en el futuro. Muchas gracias.

Palabras de Beatriz Figueroa Campos *

Me siento muy emocionada porque voy a referirme a una colega muy estimada y con la que no sólo he compartido muchas actividades profesionales, sino experiencias de vida y una gran amistad.

Para hablar sobre la larga carrera profesional de Julieta Quilodrán se necesitaría mucho tiempo; no es fácil resumirla en 10 o 15 minutos, y menos aún sin citar algunas cifras, siendo demógrafa.

Julieta estudió dos licenciaturas en su nativo Chile: una en Ciencias Políticas y Administración y la otra en Sociología, ambas en la Universidad de Concepción; entre esas dos licenciaturas se fue a París en 1964 y obtuvo el certificado en Psicología Social en la Universidad de París-Sorbona. Regresó a Chile a enseñar en la Universidad de Concepción durante un año, y volvió a París de 1967 a 1969 a cursar un diplomado en Demografía en el Institut de Démographie de la Universidad de París.

Esos son los antecedentes de formación académica con los que Julieta llegó a México en febrero de 1970, atraída por dos acontecimientos demográficos: la nupcialidad -que después se convirtió en su objeto de estudio- y la migración internacional. Dos temas que están ahora de moda en el estudio demográfico y que en ese momento dieron a esta institución la posibilidad de ganar una demógrafa de excelencia.

¿En qué ámbito de la investigación demográfica e institucional habría de insertarse Julieta? En los años setenta en México y en América Latina había gran preocupación por las altas tasas de crecimiento de la población que se estaban registrando. Esta preocupación se había iniciado desde finales de la segunda guerra mundial en Estados Unidos y en especial en la Universidad de Princeton, donde los demógrafos llevaban a cabo proyecciones de población a escalas mundial y regional, necesarias para la reconstrucción de la Europa devastada por la guerra y para afrontar las necesidades de alimentación del planeta. Notestein, autor de estas proyecciones, estableció como premisa que la población era una variable dependiente del desarrollo económico y social. Estas proyecciones fueron la base para enunciar por primera vez la teoría de la transición demográfica. Si bien desde los años veinte se había intentado relacionar los cambios de la población con el desarrollo económico y social, el planteamiento no había tenido mucho éxito, pues las tasas de crecimiento de la población no eran tan altas y en algunos lugares eran más bien bajas, como en los entonces llamados “países industrializados”, como los europeos, Estados Unidos, etc. Las circunstancias posteriores a la segunda guerra mundial habían cambiado drásticamente el panorama demográfico: el “baby boom” en los países antes mencionados, el descenso generalizado de la mortalidad en todo el mundo debido a las medidas de sanidad, el empleo del DDT, el uso de los antibióticos y los sostenidos altos niveles de fecundidad, provocaron una gran inquietud por las altas tasas de crecimiento de la población, nunca antes vistas. Las proyecciones de Notestein establecieron que el desarrollo económico traía aparejados el descenso de la fecundidad y los cambios demográficos, por lo que se le debía promover para enfrentar las nuevas circunstancias. Al pasar el tiempo, ya para los años setenta, esa idea se había transformado: se postuló que para detener la explosión demográfica era necesario controlar la fecundidad. La mayoría de los países de América Latina tenía un crecimiento anual de 3% o mayor. Para los estadounidenses esto constituía un desafío, puesto que preveían que la población latinoamericana iba a crecer de tal manera que era imposible mantener el desarrollo económico y social, por lo tanto había que detener este crecimiento poblacional.

La preocupación por el crecimiento de la población y la necesidad de atender diversos aspectos derivados del desarrollo económico mundial de la posguerra dieron lugar a la creación de organismos internacionales en el seno de las Naciones Unidas (como la FAO, UNESCO, UNICEF, etc.), así como en otros ámbitos, tales como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. Específicamente en el campo de la población se crearon tres centros regionales para estudiar y capacitar personal para el estudio de la población: en Asia (Delhi, India, 1952), en América Latina (Santiago de Chile, 1957) y en África (El Cairo, Egipto, 1963).

En este ámbito la fundación del Centro Latinoamericano de Demografía (Celade) fue fundamental para el desarrollo de los estudios demográficos de la región. Desde sus inicios se integraron investigadores de varios países: Juan Carlos Elizaga y Jorge Somoza de Argentina, Alvino Bocaz de Chile y León Tabah de Francia; cabe destacar la figura de quien estuvo al frente de esta institución desde su comienzo, Doña Carmen Miró, de Panamá, quien moldeó y desarrolló toda una forma de enfrentar los estudios de población en la región. Este centro, que llevaba a cabo la investigación demográfica con un gran acento regional, tenía también vocación internacional, ya que se había formado a instancias de las Naciones Unidas. Los logros de Doña Carmen se ven reflejados en la planta que tenía el Celade, compuesta por especialistas de todo el mundo, como los mencionados y a los que hay que agregar los nombres de Walter Mertens de Bélgica, Robert Carleton y otros estadounidenses. Todos ellos llegaron a Chile a formar a los demógrafos latinoamericanos. Los primeros mexicanos que se formaron en esa institución fueron Gustavo Cabrera y Raúl Benítez, ambos pioneros de la enseñanza y la investigación demográfica en el país.

Siete años después de la fundación del Celade se abrió en México el primer centro nacional dedicado a la formación de estudiosos de la población: el Centro de Estudios Económicos y Demográficos (CEED), en el seno de El Colegio de México. La apertura de este centro fue posible gracias a la visión y decidida participación de Don Víctor Urquidi, y de la colaboración de los demógrafos mexicanos ya mencionados. Durante un largo periodo esta institución fue única en su género, pues es hasta finales de los setenta que se abrieron otros centros nacionales dedicados a la investigación y la docencia en población en la región latinoamericana.

La década de los setenta fue fundamental en el desarrollo de la demografía en América Latina. En 1970 se llevó a cabo la primera Conferencia Regional Latinoamericana de Población, que había venido gestándose unos años antes a instancias de la Unión Internacional para el Estudio Científico de la Población (IUSSP). La sede fue la Ciudad de México y contó con el patrocinio de El Colegio de México, el Celade, la CEPAL y la IUSSP; Víctor Urquidi fue su presidente, con Susana Lerner como secretaria general. Asistieron casi 200 especialistas en población de América Latina, lo que muestra que en esta región ya había una masa crítica suficiente para hacer estudios en dicha materia. Allí también estuvieron casi todos los estudiantes que habían sido enviados por sus diversos países a Europa o a Estados Unidos a formarse en demografía. Esta conferencia fue fundamental para el desarrollo de la demografía en la región no sólo porque permitió el encuentro de tantos especialistas, sino porque se hizo un recuento del estado de la investigación en materia de población. Los temas centrales fueron: mortalidad, fecundidad, urbanización, migración, políticas de población, y población y desarrollo económico.

El CEED, que tenía apenas seis años de haberse creado, fue sede de esta conferencia latinoamericana. Esto nos sirvió para lograr un intercambio de ideas entre los investigadores, y para que se integraran aquellos formados en América Latina con los que lo habían hecho en otras partes del mundo. Así se logró la integración, el diálogo y la discusión de todos los investigadores en un mismo nivel. Julieta llegó en febrero de 1970 y la Conferencia se celebró en agosto de ese mismo año. Ella se unió de manera no oficial al equipo que organizaba la reunión, lo que le permitió conocer a los demógrafos mexicanos. Entró a trabajar a El Colegio de México en ese mismo año dadas sus calificaciones académicas, y a la vocación de El Colegio y del Celade de integrar a investigadores de todas las nacionalidades, privilegiando además un enfoque interdisciplinario.

Una de las conclusiones de la Conferencia de 1970 fue que la variable más importante a estudiar en ese momento era la fecundidad. ¿Qué proyecto tenía El Colegio sobre el tema? Las encuestas sobre el estudio de la familia en zonas rurales -y en éste se invitó a colaborar a Julieta Quilodrán- fueron el primer gran proyecto latinoamericano de investigación. Algunos de ustedes se preguntarán, ¿y bueno, el gran proyecto de 1964 llamado “Familia y Reproducción” que se llevó a cabo en siete ciudades latinoamericanas, no fue un proyecto de la región? Si bien fue un proyecto latinoamericano que promovió el Celade y en México el IIS-UNAM, toda la información fue procesada en la Universidad de Chicago. No existían todavía en América Latina centros de investigación que pudieran hacerlo. El proyecto de fecundidad rural fue llevado a cabo por personal calificado de los numerosos países que formaron parte del mismo; los latinoamericanos, con la colaboración de investigadores de otras latitudes, realizaron desde el cuestionario hasta el procesamiento de la información, por lo que ya no fue necesario llevarlo fuera. Fue en este centro y en este momento cuando se incorporó Julieta Quilodrán a El Colegio de México.

Puedo decir que ingresó en una época y en un lugar donde cayó como anillo al dedo, porque la personalidad de Julieta tiene dos características esenciales que la hacen una investigadora de mucha calidad (aparte de muchas otras que después mencionaré): ser una ciudadana y ser muy institucional. En México decir que se es ciudadano -con su origen chileno- puede traer muchos problemas, pero ella ha sabido sortearlos y llegar a buen puerto. Y la característica de ser institucional, junto con la anterior, la han hecho muy exitosa en su carrera. Por supuesto que también están su disciplina, su tenacidad y su rigor en el uso de todas las metodologías del análisis demográfico. Todas estas características han sido fundamentales para que Julieta desarrollara su carrera profesional con tanto éxito en El Colegio de México. A esta institución la distinguía la pluralidad en los años setenta, y sigue siendo su característica: no importa la nacionalidad, siempre y cuando se esté interesado en los temas prioritarios, de punta, que se abordan en las diversas disciplinas que se estudian en El Colegio de México.

El “dueño” del proyecto en el que Julieta se insertó en un principio -y lo digo entre comillas porque fue un gran maestro nuestro- era Raúl Benítez Zenteno, quien decía “el tema de fecundidad es mío, ustedes pueden trabajar los otros que están relacionados con el tema de la familia en México”. Ya se mencionó que la nupcialidad se consideraba una variable intermedia. En esa época el marco analítico de Davis y Blake de 1956 sobre las variables intermedias servía de guía para la investigación en fecundidad. En ese momento era adecuado estudiar la nupcialidad con ese enfoque. Se había visto que en América Latina había una fecundidad natural, y por lo tanto la edad a la primera unión era fundamental, así como el tipo de unión, pues eso determinaba el número de hijos que se tenían a lo largo de la vida reproductiva de las mujeres. Julieta eligió y también le asignaron el tema de la nupcialidad. Yo creo que fue el inicio de toda su carrera, pero su interés por la nupcialidad y su relación con la fecundidad no terminó con ese proyecto, sino que perseveró y trabajó con Benítez Zenteno, y en 1984 publicó su primer libro -La fecundidad rural en México- en donde figura como compiladora junto con Benítez Zenteno.

Ahora me referiré someramente a sus publicaciones. Ha publicado tres libros como autora; uno ya lo mencionó Robert McCaa: Un siglo de matrimonio en México -su tesis doctoral de la Universidad Católica de Lovaina, en donde obtuvo su grado en los años noventa-, pero antes están Niveles de fecundidad y patrones de nupcialidad en México y Nuevas pautas reproductivas en México, en coordinación con Fátima Juárez y Ma. Eugenia Zavala de Cosío. La primera publicación tuvo la particularidad de que en un principio la publicó la Universidad Católica de Lovaina, en francés, por la excelencia y calidad de la tesis, y ya después El Colegio de México la editó en español.

Ha publicado aproximadamente 22 capítulos en libros y otros 20 artículos en revistas académicas especializadas, tanto mexicanas como en el extranjero (Canadá, Francia y Chile); además es coautora de siete u ocho artículos editados en diversas publicaciones. Esto nos permite tener una noción de su producción editorial.

Tanto Robert McCaa como Teresa Castro han hablado muy ampliamente sobre sus líneas de investigación, yo sólo quiero mencionar que ha trabajado sobre la nupcialidad y la familia. En sus estudios promovió ampliamente el análisis demográfico y específicamente el análisis longitudinal. Ha ido evolucionando en el tratamiento de sus temas; los primeros que vimos eran sumamente cuantitativos, basados primordialmente en tablas de nupcialidad. Su interés y experiencia la han llevado a estudiar muchos otros aspectos de la formación de la familia, como lo han mencionado quienes me precedieron. También he de destacar algo que ya se mencionó: Julieta ha trabajado todo tipo de fuentes de datos: los censos, las estadísticas vitales, las encuestas. Alguien dirá, ¡pero no ha abordado cuestiones cualitativas!, pero ahí están los trabajos sobre las pioneras, en donde analizó datos cualitativos. En suma, Julieta ha trabajado en sus investigaciones todas las fuentes de datos, incluyendo las entrevistas a profundidad y los datos cualitativos.

En cuanto a la docencia, ha dado cursos de análisis demográfico, de introducción a la demografía, y por supuesto, sobre nupcialidad y familia. Ha impartido estos cursos principalmente en El Colegio de México y en El Colegio de la Frontera Norte, pero también en instituciones extranjeras como la Universidad de Córdoba, en Argentina, en la Universidad de Chile y en la Universidad Autónoma de Barcelona, en España.

Ha dirigido cuatro tesis de doctorado que ya están terminadas, y en siete ha sido jurado o lectora. Ha sido directora de 14 tesis de maestría y una de licenciatura.

Como ven, su fortaleza ha sido la investigación y la docencia, pero también ha desempeñado actividades académico administrativas en El Colegio de México: ha sido coordinadora académica de la maestría en Demografía en dos ocasiones: de 1977 a 1979 y de 1981 a 1984; también fue coordinadora del doctorado en Estudios de Población de 1994 a 1997. Y algo que la mayoría desconoce: fue fundadora del programa de investigación del Programa Interdisciplinario de Estudios de la Mujer (PIEM) en 1985, y durante un año más fue su promotora.

En numerosas ocasiones ha sido ponente en conferencias generales y seminarios especializados, así como organizadora de sesiones. En el desempeño de estas responsabilidades le ha correspondido seleccionar ponencias para sesiones, labor que no es nada fácil, ya que en ocasiones se tiene que revisar y calificar más de 100 trabajos para seleccionar seis u ocho que pasarán a formar parte de las sesiones.

Julieta tiene una amplia vinculación con la comunidad demográfica nacional e internacional. Formó parte de la mesa directiva de la Sociedad Mexicana de Demografía (Somede) en el periodo 1989 a 1991 y colaboró en la organización de la Reunión Nacional de Demografía de 1990; fue miembro del Comité Internacional y del Comité Nacional de la Conferencia sobre el Poblamiento de las Américas, realizada en Veracruz en 1992 (organizada por la IUSSP en colaboración con la Somede); formó parte de la delegación de la IUSSP en la Conferencia del Cairo sobre Población y Desarrollo de Naciones Unidas (ICPD) en 1994; también fue miembro del Comité de Nominaciones para el Consejo Directivo de la IUSSP, y actualmente es la responsable del Comité sobre Nupcialidad de la misma organización.

Otro aspecto de su vocación internacional, menos conocido, es la promoción de convenios entre El Colegio de México y otras instituciones educativas, como el que se firmó con la Universidad Católica de Lovaina, Bélgica, el convenio con la Universidad de Córdoba, Argentina, y el celebrado con la Universidad de Concepción, Chile. Asimismo ha promovido y participado en convenios con instituciones de España.

Para finalizar mi intervención no quiero dejar de ponderar un elemento muy importante: su éxito profesional ha quedado claramente establecido por los que me precedieron en la palabra y por lo que he expresado al respecto, pero considero que su mayor logro y satisfacción es su familia. Ha sabido combinar el trabajo profesional con la formación de dos hijos encantadores que están hoy aquí, Carolina y Rafael. Y algo más que es quizás su mayor éxito: ha sido llevar su matrimonio como una pareja sumamente integrada con Rubén, y de eso debe estar más orgullosa que de su vida profesional.

Palabras de Viridiana Sosa *

Es para mí un gusto y un honor participar en esta mesa junto a profesores tan reconocidos, los cuales también me dieron clases, y además celebrar este tan merecido homenaje a la trayectoria que durante 41 años ha seguido la doctora Quilodrán como profesora investigadora.

Cuando me pidieron que formara parte de este pódium pensé en la enorme responsabilidad que representa hablar ante todos ustedes de mi experiencia como estudiante de la doctora y de mi experiencia personal con ella, porque además de que me ha dado muchos conocimientos ha sido para mí como una segunda madre que me ha acogido y me ha transmitido sus conocimientos, por lo cual me agrada mostrarle en esta oportunidad mi agradecimiento por todo lo que he recibido de ella a lo largo de mi carrera como demógrafa y como persona.

La doctora Quilodrán ha sido una persona muy importante para mí; de ella he aprendido primero como estudiante de maestría, posteriormente como becaria, y como investigadora asociada cuando le autorizaron su proyecto de investigación en Conacyt. Me invitó como asociada de proyecto para desarrollar algunos temas y tuve la oportunidad de hacer entrevistas a profundidad, lo cual representó un reto para mí ya que no tenía experiencia en ese campo, pues mi formación inicial es de administradora de empresas y después de demógrafa. Ella me enseñó, junto con Fátima Juárez, a practicar entrevistas en el tema de las pioneras ya comentado, de donde surgieron datos muy interesantes que aparecen en el libro que hoy se presenta. La doctora Quilodrán me invitó a participar en coautoría en algunos trabajos para un proyecto, y de ellos aprendí muchísimo; uno fue el de la fecundidad masculina, que comentó antes McCaa, por el que se nos consideró casi herejes al tratar de investigar algo que todos dicen que no se puede tocar. De todos estos trabajos aprendí mucho, y el proyecto que hoy se resume en el libro Parejas conyugales en transformaciónsignificó la aplicación del aprendizaje de la maestría, la oportunidad de realizar investigación e ir enamorándome del tema de la formación de las familias, y más específicamente de la nupcialidad, y todo este trabajo me ha incitado a seguir mis estudios sobre esa materia y a hacer el doctorado con la guía de la doctora Quilodrán, pues ella dirigió mi tesis.

Sé también que el libro que hoy se presenta representó un gran esfuerzo para la doctora, quien tuvo que solicitar recursos para llevarlo a cabo, lo cual dio como resultado que Conacyt financiara dos proyectos de investigación que analizaron diversos temas relacionados con la formación familiar empleando diferentes metodologías, y además sirvieron para formar estudiantes tanto de licenciatura como de maestría, muchos de los cuales están hoy presentes y son coautores del libro Parejas conyugales en transformación: Maribel Gómez, Alexandra Boyer -que probablemente nos esté viendo desde Aguascalientes, ya que no pudo venir-, Adriana Pérez, Michelle Morales, Fátima Juárez --que esperamos nos esté viendo desde Estados Unidos-, Julieta Pérez, Elsa Pérez, Elías Esquivel, Carmen Díaz y Jaqueline Vassallo. Algunos de ellos están presentes hoy, otros desgraciadamente no pudieron acompañarnos por cuestiones de trabajo, pero estoy segura de que para ellos, al igual que para mí, este proyecto ha sido una parte muy importante de nuestra formación profesional. He de mencionar el apoyo constante de Jaime Ramírez en muchos de los trabajos que requirieron el manejo de bases de datos, y el de René Morales en la edición del libro.

Como estudiante y como profesional he admirado el constante interés de la profesora Quilodrán por mantener en la agenda demográfica el tema de la formación familiar, y más específicamente el de la nupcialidad, a pesar de que no se le considere parte de la ecuación básica del cambio poblacional, aunque a mi parecer deba estudiarse como un indicador del cambio social. El constante impulso que ha dado a mantener el tema de la formación de las parejas en el quehacer demográfico ha llevado a la doctora Quilodrán a presidir en la actualidad el Comité de Nupcialidad de la Unión Internacional para el Estudio Científico de la Población (IUSSP), lo que constituye un reconocimiento a su esfuerzo y a su trabajo en el ámbito internacional.

La referencia a su obra es obligada cuando se aborda el tema de la nupcialidad. Su esfuerzo por coordinar cada año la Cátedra Bourgeois Pichat y por mantener en la discusión los temas actuales que se debaten en el mundo para que los demógrafos mexicanos estén al tanto de ellos y de los retos que plantean, es una labor trascendental.

Recuerdo que en clase nos hablaba de los cambios en los modos de vida, sobre todo con referencia a la familia y de que los cambios cuantitativos, como las edades al matrimonio, las edades a la disolución, la duración de las uniones; y los cambios cualitativos, como la homogamia, los tipos de unión y la naturaleza de la disolución nos plantean nuevos retos a los estudiosos de la familia por lo que debemos mantenernos en una constante búsqueda de las causas de tales cambios.

La doctora es una investigadora que procura mantenerse siempre actualizada sobre los trabajos que se hacen en México y en el mundo entero en torno a la nupcialidad y otros temas de interés; trata de conocer las metodologías y ver si se pueden reproducir en nuestro país para entender mejor los procesos que se observan en la actualidad y darlos a conocer a sus alumnos. Nos hablaba de la importancia de no limitarnos a los trabajos de una misma procedencia, de incluir en la medida de lo posible diversas visiones de un mismo fenómeno, de seguirnos preparando, de poner atención en lo que se afirma respecto a los cambios en las familias, de situar las cifras en el contexto al que se refieren y de ser muy cuidadosos en los conceptos que usamos.

Para finalizar he de hacer patente el gran cariño y estima que sentimos por la doctora todos los que estamos aquí, e incluso algunas otras personas que no pudieron estar hoy presentes.

Con su ejemplo como investigadora la doctora Quilodrán me inculcó la importancia del trabajo meticuloso en el dato y el pensamiento crítico. Muchas gracias doctora Julieta.

Palabras de Manuel Ordorica *

En principio quiero transmitir un mensaje del doctor Javier Garciadiego, presidente de El Colegio de México, quien me pidió que le diera saludos y una calurosa felicitación a Julieta Quilodrán en este reconocimiento tan merecido a quien ha aportado tanto a la demografía de nuestro país.

Yo no me voy a referir a su libro Parejas conyugales en transformación porque mis antecesores ya lo han hecho en forma inmejorable y además porque no soy experto en el campo de la nupcialidad, al menos desde el punto de vista teórico demográfico. También han hecho un amplio recuento de sus trabajos demográficos.

Me da mucho gusto participar en este reconocimiento a la trayectoria de Julieta Quilodrán a quien conozco desde hace 40 años. Cuando llegamos aquí, los demógrafos empezaron inmediatamente a emplear su diagrama de Lexis virtual para sacar sus cuentas. Julieta y yo compartimos el mismo cubículo y el mismo escritorio en El Colegio de México cuando éste se ubicaba en la calle de Guanajuato número 125, en la colonia Roma. Ella trabajaba medio tiempo por la mañana y yo medio tiempo en la tarde. Compartíamos también las calculadoras electrónicas con las que hacíamos las estimaciones demográficas por medio de sumas, restas, multiplicaciones y divisiones, y a veces raíces cuadradas. Tenían una ventaja: al hacer las cuentas manualmente podíamos sentir los datos como si hablaran y nos indicaran el camino analítico más conveniente a seguir: había una mayor relación entre los métodos y el pensamiento. A lo largo de los años nos damos cuenta de que las fórmulas o ecuaciones más sencillas han sido las que han cambiado a la humanidad, como la famosa fórmula de la relatividad de Einstein: E=mc2. Menos técnicas y más imaginación.

Cuando teníamos que hacer muchos cálculos y más complejos acudíamos a las computadoras que nos prestaban algunas instituciones, Pemex entre ellas. Teníamos que trabajar en la noche para poder usarlas cuando sus programadores no estaban. Era la época de las famosas tarjetas perforadas que tenían que ponerse ordenadamente para que la lectora pudiera hacer los cálculos en Fortran o Algol. El lenguaje de programación nos permitía entender muy bien el proceso de cálculo que seguía el algoritmo, no como ahora, que aplicamos mecánicamente paquetes de cómputo y no sabemos qué hacen ni cuáles son las hipótesis del modelo. ¡Cuántas veces no se habrán caído y revuelto las tarjetas!, pero de todos modos obteníamos resultados.

Durante los 40 años desde que nos conocimos han ocurrido muchos cambios demográficos. Aunque todos estos años han pasado a gran velocidad, como un suspiro, estoy seguro de que nos ha tocado vivir un momento estelar en la historia demográfica de México. La esperanza de vida pasó de 60 a 75 años, y la tasa global de fecundidad se redujo de siete a dos hijos por mujer. Lo que quiero decir es que en un instante se han producido grandes transformaciones de la demografía en nuestro país. Creo que los demógrafos le hemos cumplido a la sociedad mexicana con las investigaciones y proyecciones que hemos realizado, orientadas a definir la política de población y así mejorar las condiciones de vida.

En estos 40 años vimos que las generaciones de los años sesenta y setenta empezaron a cambiar sus comportamientos matrimoniales. En los setenta veíamos familias numerosas, pero ya se vislumbraba un cambio demográfico. Las aspiraciones de los jóvenes de esas generaciones fueron tener pocos hijos, pero persistiendo en la idea de formar una familia. Hoy vemos que muchos solteros viven con su familia de origen por más tiempo y luego se relacionan en unión libre. Hay más separaciones y divorcios. Están más tiempo free, como dicen los jóvenes. Todo esto nos ha tocado vivirlo y muchos de tales cambios se presentan en el libro que coordina Julieta.

En 40 años de conocernos tuvimos la oportunidad de ver un México con una transformación demográfica impresionante, de alta fecundidad, alta mortalidad, fuerte migración a las zonas metropolitanas y mujeres que se casaban jóvenes, pasó a una caída rápida en la fecundidad y en la mortalidad. En 40 años llegamos al reemplazo, y en la esperanza de vida estamos alcanzando los niveles de los países desarrollados. Los jóvenes no se quieren casar ni unir. Hoy es más común ver que padres viejos viven con sus hijos que están entrando a la vejez.

Julieta Quilodrán ha sido una destacada profesora investigadora en análisis demográfico, conocida por sus investigaciones sobre familia y nupcialidad. Es una referencia obligada en la investigación en la demografía mundial. En 1998 un grupo de instituciones mexicanas dedicadas a la disciplina le otorgó el Premio Bienal de Investigación Demográfica en la categoría de mejor investigación por su tesis de doctorado sobre el matrimonio en México. Mujer inteligente y directa, ha sido una incansable luchadora en la defensa del análisis demográfico como eje rector e instrumento fundamental de los estudios de población. Sus alumnos la consideran una profesora rigurosa. Hace unos días ella me comentaba que en una ocasión le puso un uno de calificación en una tarea de análisis a un alumno -uno sobre 10-. El licenciado Cabrera la mandó llamar y le dijo: Julieta, las calificaciones deben ser más altas en este lugar.

Ha sido parte importante del grupo de profesores que han formado a un gran número de generaciones de demógrafos. Los coautores de los capítulos son una muestra de que ha hecho escuela en el campo de su especialidad. A la fecha ha impartido cursos a prácticamente todos los estudiantes de la maestría en demografía y del doctorado en Población en El Colegio de México. Muchos de ellos y ellas se encuentran trabajando en el campo de las políticas de población o en la generación de información o haciendo investigación. Quienes la tuvieron como profesora la recuerdan con admiración y reconocimiento y se consideran afortunados por haber sido sus alumnos.

La influencia de Julieta ha sido decisiva en el desarrollo de la demografía en México. Me siento muy honrado por haber compartido sus reflexiones en torno a la enseñanza de la demografía. Coincidimos en que el análisis demográfico no debe confundirse con la aplicación mecánica de técnicas, como ocurre cuando nos enseñan la canción de las tablas de multiplicar pero no su explicación, es como si nos enseñaran la melodía pero no la armonía ni el ritmo. Una virtud de Julieta es que une los trabajos cualitativos y los cuantitativos.

El impulso de Julieta Quilodrán a la demografía no se ha limitado a lo que realiza en El Colegio, ha llevado sus conocimientos a diversos lugares, entre los que destaca su natal Chile, Haití, Argentina, y ha efectuado estancias en el INED, en la WFS (World Fertility Survey) en Londres, en la Universidad de Barcelona, en la Universidad de Lovaina, en el Colef, entre otras instituciones. Asimismo ha sido líder y parte de cuerpos académicos de carácter mundial en su campo de estudio en la Academia Mexicana de Ciencias, en la IUSSP, en la PAA, en la Somede, en la ALAP, etcétera.

Hoy estamos aquí para reconocer su trabajo en el CEDUA, centro que es también como una familia donde algunos profesores que están en la cúspide de la estructura por edad dejan su espacio en El Colegio para que lo ocupen los nuevos investigadores. Es como una población estacionaria con igual número de salidas que de entradas, con la virtud de que en el proceso los demógrafos que salen pueden proporcionar a los que llegan su valiosa experiencia. Ella misma y Rubén, su esposo, han reproducido en su vida familiar con sus dos hijos, un hombre y una mujer (Rafael y Carolina), en forma exacta el estado estacionario, que significa un crecimiento cero y una tasa de reproducción del reemplazo exacto: cumplió con la política de población.

Finalmente he de mencionar que a partir de los avances de la ciencia médica y en consecuencia del aumento en la esperanza de vida al nacer, según las últimas tablas de vida de Naciones Unidas, no las del Conapo, aprovecharemos a Julieta con su experiencia por muchos años más en el estudio de la nupcialidad, en el que veremos sucesiones de familias ampliadas conformadas por varias generaciones, cada una con pocos hijos e hijas compartiendo quizás una vivienda. Felicidades Julieta.

Palabras de Julieta Quilodrán *

Agradezco a todos su asistencia, y particularmente a Silvia Giorguli, directora actual del Centro donde siempre trabajé, la idea de realizar este reconocimiento. Lo acepto con un gusto tremendo y lo guardaré como un gesto de generosidad del CEDUA, de mi centro y de El Colegio de México, que cuando llegué a vivir a México me acogió recién titulada de demógrafa y me permitió hacer una carrera durante los 40 años en los que me brindó el espacio para desarrollarme.

También agradezco a mis colegas del Centro que están presentes aquí, a mis compañeros de otros centros que también me acompañan en esta oportunidad y a cada uno de ustedes su presencia de hoy.

Asimismo están presentes algunos exbecarios y exalumnos, ahora colegas. Hay personal administrativo con el cual tuve cercanía, y he de agradecerles a ellos y al personal de cómputo, que en la vida cotidiana de trabajo e investigación han sido siempre muy importantes. Desde antes de las pc, con Gustavo Argil, aquí presente, a quien le pedíamos que nos hiciera los cruces para realizar los cuadros e interpretarlos. Agradezco también a muchos otros de afuera y adentro de El Colegio que de alguna manera nos ayudan en nuestro trabajo.

Me referiré a los comentaristas del libro: a Teresa Castro y Robert McCaa, porque generosamente aceptaron venir de tan lejos para estar aquí este día. También tengo que agradecerles que hayan leído bien el libro para hacer sus comentarios y darle una perspectiva que yo en realidad no había percibido. Gracias por estas estupendas observaciones que serán de mucha utilidad para quienes estén trabajando en el tema de la formación familiar o quieran trabajar en él, y seguir en este mundo que va a irse transformando cada vez más rápido y que requiere muchos investigadores para comprender la situación que viene.

Estoy segura de que los coautores se sienten tan contentos como yo con la presencia de ustedes y con sus comentarios. Para mí este libro significa mucho porque de alguna manera ilustra el esfuerzo que hacemos constantemente los profesores investigadores por combinar la investigación y la enseñanza.

He de agradecer a mis compañeros de ruta, Beatriz Figueroa y Manuel Ordorica, sus comentarios. Les agradezco el recorrido que hicieron de mi trayectoria presentando algunos hechos y vivencias que compartimos. Tengo que reconocer que lo hicieron con conocimiento de causa, puesto que hemos hecho juntos el recorrido desde 1970 o 1971 y sus recuerdos me llevaron a aquellos tiempos en que llegué a El Colegio, al CED -en la calle de Guanajuato-. Me acuerdo de algunas personas que fueron fundamentales para mí en mis primeros años de ingreso a El Colegio:

  • Del licenciado Cabrera, que era el director del Centro cuando entré y que disfrutaba haciéndome bromas aprovechando mi desconocimiento del “español de México” y el conocimiento que él tenía del “chileno”; también recuerdo que me llamó la atención cuando comencé a repartir notas muy bajas entre mis alumnos, como ya comentó Manuel.
  • Del licenciado Benítez Zenteno, quien encabezó el primer grupo de análisis de la Encuesta de Fecundidad Rural, del cual salió un libro. Él nos llevó a trabajar a lo que se llamaba entonces el “vestidor de mujeres”, que estaba a un lado del estadio olímpico universitario y era una instalación que se había hecho para las olimpiadas y que tenía unos huecos sin vidrios; ahí nos entumimos a gusto, pero ahí también nos iniciamos en la investigación. No sé si está Brígida aquí, pero se acordará de que nos mandó a hacer tabulaciones y cruces de variables al aire con la información de la Encuesta de Fecundidad Rural, “ahí lo que ustedes inventen”, nos dijo, e hicimos unas 400 que desde luego nadie usó porque cada uno de los que escribieron un artículo usó las propias. Pero así eran las cosas en esa época y así nos entrenamos para hacer muchas otras; aprendimos sobre la marcha y a conocer bien las encuestas.
  • También recuerdo a don Víctor Urquidi, que reavivó en mí con algún comentario el interés por seguir estudiando la nupcialidad en México que hoy tanto se ha mencionado. Yo ya la iba a abandonar, a nadie le interesaba el tema, iba a volver a la fecundidad que estaba mucho más de moda y que daba para mucho más. Don Víctor hizo un comentario sobre la importancia del tema y así yo seguí desarrollándolo con todos los productos que ustedes han visto.
  • Y recuerdo también a un colega que partió muy pronto, teniendo todavía mucho que aportar, Luis Unikel, quien fue un muy buen jefe. Yo fui coordinadora por primera vez en su tiempo, y fue una grata experiencia tenerlo como jefe.

Estoy muy emocionada al ver aquí a tanta gente y al recibir tantos mensajes que me han llegado por correo y personalmente. Es una muy bonita forma de irse, aunque Manuel dice que vamos a seguir, pero quién sabe. Gracias también a mis amigos y a mi familia por su apoyo de siempre: a Rubén, a mis hijos Carolina y Rafael, a Yanara y Paco, y un beso para mis nietos, que estoy segura de que me están viendo a través de video streaming. No sé si fui justa con los de la mesa, con sus comentarios, si mencioné a todos. Viridiana es para mí muy importante porque representa, como dijo Silvia, una exalumna; fue muy emotivo saber que uno les ha dejado algo a los estudiantes, no hay mejor regalo para un profesor. Muchas gracias.





Notas al pie:

3.

fn3Directora del Centro de Estudios Demográficos, Urbanos y Ambientales de El Colegio de México. Correo electrónico: <sgiorguli@colmex.mx>.


4.

fn4<http://www.ipums.org>.


*.

fn5Profesora investigadora del CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Científicas), Madrid. Correo electrónico: <teresa.castro@cchs.csic.es>.


1.

fn6Teresa Castro Martín, Clara Cortina, Teresa Martín García e Ignacio Pardo (2011), “Maternidad sin matrimonio en América Latina: un análisis comparativo a partir de datos censales”, Notas de Población, núm. 93, pp. 37-76.


*.

fn7Profesor investigador de la Universidad de Minnesota. Correo electrónico: <rmccaa@umn.edu>.


1.

fn8Tazón de cerámica para café o cerveza


*.

fn9Profesora investigadora del Centro de Estudios Demográficos, Urbanos y Ambientales de El Colegio de México. Correo electrónico: <beafig@colmex.mx>.


*.

fn10Profesora investigadora del Centro de Investigación y Estudios Avanzados de la Población de la Universidad Autónoma del Estado de México. Correo electrónico: <virisosa@yahoo.com>.


*.

fn11Secretario general de El Colegio de México. Correo electrónico: <mordori@colmex.mx>.


*.

fn12Profesora investigadora del Centro de Estudios Demográficos, Urbanos y Ambientales de El Colegio de México. Correo electrónico: <jquilo@colmex.mx>.


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ESTUDIOS DEMOGRÁFICOS Y URBANOS, vol. 34, núm. 3 (102), septiembre-diciembre, 2019, es una publicación electrónica cuatrimestral editada por El Colegio de México, A.C., con domicilio en Carretera Picacho Ajusco núm. 20, col. Ampliación Fuentes del Pedregal, delegación Tlalpan, C.P. 14110, Ciudad de México, tel. +52 (55) 5449 3031, página web: www.colmex.mx, correo electrónico: ceddurev@colmex.mx. Editor responsable: Manuel Ángel Castillo. Reserva de Derechos al Uso Exclusivo: 04-2016-031810381800-203, ISSN impreso: 0186-7210, ISSN electrónico: 2448-6515, ambos otorgados por el Instituto Nacional del Derecho de Autor. Responsable de la última actualización de este número: Leticia Argüelles, Carretera Picacho Ajusco núm. 20, col. Ampliación Fuentes del Pedregal, delegación Tlalpan, C.P. 14110, Ciudad de México. Fecha de última modificación, 09 de septiembre de 2019.

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