Homicidio y marginación en los municipios urbanos de los estados más violentos de México, 2000-2005

Elmyra Ybáñez Zepeda*Maritel Yanes Pérez**

Profesora investigadora del Departamento de Estudios de Población, El Colegio de la Frontera Norte. Correo electrónico: <elmyra@colef.mx>. Estudiante de doctorado en Estudios de Población, El Colegio de México. Correo electrónico: <myanes@colmex.mx>.

* Elmyra Ybáñez Zepeda es doctora en Estudios de Población por El Colegio de México. Actualmente es profesora investigadora del Departamento de Estudios de Población en El Colegio de la Frontera Norte.
* Maritel Yanes Pérez es licenciada en Derecho por la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco y maestra en Demografía por El Colegio de la Frontera Norte. Actualmente es estudiante del doctorado en Estudios de Población en El Colegio de México. Sus temas de interés son género, violencia y homicidios.


Resumen:

En el año 2000, cinco millones de personas perdieron la vida por algún tipo de muerte violenta en el mundo. Las muertes por accidentes de tránsito llegaron a 1.2 millones; 815 mil personas cometieron suicidio y hubo 512 mil asesinatos. En México las muertes violentas han disminuido en general, pero se han incrementado las muertes por homicidio: los datos del Sistema Nacional de Información en Salud muestran que en el año 2000 éste ocupaba el noveno lugar entre las veinte principales causas de mortalidad y en 2010 llegó al quinto puesto.

El objetivo central de este artículo es analizar si la condición de marginación de un municipio urbano de los estados más violentos de México tiene relación con una alta tasa de homicidios. Los resultados de este estudio muestran que los datos no revelan una relación entre la tasa de homicidio y el grado de marginación. Otro de los hallazgos es que se observan tasas más altas e inestables en ciudades con fuerte crecimiento de la población o ubicadas en puertos y zonas de tránsito poblacional intenso.

Recibido: 09-05-2011; Aceptado: 28-06-2012

Estudios demográficos y urbanos, 2013

Palabras clave: muerte violenta, homicidio, municipios, México.
Key words: violent death, homicide, municipalities, Mexico.

Introducción

En el año 2000 cinco millones de personas perdieron la vida por algún tipo de muerte violenta en el mundo. Las muertes por accidentes de tránsito llegaron a 1.2 millones; 815 mil personas cometieron suicidio y hubo 512 mil asesinatos (Peden, McGee y Sharma, 2002). La Organización Panamericana de la Salud (OPS) reporta que América Latina es una de las regiones del mundo más afectadas por la violencia, pues anualmente se registran allí cerca de 120 mil homicidios (OPS, 2002).

Se argumenta que México es un país tan violento como Irak o Afganistán, que están en guerra, y la muerte de 60 mil personas en la “guerra contra el narco” a partir de 2007 parece justificar esta fama. De hecho, Ciudad Juárez, Chihuahua, se considera una de las ciudades más peligrosas del mundo por el número de homicidios que ahí se perpetran, y desafortunadamente se le ha reconocido internacionalmente por el cúmulo de asesinatos de mujeres que allí se han cometido desde la década de 1990.

Sin embargo las muertes violentas por homicidio habían disminuido paulatinamente en México hasta principios del presente siglo. Héctor Hernández (1989) refiere que pasaron de constituir el 15.8% del total de las muertes en 1980 al 12% en el año 2000. Sin embargo, según datos del Sistema Nacional de Información en Salud (Sinais, 2009), en el año 2000 la muerte por homicidio ocupaba el noveno lugar entre las 20 principales causas de mortalidad; en el año 2009 se ubicó en el sexto y finalmente, en 2010 llegó al quinto puesto.

La incidencia del homicidio no es homogénea en México, pues en algunos estados las tasas se encuentran muy por arriba del promedio nacional; así, mientras en 2009 la tasa de homicidios para todo el país era de 17.9 por cada 100 000 habitantes, en Morelos era de 59.0, de 63.7 en Guerrero, de 74.9 en Sinaloa, de 88.9 en Durango, y la tasa más alta, de 107.1 homicidios por cada 100 000 habitantes, correspondía a Chihuahua. A pesar de que en México el homicidio se asocia con la inseguridad pública, no existen suficientes estudios empíricos capaces de medir su incidencia y su relación con los procesos económicos y sociales.

El objetivo central de esta investigación es analizar si la condición de marginación de un municipio urbano de los estados más violentos de México tuvo relación con una alta tasa de homicidios durante la primera parte de la presente década, cuando todavía no se incrementaba la tasa de homicidios. De lo anterior se desprenden dos preguntas centrales de investigación: ¿cuál fue el comportamiento de la muerte violenta por homicidio por grupos de edad y sexo en los municipios urbanos de los estados con mayor violencia entre 2000 y 2005?, y ¿existe alguna relación entre la muerte violenta por homicidio y el índice de marginación del municipio donde habitaba la víctima en 2000 y 2005?

En el presente artículo se analiza la diferencia en el comportamiento del homicidio según sexo y edad en los municipios urbanos de las entidades federativas más violentas de México, con la intención de examinar las diferencias en la propensión a cometer homicidios de hombres y mujeres. En ese sentido es importante destacar que se ha venido incrementando el número de mujeres que fallecen por homicidio (Sinais, 2009). Otra cuestión importante es verificar si en los municipios urbanos de los estados más violentos las víctimas de homicidio registradas eran jóvenes. En 2007 el homicidio fue la segunda causa de muerte para los hombres de entre 15 y 19 años (Sinais, 2009).

Los datos que sirvieron para realizar este artículo provienen de varias fuentes de información. En primer lugar, para la construcción de las tasas de mortalidad por homicidio se utilizaron las Estadísticas Vitales de la Secretaría de Salud entre 1999 y 2006.1 Para calcular las tasas de mortalidad de cada uno de los años considerados se utilizaron las proyecciones de población estimadas por Conapo para el periodo 2000-2005. También se usó el índice de marginación de Conapo para el mismo periodo.

Homicidio y marginación en México

El homicidio es un problema social multifacético, de ahí que su análisis a partir de una disciplina como la demografía contribuya a descifrar con elementos cuantificables algunas de las relaciones sociales, económicas y culturales que se han establecido en torno a su incidencia.

El homicidio no solamente es un delito, sino la máxima manifestación de la violencia; representa un problema social y es, sin duda, un fenómeno que consterna a todas las sociedades. El homicidio es “la privación de la vida provocada injustamente por una persona a otra” (Díaz, 1986). La Comisión Mexicana de Derechos Humanos AC (2004: 7) manifiesta que el estudio del homicidio tiene una importancia fundamental para la comprensión de la violencia y la discriminación en virtud de que la privación de la vida a otro ser humano es uno de los actos de agresión más extremos. Además, el acto homicida indica la existencia de animadversión previa hacia la víctima y muy probablemente también muestre un clima de violencia hacia el grupo social al que ésta pertenece.

No hay país ni comunidad que se encuentre a salvo del homicidio, que está presente en las calles y en los hogares, en las escuelas, en los lugares de trabajo y en los centros en que se reúne la población. Desgarra el tejido social y amenaza la vida, la salud y la felicidad de todos. Por cada persona que muere por causas violentas, muchas más resultan heridas y sufren una diversidad de problemas físicos, sexuales, reproductivos y mentales (Organización Mundial de la Salud, WHO, 1996).

Un concepto muy importante en el estudio de la muerte por homicidio es el de la violencia, que es un fenómeno extraordinariamente complejo cuyas raíces se encuentran en la interacción de muchos factores (OPS, 2002). A pesar de que existe una extensa bibliografía acerca de la violencia, se siguen planteando interrogantes que aún no han sido resueltos y todavía no se han superado algunas cuestiones de orden teórico, metodológico y práctico (López, Híjar, Rascón y Blanco, 1996).

En esta investigación se utiliza la definición que emplea la Organización Mundial de la Salud (OMS), donde define la violencia como “el uso deliberado de la fuerza física o el poder, ya sea en grado de amenaza o efectivo, contra uno mismo, contra otra persona o un grupo o comunidad, que cause o tenga muchas probabilidades de causar lesiones, daños psicológicos, trastornos del desarrollo o privaciones” (WHO, 1996: 5).

El estudio de los actos homicidas es multifactorial: buena parte de ellos son de índole social, como el estrés, el alcoholismo, la violencia familiar y el maltrato infantil (Delgado, Rodríguez-Pulido y González de Rivera, 1993). Por el número de víctimas y la magnitud de las secuelas que produce la violencia, se ha convertido en un problema no sólo de seguridad, sino también de salud pública (Román y Sotomayor, 2010).

Lucena et al. (2008), en su estudio sobre el homicidio en la provincia de Sevilla, España, entre 2004 y 2007, con especial referencia a los homicidios de mujeres, argumentan que el número de homicidios es uno de los parámetros que mejor reflejan el grado de seguridad ciudadana de una población, por lo que su análisis aporta una valiosa información de interés médico-forense y también social.

En un estudio sobre las muertes por homicidio en México entre 1979 y 1992, López, Híjar, Rascón y Blanco (1996) utilizaron un modelo de regresión Poisson para evaluar las causas más frecuentes del homicidio y obtener resultados sobre riesgos relativos según edad y sexo. El grupo de referencia fue el de 10 a 14 años y sexo femenino, y su muestra se basó en el registro de 198 485 muertes por homicidio con un promedio anual de 14 177 y un promedio diario de 39.

Los resultados muestran que más de la mitad de los homicidios (56%) se cometió mediante un ataque con arma de fuego o explosivos. El riesgo relativo más alto de homicidio fue para el grupo de 35 a 39 años y el riesgo relativo de los hombres fue 10.1 veces mayor que el femenino. Los autores llaman la atención sobre la necesidad de profundizar y analizar el problema de los homicidios conforme a una perspectiva multidisciplinaria.

Erick Gómez (2004) observa en su investigación sobre el homicidio de mujeres en Ciudad Juárez que en este municipio, al igual que en otros de México, la violencia no únicamente se dirige hacia las mujeres, sino también hacia los hombres. Aunque a la mujer se le atribuye un valor muy bajo como sujeto de derecho, lo cual contribuye a que la discriminación de género, la violencia familiar y los delitos sexuales sean prácticas constantes. El alto consumo de drogas, la violencia juvenil, el tráfico de armas en la frontera, la alta movilidad de la población, la disparidad socioeconómica, las disputas políticas y la ausencia de una cultura de la legalidad han llevado a que muchas mujeres y niñas sean blanco idóneo de esta violencia estructural regional.

En este estudio se utiliza el concepto de “marginación”, que es distinto al de “marginalidad”. Mientras para Cortés (2006) la marginación intenta dar cuenta del acceso diferencial de la población al disfrute de los beneficios del desarrollo en relación con el acceso a los bienes y servicios básicos como la educación, la vivienda y los ingresos, el concepto de marginalidad se sitúa dentro de la teoría de la modernización en los estudios de desarrollo y fue muy utilizado en los años setenta para tratar de explicar por qué razón algunos sectores de la población no están integrados al sistema capitalista dominante. Posteriormente se observó que en un territorio marginal convergen varios tipos de personas que pueden ser alfabetos y tener una vivienda y un ingreso dignos, de ahí que no se les considere al margen del desarrollo.

Cámara y Salama (2004) realizaron un estudio sobre la violencia en América del Sur donde usaron como eje de análisis la pregunta ¿los pobres son peligrosos? y partieron de una comparación de las tasas de homicidio de Francia y de América del Sur. Efectuaron su análisis valiéndose de una prueba de matriz de correlaciones y con regresiones econométricas en las que la variable dependiente era la tasa de homicidios. Identificaron en los resultados seis factores principales como determinantes de la tasa de homicidios: la urbanización, el ingreso per cápita, la escolaridad, la participación de 10% de la población más rica en el ingreso nacional y la eficacia del sistema de represión del crimen.

En un estudio que llevaron a cabo, Soberón et al. (2000) plantean que la violencia puede y debe ser tratada como un problema de salud pública, no sólo porque produce directamente lesiones y defunciones, sino por su influencia en el deterioro del entramado de relaciones sociales y cooperación. Entre sus hallazgos más importantes refieren que los homicidios afectan principalmente a los hombres jóvenes, ya que 40% corresponde a personas de 15 a 29 años, 30% a personas de 30 a 44 años y el 30% restante a mayores de 45 años.

Los mismos autores exploran por medio de los índices de Conapo la relación entre la marginación social y los homicidios a mediados de la década de los noventa. Uno de sus hallazgos es que en los estados más ricos se registraron tasas menores de homicidios respecto a los estados más pobres, con excepción de los estados de Hidalgo, Veracruz y Puebla. Identifican dos patrones de homicidios: en el primero, ubicado en el sur del país, el homicidio está asociado a la marginación social, ya que las muertes se deben a disputas por tierras, conflictos políticos y religiosos y alto consumo de alcohol. El segundo patrón, con el mayor aumento de la tasa de homicidios en los últimos años, se halla en el noroeste de México, donde los homicidios se relacionan con el alto consumo de drogas y la operación de uno de los cárteles de droga más fuertes.

El estudio que elaboró el Banco Interamericano de Desarrollo (1998) sobre la magnitud y los costos de la violencia en la Ciudad de México confirma que cuanto mayores sean la marginación y la pobreza, mayor será el riesgo de morir por homicidio. El promedio de la tasa de mortalidad por homicidios va ascendiendo conforme aumenta el nivel de marginación y la diferencia entre esos promedios es estadísticamente significativa.

Por su parte, Julia Monárrez y César Fuentes (2004) realizaron un estudio sobre el feminicidio y la marginalidad urbana en la década de los noventa en Ciudad Juárez; encontraron que los condicionantes de la estructura urbana hacen más vulnerable a determinado grupo de mujeres y que el feminicidio en esta ciudad está relacionado directamente con la condición de subalternidad de las mujeres y con su vulnerabilidad social. Los indicadores de calidad de vida y ocupación confirman que la probabilidad de que las mujeres sean asesinadas es mayor cuando viven en zonas carentes de infraestructura y desempeñan trabajos en el sector secundario, ya que al trabajar en empresas maquiladoras tienen que trasladarse de un extremo a otro de la ciudad para asistir a sus centros de trabajo. Entre las mujeres asesinadas muchas otras trabajaban como sexoservidoras, bailarinas o empleadas en bares.

García (2000), con un enfoque distinto, menciona un ciclo entre pobreza, narcotráfico, violencia y emigración. En primera instancia, la pobreza hace que muchas personas vean al narcotráfico como una forma de subsistencia, lo cual provoca que los habitantes que residen en un territorio no se sientan seguros y emigren como una forma de mejorar sus vidas. Los estudios sobre homicidio abordados desde diferentes perspectivas destacan que este fenómeno es un problema social y de salud pública.

Fuentes de información

Las fuentes de información que permiten el estudio demográfico de la mortalidad pueden dividirse en cuatro categorías: registro civil, censos de población, encuestas demográficas y otras fuentes (Campos-ortega, 1988). El registro civil es la fuente más importante para el estudio de la mortalidad, ya que proporciona datos sobre el número y las características de las personas fallecidas, entre ellos su edad, sexo, estado civil, ocupación y causa de muerte. Los censos ofrecen la posibilidad de conocer la población expuesta al riesgo, y por último las encuestas demográficas tienen la ventaja de captar información de mayor calidad (Camposortega, 1988).

Estadísticas vitales del Sistema Nacional de Información en Salud de 1999 al 2006. La Organización Mundial de la Salud (OMS) distribuye los diferentes tipos de muerte según el cie-10, clasificación que se utiliza en las estadísticas vitales. El Sinais se sustenta jurídicamente en la Ley General de Salud, que menciona en su artículo 7° que “la Secretaría de Salud es la encargada de promover el establecimiento de un sistema nacional de información básica en materia de salud”. En este mismo instrumento se refieren los aspectos en que se centrará el sistema: I. Estadísticas de natalidad, mortalidad, morbilidad e invalidez; II. Factores demográficos, económicos, sociales y ambientales vinculados a la salud, y III. Recursos físicos, humanos y financieros disponibles para la protección de la salud de la población, y su utilización (Sinais, 2010).

Proyecciones de población estimadas por el Conapo 2000-2005. Las proyecciones de población cubren la necesidad de contar con escenarios a corto y mediano plazos respecto al volumen, la estructura y el ritmo de crecimiento de la población para hacer previsiones sobre sus necesidades en un periodo determinado (García y Bistrain, 2008). Es incuestionable la utilidad de las proyecciones en la planeación, con la ventaja de que se basan en un escenario cuyas condiciones pueden ser modificadas constantemente, por lo cual no se debe considerar que son instrumentos sin margen de error (García y Bistrain, 2008).

Índice de marginación del Conapo 2000 y 2005. El Conapo se encarga de calcular el índice de marginación municipal y su diseño. Su metodología suele cambiar con frecuencia, así que las variables que se usaron en 2000 no son las mismas que se emplearon para su cálculo en 2005.

Resultados

Con base en la investigación que realizó Luis Sánchez (2008) se concluyó que los estados que presentaron las tasas más altas de muertes violentas durante el periodo 2000-2005 fueron: Chihuahua, Chiapas, Oaxaca, Durango, Sinaloa, Baja California, Michoacán, Guerrero y Estado de México. En las muertes violentas se incluyen los accidentes, el suicidio y el homicidio.

Cada uno de dichos estados muestra una gran heterogeneidad en su interior, ya que sus municipios tienen características distintas: algunos son más rurales que urbanos y otros completamente urbanos, y nuestro interés es comparar municipios cuyas características sean semejantes. Por esta razón la unidad de análisis en este estudio son los municipios urbanos de los estados que presentan una mayor incidencia de homicidio.

Para seleccionarlos se estimaron las tasas por homicidio de cada uno de los municipios de dichos estados y se eligieron dos que por sus características en cuanto a tamaño de población, urbanización e incidencia de homicidios, resultaron semejantes. Los 18 municipios seleccionados se presentan en el cuadro 1 con las tasas de homicidio correspondientes en 2000 y 2005.

CUADRO 1..

Tasas de homicidios de los municipios seleccionados, 2000 y 2005


TFN1FUENTE: Elaboración propia con datos de las Estadísticas Vitales de INEGI 2000 y 2005; INEGI, XII Censo General de Población y Vivienda 2000, y ii Conteo de Población y Vivienda 2005.


Del cuadro 1 se desprende que en 2000 Juchitán ocupa el primer lugar con la tasa más alta de muertes por homicidio, 23.19; le sigue Culiacán con 22.62, y en el tercer puesto se encuentra Ciudad Juárez con 19.24. Ya en 2005 Culiacán llega al primer lugar con una tasa de 27.68, aparece Uruapan en el segundo con una tasa de 22.66, y Tijuana y Juchitán en tercer lugar con una tasa de más de 18.00. Esto sugiere que si bien los homicidios en Culiacán, Ciudad Juárez y Tijuana podrían asociarse al narcotráfico, en los casos de Juchitán y Uruapan son otros los factores que influyen en que su tasa sea tan elevada.

La tasa de homicidios se calculó anualmente entre 2000 y 2005. Para apreciar la relación entre la marginación y el homicidio se usó el índice de marginación del Conapo de 2000 y 2005. Finalmente se construyeron las tasas anuales de mortalidad por homicidio por edad y sexo para analizar la información, y se realizaron los diagramas de dispersión para apreciar la relación entre la marginación y el homicidio.

En esta sección se presentan los resultados del comportamiento de la muerte violenta por homicidio de los municipios seleccionados en esta investigación. Para tal fin se calcularon las tasas de homicidios para cada uno de los municipios por edad y sexo en el periodo 2000-2005 (cuadros 2 a 13, al final del documento).

CUADRO 2..

Tasa de homicidios de hombres de los municipios más violentos, año 2000


TFN2FUENTE: Elaboración propia con datos de las Estadísticas Vitales del Sistema Nacional de Información en Salud 1999, 2000 y 2003, y proyecciones de población estimadas por el Consejo Nacional de Población año 2000


CUADRO 3..

Tasa de homicidios de mujeres de los municipios más violentos, año 2000


TFN3FUENTE: Elaboración propia con datos de las Estadísticas Vitales del Sistema Nacional de Información en Salud 1999, 2000 y 2001, y proyecciones de población estimadas por el Consejo Nacional de Población, año 2000.


CUADRO 4..

Tasa de homicidios de hombres de los municipios más violentos, año 2001


TFN4 Fuente: Elaboración propia con datos de las Estadísticas Vitales del Sistema Nacional de Información en Salud 2000, 2001 y 2002, y proyecciones de población estimadas por el Consejo Nacional de Población, año 2001.


CUADRO 5..

Tasa de homicidios de mujeres de los municipios más violentos, año 2001


TFN5 Fuente: Elaboración propia con datos de las Estadísticas Vitales del Sistema Nacional de Información en Salud 2000, 2001 y 2002, y proyecciones de población estimadas por el Consejo Nacional de Población, año 2001.


CUADRO 6..

Tasa de homicidios de hombres de los municipios más violentos, año 2002


TFN6FUENTE: Elaboración propia con datos de las Estadísticas Vitales del Sistema Nacional de Información en Salud 2001, 2002 y 2003, y proyecciones de población estimadas por el Consejo Nacional de Población, año 2002.


CUADRO 7..

Tasa de homicidios de mujeres de los municipios más violentos, año 2002


TFN7FUENTE: Elaboración propia con datos de las Estadísticas Vitales del Sistema Nacional de Información en Salud 2001, 2002 y 2003, y proyecciones de población estimadas por el Consejo Nacional de Población, año 2002.


CUADRO 8..

Tasa de homicidios de hombres de los municipios más violentos, año 2003


TFN8FUENTE: Elaboración propia con datos de las Estadísticas Vitales del Sistema Nacional de Información en Salud 2002, 2003 y 2004, y proyecciones de población estimadas por el Consejo Nacional de Población, año 2003.


CUADRO 9..

Tasa de homicidios de mujeres de los municipios más violentos, año 2003


TFN9 Fuente: Elaboración propia con datos de las Estadísticas Vitales del Sistema Nacional de Información en Salud 2002, 2003 y 2004, y proyecciones de población estimadas por el Consejo Nacional de Población, año 2003.


CUADRO 10..

Tasa de homicidios de hombres de los municipios más violentos, año 2004


TFN10FUENTE: Elaboración propia con datos de las Estadísticas Vitales del Sistema Nacional de Información en Salud 2003, 2004 y 2005, y proyecciones de población estimadas por el Consejo Nacional de Población, año 2004.


CUADRO 11.

Tasa de homicidios de mujeres de los municipios más violentos, año 2004


TFN11FUENTE: Elaboración propia con datos de las Estadísticas Vitales del Sistema Nacional de Información en Salud 2003, 2004 y 2005, y proyecciones de población estimadas por el Consejo Nacional de Población, año 2004.


CUADRO 12.

Tasa de homicidios de hombres de los municipios más violentos, año 2005


TFN12FUENTE: Elaboración propia con datos de las Estadísticas Vitales del Sistema Nacional de Información en Salud 2004, 2005 y 2006, y proyecciones de población estimadas por el Consejo Nacional de Población, año 2005.


CUADRO 13.

Tasa de homicidios de mujeres de los municipios más violentos, año 2005


TFN13FUENTE: Elaboración propia con datos de las Estadísticas Vitales del Sistema Nacional de Información en Salud 2004, 2005 y 2006, y proyecciones de población estimadas por el Consejo Nacional de Población, año 2005.


La tasa de homicidios para los hombres

El grupo en que se concentran las tasas de homicidio para los hombres durante todo el periodo de estudio es el 30-44, y sobre éste se realiza el análisis a continuación. El municipio de Culiacán, Sinaloa, presenta las mayores tasas de homicidios de hombres en el periodo 2000-2005 (véanse los cuadros 2, 4, 6, 8, 10 y 12). En el año 2000 la tasa fue de 85.16 homicidios por cada 100 000 varones, y en el año 2005 el mismo grupo de edad alcanzó la tasa más alta en todo el análisis: 100.36 homicidios por cada 100 000 hombres. Durante seis años Culiacán se mantuvo con la tasa más elevada de homicidios en el grupo 30-44.

Juchitán de Zaragoza, en Oaxaca, se posicionó en el segundo lugar durante 2000 y 2001 y no volvió a figurar dentro de los tres primeros lugares en el resto del periodo de estudio. Tijuana se situó en el tercer puesto en 2000 y 2001, ascendió al segundo lugar en 2002 y 2003, regresó al tercero en 2004, y en 2005 quedó en el quinto. Entre tanto Mazatlán se encontraba en el tercer lugar en 2002 y 2003 y no volvió a mostrar tasas elevadas de homicidio. Otro de los municipios en donde se observan altas tasas es Uruapan, que se encontraba en el segundo lugar en 2004 y 2005. Acapulco solamente apareció en tercer lugar en 2005.

Los resultados de esta investigación confirman lo que ya han revelado otros estudios: que el grupo de edad con una mayor tasa de homicidios es el 30-44.

La tasa de homicidios para las mujeres

Entre las mujeres no hay un grupo de edad fijo en el que se concentren los homicidios durante el periodo de estudio, por lo que el análisis se centra en los municipios que ocupan los dos primeros lugares para cada año del periodo de estudio (véanse los cuadros 3, 5, 7, 9, 11 y 13). En Chilpancingo de los Bravo el grupo 45-59 ocupó el primer lugar en 2000 y 2001, y en 2005 el segundo lugar para el grupo de 60 años y más. Uruapan se encontraba en el segundo lugar para el grupo 15-29 en los años 2000 y 2001. Juchitán de Zaragoza estaba en primer lugar para el grupo 45-59 en 2002 y 2003 y para el grupo de 60 y más en 2004 y 2005. Ecatepec de Morelos solamente apareció en segundo lugar para el grupo 60 años y más en 2002. Mexicali estuvo solamente una vez en segundo lugar en 2003 con el grupo 45-59. Ciudad Juárez a pesar de su fama internacional por los feminicidios, solamente figura en el segundo lugar como municipio con mayor tasa por homicidio en mujeres para el grupo 15-29 en el año 2004. Esta variación de los municipios en cuanto al lugar que ocupan según la tasa de homicidio en mujeres no corresponde necesariamente a lo que sostienen los medios de comunicación.

La tasa más alta dentro del periodo de estudio se presentó en el municipio de Chilpancingo de los Bravo en el año 2000 con 15.25 homicidios por cada 100 000 mujeres para el grupo 45-59. Las tasas de homicidio en mujeres fueron las más altas en 2000, y las más bajas se observan en 2002 y 2003, y finalmente en los años 2004 y 2005 parecen aumentar ligeramente pero no llegan al nivel del año 2000. Esto muestra una diferencia significativa respecto a los hombres, ya que la tasa más alta en hombres se presentó en el año 2005.

Se puede argumentar que la tasa de homicidios en mujeres mantiene mayor estabilidad que la de los varones en cuanto a su nivel, pero se comporta de manera diferente y no mantiene estrictamente un patrón de conducta.

Cabe mencionar la tendencia de homicidios en mujeres en edades avanzadas, porque si bien el hecho de ser mujer es una condición de vulnerabilidad, ser adulta mayor representa una vulnerabilidad mayor ante la muerte por homicidio. De esto se puede deducir que faltan estudios sobre el fenómeno del homicidio en mujeres, ya que ocurren en un escenario completamente diferente al de los varones. Se podría suponer que esto se debe a que el número de casos es mucho menor que el de los hombres, sin embargo se insiste en que la vida es el derecho tutelado por excelencia y que como se sabe, muchos homicidios se disfrazan como accidentes, como es el caso del asesinato de mujeres por violencia doméstica.

Resultados de la relación entre el grado de marginación y la muerte violenta por homicidio

Se plantea la hipótesis de que mientras mayor sea el grado de marginación del territorio, mayor será la tasa de homicidios. El objetivo central de este análisis es comprobar si efectivamente existe una relación directa entre la marginación y la tasa de homicidios de los 18 municipios seleccionados (cuadro 14, al final del documento).

CUADRO 14..

Índice de marginación 2000 y 2005 y tasa de homicidios de hombres y mujeres, 2000 y 2005


TFN14FUENTE: Elaboración propia con datos del índice de marginación creado por Conapo para los años 2000 y 2005, de las Estadísticas Vitales del Sistema Nacional de Información en Salud 1999, 2000, 2001, 2004, 2005 y 2006, y proyecciones de población estimadas por el Consejo Nacional de Población para los años 2000 y 2005.


En 2000 y 2005 los diagramas de dispersión de la gráfica 1 muestran que tanto para los hombres como para las mujeres no existe una relación clara entre el índice de marginación (eje vertical) y la tasa de homicidios (eje horizontal). En la misma gráfica se aprecia que no se cumple la hipótesis de que a un índice de marginación más positivo (mayor grado de marginación) le corresponde una tasa de homicidios más elevada.


GRÁFICA 1..

Diagrama de dispersión del índice de marginación y la tasa de homicidios, según sexo, de los 18 municipios seleccionados, 2000 y 2005


  —FUENTE: Elaboración propia a partir del cuadro 14..

Conclusiones

La muerte por homicidio en México se comporta de manera diferente en las distintas entidades federativas, de ahí que esta investigación llevara a cabo el análisis de los municipios que presentaron las tasas más altas de homicidios entre 2000 y 2005. La selección se efectuó con base en la investigación de las nueve entidades con la mayor incidencia de muertes violentas del país que realizó Sánchez (2008).

Estudios como el de Celina García (2000) plantean un ciclo entre cuatro factores: la pobreza, el narcotráfico, la violencia y la emigración. Según la propuesta de esta autora la pobreza incentiva el narcotráfico porque es la manera de obtener ingresos e incita a las personas a emigrar al sentirse inseguras por el narcotráfico; a la vez la inmigración incrementa los homicidios. Fernando Escalante (2009) argumenta que no es sorprendente ni resulta raro que haya una gran heterogeneidad en el país en cuanto a las diferencias territoriales y demográficas y la estructura productiva entre los estados respecto al homicidio. Por ello realiza un análisis territorial en México y sugiere que hay al menos cuatro contextos distintos que requieren explicaciones diferentes. En primer lugar, en las zonas más densamente pobladas del centro y el sur del país el homicidio probablemente se asocie a disputas agrarias y conflictos familiares, ya que en estos estados son relativamente altos los índices de violencia doméstica. En segundo lugar, el homicidio en zonas urbanas tiene un componente más joven, y se observan tasas más altas e inestables en ciudades con fuerte crecimiento de la población o ubicadas en puertos y zonas de tránsito poblacional intenso.

En tercer lugar, el homicidio en las ciudades de la frontera norte, cuyas tasas son muy altas, crecientes e inestables, se asocia tanto al crecimiento demográfico como a los mercados informales e ilegales de la región. Finalmente, las dos zonas problemáticas de Michoacán y la Sierra Madre Occidental tienen en común la pobreza, la incomunicación y las altísimas tasas de homicidios. Sin duda la precaria presencia del Estado y el aislamiento geográfico hacen mucho más probable el recurso a la violencia, además de que se trata de zonas particularmente aptas para el cultivo y el procesamiento de drogas.

En conclusión, Escalante (2009) sugiere que hay una gran heterogeneidad en el territorio mexicano en cuanto al comportamiento del homicidio, y los resultados de la presente investigación coinciden con sus hallazgos en el sentido de que el homicidio no muestra un patrón en el cual los municipios con mayor grado de marginación sean también los que presentan una tasa más alta de muerte por dicha causa.

Este estudio sugiere que los factores que intervienen en la muerte por homicidio son diversos y no se pueden reducir solamente a la marginación. Culiacán, por ejemplo, cuenta con una historia estrechamente relacionada con el narcotráfico, lo cual podría explicar que se haya mantenido durante todo el periodo de estudio con las tasas más altas de muerte por homicidio. Sin embargo municipios como Tijuana no sólo tienen el problema del narcotráfico, sino también un acelerado crecimiento poblacional. En contraparte, municipios como Acapulco presentan otro tipo de factores que pudieran explicar lo que allí sucede con las muertes por homicidio. Por lo anterior se deben considerar factores como la ubicación geográfica, el contexto histórico, el narcotráfico, la pobreza, el desempleo, la emigración y la inmigración y el crecimiento poblacional al estudiar el homicidio en México; tal vez de esta manera se podrían establecer patrones de su comportamiento por región.

Conviene destacar la importancia de realizar estudios que tomen en cuenta la diferencia de las muertes por homicidio entre los hombres y las mujeres. Cabe mencionar que poco se ha estudiado el homicidio de las mujeres en forma integral en el territorio nacional, ya que solamente se ha considerado el caso de Ciudad Juárez dentro de los estudios del homicidio en México. Sin embargo las tasas más altas para las mujeres en el quinquenio que se analizó se encuentran en municipios como Chilpancingo de los Bravo y Juchitán de Zaragoza, poco estudiados y realmente afectados por esta problemática.

El objetivo de esta investigación ha sido analizar la muerte violenta por homicidio entre 2000 y 2005 por edad y sexo en los municipios urbanos seleccionados de las nueve entidades federativas con las tasas más altas de muertes violentas (que incluyen la muerte por homicidio): Chihuahua, Chiapas, Oaxaca, Durango, Sinaloa, Baja California, Michoacán, Guerrero y Estado de México.

Respecto a la tasa total de homicidios, el municipio de Culiacán ocupó el primer lugar durante todo el periodo de estudio; Tijuana fue otro de los que figuraron con las tasas más altas por este tipo de muerte. Otros municipios con tasas altas son: Juchitán de Zaragoza, Maza-tlán, Uruapan y Acapulco. En cuanto a la edad, el grupo de 30 a 44 años y el de 15 a 29 son los que concentran las tasas más elevadas de homicidio en la mayor parte de los municipios. Los niveles de la tasa en general indican una disminución en 2001, 2002 y 2003 y un aumento en 2004 y 2005.

En cuanto a las diferencias entre hombres y mujeres, lo primero que se observa es que el mayor número de víctimas de homicidios son los hombres. Culiacán ocupa el primer lugar en la tasa de homicidios de hombres; en 2005 alcanzó la tasa más alta de todo el periodo de estudio, con 100.36 homicidios por cada 100 000. Después de Culiacán, los municipios de Tijuana, Juchitán de Zaragoza, Mazatlán, Uruapan y Acapulco mostraron tasas altas durante el periodo 2000-2005.

Lo anterior muestra un resultado interesante: efectivamente son los hombres los más afectados por el homicidio, pero de acuerdo con la literatura el grupo de edad más agredido sería el de 15-29 años, sin embargo en estos municipios el que cuenta con mayor número de casos es el grupo de 30 a 44 años.

Respecto a las mujeres, a diferencia de lo que sucede con los hombres, no hay un solo patrón de comportamiento. Municipios como Chilpancingo de los Bravo, Oaxaca, Ecatepec de Morelos, Ciudad Juárez, Mexicali, y Acapulco alcanzaron las tasas más altas de homicidios en el periodo de estudio. La más elevada se presentó en el municipio de Chilpancingo de los Bravo en el año 2000 con 15.25 homicidios por cada 100 000 mujeres. Dicha tasa mantiene mayor estabilidad entre las mujeres que entre los varones en cuanto a su nivel, sin embargo no muestra un patrón de edades definido como sucede con los hombres, ya que son los grupos 45-59 y 60 y más los más afectados (aparecen en primer lugar) y solamente en tres ocasiones aparece el grupo 15-29 en segundo lugar con la concentración más alta de muertes por homicidio. Por otra parte, llama la atención la tendencia a perpetrar homicidios de mujeres en edades avanzadas. Una investigación cualitativa podría brindar mayor información para explicar el fenómeno del homicidio en México.

En este estudio se advierte que hay municipios con bajos índices de marginación que alcanzan las mayores tasas de homicidios; por ejemplo Culiacán tenía en 2000 y 2005 un muy bajo grado de marginación y mostró las tasas más altas por homicidio para hombres en ambos años: 43.06 por 100 000 y 45.82 por 100 000, respectivamente. Todo parece indicar que las condiciones cambiaron y que en el periodo de estudio son otros los factores que explican mejor la muerte por homicidio que el índice de marginación.

En conclusión, con base en los resultados que obtuvimos en esta investigación, la marginación no es ya, como en la década de 1990, uno de los factores que explican el fenómeno de las muertes por homicidios. Son otros los que se encuentran detrás de las tendencias observadas y también ha habido variaciones en cuanto a los grupos de edad que resultaban más afectados (de 15-29 se trasladó a 30-44); asimismo las muertes de las mujeres por esta causa han cobrado un mayor número de víctimas, por lo que es necesario actuar sobre este problema social y de salud pública.





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Notas al pie:

1.

fn1La Organización Mundial de la Salud (OMS) agrupa los diferentes tipos de muerte según elCIE-10 que se utiliza en las estadísticas vitales.


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