La ciudad central de la Ciudad de México: ¿espacio de oportunidad laboral para la metrópoli?

Clara Eugenia Salazar*Jaime Sobrino**

Profesora investigadora del Centro de Estudios Demográficos, Urbanos y Ambientales de El Colegio de México. Correo electrónico: csalazar@colmex.mx. Profesor investigador del Centro de Estudios Demográficos, Urbanos y Ambientales de El Colegio de México. Correo electrónico: ljsobrin@colmex.mx.



Resumen:

Las áreas centrales de las grandes metrópolis han perdido población y transformado sus actividades económicas como respuesta a la redistribución intrametropolitana de la población y los cambios en la demanda ocupacional. ¿Significa que los centros de las ciudades han perdido su centralidad? El concepto de centralidad puede ser abordado desde diferentes perspectivas, pero todas ellas enfatizan la concentración espacial de funciones urbanas y actividades económicas. En este documento se analiza la evolución de la demanda ocupacional en la Zona Metropolitana de la Ciudad de México entre 1980 y 2003, y en particular en su ciudad central. El periodo de estudio se inscribe en un contexto nacional y local de reestructuración económica, e interesa conocer el papel de la ciudad central en el crecimiento económico y en la generación de empleo metropolitano, así como en su transformación económica y ocupacional.

Recibido: 30-01-2008; Aceptado: 05-03-2010

Estudios demográficos y urbanos, 2010

Palabras clave: demanda ocupacional, centralidad, distribución intrametropolitana de las actividades económicas, desindustrialización.
Key words: occupational demand, centrality, intra-metropolitan distribution of economic activities, deindustrialization.

Presentación

Varios investigadores interesados en la Zona Metropolitana de la Ciudad de México (ZMCM)  han observado la disminución de la capacidad de atracción de la ciudad central como lugar de poblamiento y de concentración del mercado de trabajo. Esta pérdida relativa de su función ha ocurrido en favor de los municipios metropolitanos y ha  dado como resultado el surgimiento de patrones de descentralización intrametropolitana (Cruz, 2002; Duhau, 2003). Otros estudiosos se han inclinado por explicar la pérdida de la función económica de la ciudad central atribuyéndola al cambio en la estructura urbana de monocéntrica a policéntrica (Aguilar y Alvarado, 2004; Graizbord y Acuña, 2004); asimismo algunos han planteado que el mayor aumento de empleos se ha dado en la ciudad central, aunque con un proceso de desbalance espacial (Suárez y Delgado, 2007). Todos esos autores han aceptado que la ciudad central está perdiendo su centralidad en la medida en que va disminuyendo la importancia relativa de su demanda ocupacional respecto a otras zonas de la ciudad.

El comportamiento del área central de una ciudad, que incluye el tradicional centro comercial y de negocios (CNN), es una dinámica que se presenta en múltiples dimensiones. El centro es un eje dentro del tejido metropolitano en los ámbitos urbano e histórico, por lo que se recompone en el tiempo (Carrión, 2000). Con base en los postulados de las etapas de metropolitanismo, en un primer momento la población se desplaza del centro hacia la periferia en busca de una mejor calidad de vida o un menor costo de la vivienda; esto ocasiona que la demanda ocupacional en los ramos de comercio y servicios al consumidor se active más en la periferia que en la ciudad central, por su cercanía a los clientes potenciales. De manera paralela ocurre una relocalización de la industria manufacturera hacia la periferia urbana debido a que los procesos productivos requieren superficies de suelo difíciles de conseguir en los centros tradicionales, tanto para la realización de las actividades productivas como para la circulación de las materias primas y los productos. Posteriormente se advierte un cambio locacional de las oficinas ubicadas en la ciudad central hacia la periferia, y la descentralización del empleo en los servicios al productor y financieros en busca de edificaciones equipadas con nuevas tecnologías (Coffey y Shearmur, 2002).

El proceso descrito es aplicable a la  ZMCM,  y ha implicado un despoblamiento absoluto del  CNN  y una relocalización de la demanda ocupacional:1  entre 1980 y 2005 la población de las delegaciones centrales del Distrito Federal disminuyó de 2.6 a 1.7 millones de habitantes, con una contracción de 35%, mientras la metrópoli en su conjunto creció de 14.5 a 19.2 millones de habitantes, con un incremento de 33%. Por otro lado, el personal ocupado en la industria, el comercio y los servicios privados avanzó en las delegaciones centrales de 700 mil a 1.1 millones entre 1980 y 2003, con una expansión de 54%, en tanto que para la  ZMCM  el incremento fue de 1.8 a 3.4 millones de personas, es decir, 90% más.

A partir de 2000 la ciudad central parece haber comenzado un proceso de reurbanización gracias a la concreción de un conjunto de acciones de redensificación habitacional y revitalización del centro histórico, que incluye la producción de vivienda nueva, la apertura de oficinas gubernamentales, la oferta de oficinas privadas, y fuertes inversiones en actividades económicas, turísticas y comerciales (Duhau, 2003; Gobierno del Distrito Federal, 2003). Entre 2000 y 2005 la ciudad central registró un despoblamiento absoluto de 15 mil habitantes, frente a 68 mil durante el quinquenio 1995-2000, pero dos de las cuatro delegaciones centrales, Cuauhtémoc y Miguel Hidalgo, mostraron por primera vez en 50 años un incremento poblacional.

En este trabajo interesa conocer qué ha sucedido con la demanda ocupacional en la ciudad central, cuáles son sus oportunidades laborales y cómo se ha modificado su función económica. Se intenta indagar si a pesar de la tendencia histórica, la ciudad central continúa siendo un lugar competitivo para la metrópoli en términos de empleo, y determinar para quiénes genera oportunidades laborales. Se parte de la premisa de que la aparente caída de la dinámica económica de la ciudad central va acompañada de procesos que le permiten continuar ocupando un lugar preponderante en términos de centralidad para la metrópoli. Las preguntas que de ello se desprenden son las siguientes:  i)  ¿hay evidencias de que la ciudad central ha mantenido su centralidad desde el punto de vista de su función económica?;  ii)  si es así, ¿qué factores lo explican?;  iii)  ¿qué dinámicas urbanas se articulan a este proceso?;  iv)  ¿hacia qué sectores de la economía está dirigida su demanda laboral?, y  v)  ¿qué grupos de trabajadores capta y desde qué lugares de la ciudad se desplazan éstos? A continuación se exponen algunas pistas para las posibles respuestas.

Sobre el concepto de centralidad

La noción de centralidad implica la comparación de los atributos de un territorio con los de los territorios vecinos, y alude implícitamente a un posicionamiento de jerarquía y atracción; por ello el de centralidad es un concepto relativo que compara el volumen de un atributo en un territorio con el volumen de ese mismo atributo en una superficie mayor. El centro de una ciudad puede concebirse como un punto dotado de ventajas o propiedades para su dinamismo, y como un lugar de concentración de diversas funciones y actividades (Merlin y Choay, 2005).

Así, hay acuerdo en que la centralidad puede evaluarse en función de múltiples criterios que en general se razonan respecto de tres dimensiones:  i)  la histórica;  ii)  la residencial, y  iii)  la económica. La dimensión histórica se asocia a la permanencia de un centro tradicional que es el referente simbólico de sus habitantes como memoria y como huella, y en general es objeto de acciones de conservación del patrimonio arquitectónico. Se dice que el centro histórico ha perdido centralidad cuando experimenta un abandono institucional y no conserva su función pública como marco de referencia, como espacio de paso y como lugar encuentro; ya no es posible diferenciar en él entre lo viejo y lo nuevo, o aparece en el imaginario ciudadano asociado a la vejez y a la pobreza (Garay, 2009; Carrión, 2009).

En su segundo componente, la centralidad está asociada a la conservación de la residencia de los grupos hegemónicos en la ciudad central. La pérdida de centralidad, conforme a este precepto, aparece cuando ocurre una relocalización de dichos grupos hacia otras zonas de la ciudad en donde la atracción de población se promueve y refuerza con la implantación de “productos de nueva generación”, como centros comerciales, financieros, culturales, y novedosos desarrollos habitacionales en la periferia metropolitana, lo que inhibe la capacidad de atracción y concentración poblacional del centro (De Mattos, 2004; Carrión, 2009). En esta dinámica los centros de la ciudad comienzan a mostrar una pérdida de habitantes acompañada de deterioro físico, de ahí que en las últimas décadas las autoridades locales de varias ciudades latinoamericanas hayan emprendido políticas y acciones de repoblamiento.

Finalmente, en su componente económico, la centralidad está asociada al peso que mantienen las actividades económicas en un centro específico en relación con otros lugares de la ciudad.  Si la ciudad fuese monocéntrica, y de acuerdo al principio de aglomeración económica, ese peso tendería a mantenerse mediante la densificación de los espacios que ya tienen un uso determinado, o con el reemplazo de otros usos, como el residencial, para la expansión de la actividad económica (Pacione, 2001: 131-155; Papageorgiou y Pines, 1999: 191-201). Por otro lado, en una morfología policéntrica la importancia del  CNN  tendería a disminuir debido al desplazamiento de las actividades económicas a otras zonas de la ciudad que concentran “funciones de comando”, equipamientos a hogares y servicios a empresas (De Mattos, 2004; Cicolella, 2004), y también a causa de la dispersión de empleos en una periferia desarticulada (Suárez y Delgado, 2007); ambos procesos conducen a la descentralización de la actividad económica (Sobrino, 2007).

Si bien en este trabajo es prioritario el componente económico para abordar la centralidad, se intenta articular a éste los otros dos. Se considera que el indicador fundamental para dar cuenta de la centralidad es la concentración relativa de empleos en la ciudad central respecto a la  ZMCM  en su conjunto, y se vincula este comportamiento con otros elementos que dan cuenta de su centralidad, como son, por un lado, algunas acciones de política urbana que apuntan a la recuperación del imaginario ciudadano y el reforzamiento de la esfera institucional con funciones administrativas, y por otro lado, la búsqueda de la mezcla social y la reconstrucción de la funcionalidad de la ciudad central como lugar de residencia y espacio de competencia con nuevas actividades económicas.

La ciencia regional ha desarrollado diversos instrumentos para la medición empírica de la centralidad de un territorio y su cambio en el tiempo. Destaca en primer lugar el Índice de Centralidad (IC), en el cual se compara la participación de un lugar en la demanda ocupacional total (regional o metropolitana) con su participación demográfica; ese territorio será central si contiene una mayor concentración relativa de empleo, o alguna otra variable macroeconómica, con relación a su participación demográfica (Duncan y Duncan, 1955; Goodall, 1987: 223).2  Una segunda opción es el uso del Índice de Especialización Local (IEL), conocido también como Coeficiente de Localización. Esta medida permite conocer las actividades en que se especializa un territorio, es decir, sus funciones económicas predominantes, a partir del peso de cada actividad en la estructura económica local respecto al  peso de esa misma actividad en una estructura económica más grande, regional o nacional (Duranton y Puga, 2000: 534-540); la centralidad varía en función del número y tipo de actividades especializadas (véase Sobrino, 1992).3

Una tercera alternativa es evaluar el volumen y concentración, o la magnitud y densidad empleando el Método de Doble Umbral (MDU); que se denomina así porque para la estimación de la centralidad de un territorio se utilizan dos parámetros: uno ligado al tamaño de la variable macroeconómica de análisis en la unidad territorial de estudio, y el otro vinculado con la participación de ese territorio en el total de esa variable macroeconómica (Garrocho y Campos, 2009: 854-856). Por último, el cuarto recurso es la comparación de la movilidad cotidiana por motivos de trabajo, y en específico los viajes terminados en un lugar respecto a los originados en éste; un lugar será central si sus viajes terminados por motivos de trabajo superan a los originados (Hansen, 1977). Este último instrumento difiere de los tres anteriores por el tipo de información que requiere: flujos, y no  stocks.

Estrategia de análisis

En la definición de la  ZMCM  se incluyen 75 unidades político-administrativas: las 16 delegaciones del Distrito Federal, 58 municipios del Estado de México, y el municipio de Tizayuca en el estado de Hidalgo (Sedesol, Conapo  e  INEGI, 2004); estas divisiones administrativas se mantienen en todo el periodo analizado, por lo que se adopta una delimitación fija de la metrópoli. Considerando que el interés es relevar el papel de la ciudad central como posibilidad laboral para la metrópoli, las 75 divisiones administrativas se agrupan en tres unidades territoriales:  i)  ciudad central;  ii)  resto del Distrito Federal, y  iii)  municipios metropolitanos.4  Por ciudad central se entiende el territorio que de acuerdo con el Programa de Desarrollo Urbano del Distrito Federal5  está conformado por las demarcaciones Benito Juárez, Cuauh-témoc, Miguel Hidalgo y Venustiano Carranza.6

Para dar cuenta de los cambios en la distribución de la actividad económica se utiliza como variable el personal ocupado por jurisdicción y para el conjunto de unidades territoriales en los sectores de la industria manufacturera, comercio y servicios privados.7  Para el análisis de esta variable se recurre al índice de especialización local (IEL)  descrito con anterioridad. La fuente de información son los censos económicos de 1981, 1986, 1989, 1994, 1999 y 2004. La serie de tiempo que se utiliza se divide en tres fases, acordes con la evolución económica nacional:  i)  inestabilidad, 1980-1988;  ii)  recuperación moderada, 1988-1998, y  iii)  estancamiento, 1998-2003.

Después de observar cómo se redistribuyeron los lugares de trabajo en el periodo 1980-2003, se examina la matriz lugar de residencia-lugar de trabajo en la  ZMCM  a partir de los resultados del cuestionario ampliado del Censo General de Población y Vivienda de 2000. Con base en esta matriz se identifica dónde residían los trabajadores de la ciudad central y se rescatan las unidades político-administrativas más significativas, es decir, las que aportaban 1% o más de los trabajadores. A partir de esta selección y la desagregación del personal ocupado por sector económico, se hace una caracterización genérica de los trabajadores de la metrópoli para quienes la ciudad central constituye una posibilidad laboral.

Este artículo consta de cuatro secciones, además de esta introducción. En la primera se presenta la evolución de la demanda ocupacional en el espacio metropolitano de 1980 a 2003, con especial atención en la redistribución espacial de los lugares de trabajo entre la ciudad central y otras áreas de la  ZMCM. En la segunda sección se examina la demanda ocupacional en la ciudad central para determinar en qué sectores de la economía ha perdido competitividad y en cuáles la ha ganado. En la tercera se observa la ciudad central como un lugar de demanda de trabajo y de destino de los trabajadores, pero también de residencia de los mismos, y se indaga para quiénes es una posibilidad laboral. En la cuarta y última parte se exponen las reflexiones finales.

Descentralización ocupacional intrametropolitana

El personal ocupado total nacional de los sectores industrial, comercial y de servicios aumentó de 4.6 a 13.9 millones de personas entre 1980 y 2003, con lo que se triplicó. En la  ZMCM  el personal ocupado creció  de 1.8 a 3.4 millones durante los mismos años, con una duplicación en su número. El ritmo de crecimiento ocupacional en la  ZMCM  fue acorde con las fases por las que transitó la economía nacional: 1.1% en la de inestabilidad (1980-1988), 4.2% en la de recuperación moderada (1988-1998), y 2.8% en la de estancamiento (1998-2003) (cuadro 1). Para el periodo de estudio se observa un crecimiento relativo del empleo en la  ZMCM  inferior al del contexto nacional, sin embargo la velocidad de cambio en la demanda ocupacional fue mejorando en el transcurso del tiempo, lo que habla de una recuperación paulatina en la dinámica de generación de empleos en la  ZMCM, y también de la superación de la problemática estructural que se generó en la fase de inestabilidad. Desde el punto de vista de la demanda el comportamiento agregado del mercado de trabajo de la  ZMCM  estuvo determinado en gran medida por las fluctuaciones de la economía nacional, por lo que no habría, en principio, factores locales específicos que empujaran hacia un proceder alejado del escenario nacional, como se ha presenciado en otras metrópolis del planeta (véase Kuttner y Sbordone, 1997; Simmie y Sennett, 2001; Berg, Winden y Pol, 2006).

CUADRO 1.

ZMCM: Personal ocupado y tasas de crecimiento por unidades territoriales, 1980-2003


TFN1 a  Industria, comercio y servicios privados, exceptuando los financieros.

TFN2FUENTE: Censos económicos de 1981, 1989, 1999 y 2004.


En la ciudad central la demanda ocupacional pasó de 700 mil a 1.1 millones entre 1980 y 2003, con un incremento de 1.5 veces, y sus tasas de crecimiento siguieron la misma tendencia que las del país y de la  ZMCM. Fue mayor en la fase de recuperación moderada respecto a las de inestabilidad y estancamiento, pero con valores más reducidos con relación al total metropolitano; destaca que registrara una pérdida neta de ocupados en la década de los ochenta, periodo de inestabilidad.

Al observar los datos del cuadro 1 se advierte en la escala por grandes unidades territoriales que durante el periodo de estudio se presentó en la  ZMCM  una descentralización ocupacional caracterizada por un mayor crecimiento -absoluto y relativo- del empleo en los municipios metropolitanos y un menor dinamismo -también absoluto y relativo- en la ciudad central; se apreció además una recuperación de esta última a partir de la década de los noventa. El mayor ímpetu en la demanda ocupacional ocurrió, entonces, en la periferia respecto a la ciudad central; fue un proceso similar al que se observó en el cambio de la geografía metropolitana de la población, pero que comenzó tiempo atrás (véase Negrete, 2000); los empleos siguieron a la población, fenómeno que ya se había advertido en la escala intraurbana, en oposición al patrón genérico de que la población sigue a los empleos a una escala interurbana (Patridge y Rickman, 2003).

Al cambiar de escala, es decir, al analizar el crecimiento de la demanda ocupacional por divisiones administrativas menores (delegaciones y municipios), la conclusión sobre la descentralización ocupacional se mantiene, pero aparecen otros factores que la matizan. Cuando se aplica un índice de entropía sobre la distribución espacial del empleo se obtiene un valor de 0.65 en 1980 y 0.75 en 2003, lo que significa que en el periodo de estudio avanzó la descentralización ocupacional en el entramado metropolitano, en tanto que para el último año la descentralización del personal ocupado representaba 75% de su dispersión máxima posible.8  Lo anterior lleva a cuestionar si la redistribución del empleo ha seguido una dispersión uniforme o se ha concentrado  en algunas demarcaciones o jurisdicciones, patrón que no puede explicarse con el índice de entropía.

Para ofrecer una respuesta se comparó en primer lugar el volumen y crecimiento del personal ocupado en cada delegación y municipio; como era de esperar se obtuvo una asociación negativa y estadísticamente significativa a un nivel de confianza de 0.001; en otras palabras, a menor demanda ocupacional en 1980 mayor crecimiento relativo (gráfica 1). Llama la atención, sin embargo, que un pequeño número de divisiones administrativas con un volumen ocupacional inferior a 22 mil personas en 1980 (Ln  10) experimentara un cambio relativo en su demanda ocupacional por arriba del esperado, según la curva de ajuste, en tanto que prácticamente todas las divisiones administrativas con un tamaño superior a 22 mil ocupados reportaron un valor por arriba del estimado.


GRÁFICA  1.

ZMCM: Volumen y cambio del personal ocupado por división administrativa, 1980-2003


  —FUENTE: Censos económicos 1981 y 2004..

En segundo lugar, la geografía metropolitana del empleo indica que en 1980 había sólo 16 divisiones administrativas con un volumen ocupacional equivalente a 1% o más del total metropolitano, es decir 17 600 o más trabajadores que concentraban 94% de la demanda total. En 2003 las 16 divisiones anteriores permanecieron con un tamaño de 1% o más de la demanda ocupacional metropolitana, de 33 500 trabajadores; se anexaron a ellas cuatro más para sumar 20, pero su aportación conjunta disminuyó a 88% del personal ocupado total (cuadro 2); estas 20 divisiones administrativas correspondieron a las cuatro delegaciones centrales, nueve demarcaciones del resto del Distrito Federal y siete municipios metropolitanos.

CUADRO  2.

ZMCM: Divisiones administrativas con 1% o más del empleo total, 1980-2003


TFN3 a  CC, ciudad central; RDF, resto del Distrito Federal; MM, municipios metropolitanos.

TFN4FUENTE: Censos económicos 1981 y 2004.


La posición geográfica de estas delegaciones y municipios muestra un patrón de contigüidad y continuidad entre todas ellas cuyo eje es la ciudad central (mapa 1a), lo que refuerza la idea de que la misma se mantiene como aglutinadora de la demanda de empleo en la ciudad y la de que la descentralización de actividades mayormente ha sido efecto del aprovechamiento de las economías de aglomeración que irradian las delegaciones centrales, y menos de la generación de fuerzas centrífugas hacia la periferia metropolitana (véase Gordon y Richardson, 1996: 291).


MAPA  1.

ZMCM: Estructura y dinámica ocupacional, 1980-2003


  —FUENTE: censos económicos de 1981 y 2004..

Por otro lado, el dinamismo ocupacional se diferenció en el interior de cada una de las unidades territoriales; hubo en ellas divisiones administrativas cuyo crecimiento relativo del empleo fue mayor o menor que el del contexto metropolitano (mapa 1b). En la ciudad central las delegaciones Cuauhtémoc y Venustiano Carranza experimentaron un cambio relativo inferior al promedio metropolitano, no así Miguel Hidalgo y Benito Juárez, cuya expansión ocupacional superó a la de la  ZMCM  de tal modo que en 2003 se ubicaron como la segunda y tercera divisiones administrativas con mayor cantidad de ocupados.

Fuera de la ciudad central las delegaciones Azcapotzalco, Gustavo A. Madero e Iztacalco, y los municipios de Naucalpan y Tlalnepantla experimentaron un crecimiento ocupacional poco satisfactorio. Esto obedeció a la desindustrialización que ocurrió en la metrópoli: en 1980 la demanda ocupacional de la  ZMCM  era de 907 mil personas en la industria manufacturera, y de ellas 396 mil plazas se ubicaban en estas jurisdicciones, que concentraban 44%. Para 2003 los ocupados metropolitanos en la manufactura disminuyeron a 802 mil, es decir, 12% menos, en tanto que en las cinco divisiones su volumen se desplomó a 266 mil, es decir, 33% menos respecto al año inicial.

En síntesis, en 2003 la ciudad central concentraba 32% del personal ocupado de los sectores industrial, comercial y de servicios, en tanto que las delegaciones y los municipios que más personal aglutinaban después de ella se localizaban a su alrededor. La ciudad central ha seguido cumpliendo sus funciones económicas; su dinámica ha traspasado su propio territorio, ha desdibujado el patrón espacial monocéntrico que caracterizó a la Ciudad de México hasta los años setenta, y se ha perfilado hacia una estructura policéntrica, pero no de subcentros dispersos según la morfología que exhiben las ciudades estadounidenses (véase Mills y Hamilton, 1994: 100-132; Palen, 1997: 89-108), sino más bien de un centro ampliado: la dispersión ocupacional ha ocurrido fundamentalmente de la delegación central Cuauhtémoc hacia demarcaciones contiguas y continuas a ésta, ubicadas al sur y al poniente; ha sido, entonces, una descentralización concentrada.

Especialización ocupacional de la ciudad central

En el rubro anterior se mencionó que la ciudad central ha mantenido su relevancia en la estructura y dinámica ocupacionales de la  ZMCM. La creación de empleos en este espacio de la metrópoli ha coincidido con ciertos procesos urbanos que se han dado en la ciudad central y que implican esfuerzos del gobierno local por revitalizar la zona, así como inversiones de las empresas privadas. Se ha dado un fuerte impulso a la revitalización del centro histórico con la renovación de 34 manzanas (Salazar y Paquette, 2006) y la construcción de nuevas edificaciones para oficinas de gobierno, como la Secretaría de Relaciones Exteriores; si bien buena parte de estas edificaciones aún no ha sido ocupada, es probable que su construcción genere expectativas que contribuyan al dinamismo de otras actividades en la zona. Por otro lado, la expansión de los servicios financieros y de los ligados al proceso productivo ha tendido a concentrarse en torno a la ciudad central; varias investigaciones aseguran que las casas matrices, las oficinas corporativas y las unidades administrativas de una gran mayoría de las empresas foráneas que ingresan al país se establecen en la Ciudad de México, y en particular en sus delegaciones centrales (Parnreiter, 2000).

Cuando se ubican en forma más precisa las actividades económicas se percibe que en la ciudad central se localizan 12 de los 35 subcentros urbanos identificados por Aguilar y Alvarado (2004) para la  ZMCM;  la mayoría de ellos está en las delegaciones Cuauhtémoc y Miguel Hidalgo (mapa 2).


MAPA  2.

Subcentros urbanos localizados en la ciudad central


  —FUENTE: Elaborado con base en datos de Aguilar, 2004..

Parece estar ocurriendo un desplazamiento de la centralidad del centro histórico hacia el poniente. Algunos subcentros ya importantes, como Polanco, Mariano Escobedo, Reforma, Insurgentes, Marina Nacional, Palmas y Bosques, han afianzado su función comercial y de servicios con la consolidación del Programa Parcial Santa Fe, que se ubicó al poniente en las delegaciones Álvaro Obregón y Cuajimalpa y comenzó a desarrollarse desde mediados de los años noventa como centro financiero y habitacional para población de altos recursos. La conjunción en la estructura urbana de un centro histórico, un área tradicional de sectores altos en donde se desarrollan actividades financieras modernas, y un centro corporativo de alta tecnología, puede considerarse también un factor de sinergia económica de la zona poniente de la ciudad.

Al desagregar la demanda ocupacional en la ciudad central por sectores de actividad se observa un cambio notable en la participación de esta zona en el mercado metropolitano de trabajo (cuadro 3). En términos relativos, en 1980 la ciudad central concentraba 40% de la demanda ocupacional metropolitana, con una menor participación en la industria, de 26%, y un papel preponderante en los servicios, con una concentración de 62%; la ciudad central era el lugar de trabajo de uno de cada cuatro ocupados de la industria manufacturera, uno de cada dos del comercio y dos de cada tres de los servicios. Para ese año en la  ZMCM  residían 14.5 millones de habitantes, pero a pesar de su tamaño presentaba una configuración monocéntrica debido a la gran importancia de las cuatro delegaciones centrales en la generación de empleo.

CUADRO 3.

Ciudad central: personal ocupado por sectores de actividad, 1980-2003


TFN5FUENTE: Censos económicos 1981 y 2004.


Para 2003 la contribución de la ciudad central en la demanda ocupacional metropolitana disminuyó a 32%, con ocho puntos porcentuales menos. Dicha contracción la explican en gran medida la marcada pérdida participativa en el comercio y una desindustrialización más acelerada allí que en la metrópoli en su conjunto. En este año la ciudad central albergaba a uno de cada cinco ocupados en la industria, uno de cada cuatro en el comercio y dos de cada cinco en los servicios. La significativa dispersión territorial de los ocupados en el comercio, la más moderada en los servicios, y la aguda desindustrialización, dieron pauta a la conformación de la estructura metropolitana de tipo policéntrico descrita con anterioridad, y a la especialización de la ciudad central en la demanda ocupacional del sector servicios, en especial de los servicios al productor,

Desde el punto de vista del volumen ocupacional en el interior de la ciudad central, en 1980 la industria manufacturera, el comercio y los servicios privados generaban casi una tercera parte del empleo cada uno, en tanto que para 2003 los servicios concentraban más de la mitad del empleo, y la industria redujo su aportación a 14%. La pérdida de dinamismo del sector manufacturero en la ciudad central comenzó desde la década de los sesenta y fue acompañada por un proceso de demanda de suelo no disponible en esta zona de la ciudad por parte de las plantas industriales, combinado con una política de impulso en las delegaciones Azcapotzalco y Gustavo A. Madero (Olivera, 1999) y en los municipios de Naucalpan y Tlalnepantla, gracias a la política estatal de creación de parques industriales (Delgado, 1998).

Como se ha mencionado, a partir de 1980 la ciudad central manifestó un fuerte proceso de desindustrialización, puesto que el personal ocupado en el sector disminuyó de 237 mil en ese año a 150 mil en 2003, y su participación en la estructura ocupacional de esta zona se contrajo de 34 a 14%. Entre 1980 y 2003 la  ZMCM  en su conjunto perdió 105 mil empleos manufactureros y la ciudad central participó con 83% de esa pérdida.

En contraste, la ciudad central evidenció un significativo crecimiento absoluto del empleo en el sector servicios al pasar de 249 mil en 1980 a 614 mil en 2003; aumentó, de manera paralela, su participación en la estructura ocupacional de la zona de 36 a 57%. La evolución de la demanda laboral en el comercio no fue despreciable, pues entre 1980 y 2003 logró incorporar 100 mil nuevos trabajadores al pasar de 215 mil a 315 mil trabajadores, aunque perdió participación relativa en la estructura ocupacional de la ciudad central: de 31 a 29%; fue en cambio el sector con la mayor difusión del empleo hacia otros puntos del espectro metropolitano.

Este cambio en la demanda ocupacional de la ciudad central en términos absolutos y relativos estuvo acompañado por una redistribución sectorial en su interior y una readecuación en sus funciones económicas predominantes. Para el análisis de tales cambios se recurre al uso del Índice de Especialización Local (IEL)  (cuadro 4).

CUADRO 4.

Ciudad central: índices de especialización local por sectores de actividad, 1980-2003


TFN6FUENTE: Cálculos elaborados con información de los censos económicos 1981 y 2004.


Si bien en 1980 la ciudad central no era ya un espacio especializado en la producción manufacturera, sí lo era en la localización del comercio y, sobre todo, de los servicios. En ese año la menor industrialización relativa ocurría en la delegación Cuauhtémoc, en tanto que en el comercio la demarcación menos adelantada era Miguel Hidalgo, y Venustiano Carranza en los servicios. Sólo Benito Juárez y Cuauhtémoc se especializaban en los dos sectores del terciario (comercio y servicios), en tanto que en Venustiano Carranza predominaba el comercio y en Miguel Hidalgo los servicios.

Al final del periodo de estudio la ciudad central perdió centralidad en el comercio y la mantuvo en los servicios. El comercio no fue una función económica predominante en la ciudad central por su magra evolución en Benito Juárez y Miguel Hidalgo, pero en contraparte los servicios tuvieron un destacado comportamiento, especialmente en Venustiano Carranza y Miguel Hidalgo. Así, Benito Juárez fue la menos industrial, Miguel Hidalgo la menos comercial, y Venustiano Carranza la de menor concentración relativa de servicios. Cuauhtémoc se ubicó como la única división administrativa especializada en el comercio y los servicios, en tanto que la función predominante en Benito Juárez y Miguel Hidalgo fue los servicios, y en Venustiano Carranza el comercio.

En síntesis, la conjunción en la ciudad central de acciones de renovación y rehabilitación, de reactivación y modernización de su actividad empresarial y financiera, la construcción de vivienda para sectores de ingresos medios y altos, y la creación de un nuevo centro financiero de alta tecnología, pueden considerarse como factores que han mantenido el proceso de sinergia económica de la ciudad central, por lo que ha permanecido como un espacio dentro de la metrópoli para el crecimiento de la demanda ocupacional, aunque con diferentes evoluciones en cada demarcación y sector de actividad. Con todo, la ciudad central de la  ZMCM  no ha dejado de ser el centro de actividad de la metrópoli.

El mercado de trabajo en la ciudad central: oferta y demanda

¿En dónde habitan los trabajadores que se ocupan en la ciudad central? Para responder a esta pregunta se construyó una matriz del lugar de residencia y lugar de empleo de los trabajadores residentes en la zona metropolitana tomando como base el cuestionario muestral del Censo General de Población y Vivienda del año 2000 (cuadro 5).

CUADRO 5.

ZMCM: Viajes por motivos de trabajo entre grandes unidades territoriales, 2000


TFN7FUENTE: Cuestionario muestral del Censo General de Población y Vivienda 2000.


De acuerdo con la fuente mencionada, la población ocupada en la  ZMCM  en el año 2000 sumó 6.4 millones de personas, un monto que representaba con mayor veracidad el volumen del mercado metropolitano de trabajo, puesto que la cifra de 3.4 millones de ocupados en 2003 que aparece en el cuadro 1 proviene del levantamiento del censo económico y corresponde a las personas que laboraban en un establecimiento asentado en un lugar de manera permanente y delimitado por construcciones e instalaciones fijas, de ahí que no se captara a los ocupados por cuenta propia ni a buena parte de los trabajadores informales.

La participación de los residentes por gran unidad territorial era muy cercana a la distribución porcentual de la población en cada una de estas zonas; en las cuatro delegaciones centrales habitaba 11% del total de trabajadores de la  ZMCM, en tanto que en el resto del Distrito Federal residía 40%, y el 49% restante correspondía a los municipios metropolitanos. Esto significa que alrededor de la mitad de la población total y ocupada residía en los municipios metropolitanos y el resto en el perímetro del Distrito Federal.

La distribución de los ocupados mostró un patrón distinto. Las delegaciones centrales ocupaban 22% del total de trabajadores de la metrópoli, frente a 39% del resto del Distrito Federal y 39% en los municipios metropolitanos. De esta manera, en la ciudad central había 1.99 ocupados por cada residente, lo que significa que los trabajadores que allí laboraban duplicaban el número de los que allí residían; esta relación confirma la centralidad económica que se analizó en el rubro anterior, pero también el desbalance espacial (spatial mismatch) que han sugerido Suárez y Delgado (2007).  Para el resto del Distrito Federal se podría hablar de un cierto equilibrio espacial entre trabajadores y residentes, ya que el cociente de ocupados por cada residente fue de 0.96, mientras que en los municipios metropolitanos el coeficiente fue de 0.81, lo que indica que en promedio prevalecen en ellos funciones mayoritariamente habitacionales.

¿Los resultados de los índices de centralidad que se han comentado y el coeficiente trabajadores/residentes muestran que el desequilibrio espacial entre los lugares de trabajo y los trabajadores que habitan en la ciudad central está tendiendo a incrementarse? No necesariamente. Entre 2000 y 2006 el Gobierno del Distrito Federal (GDF)  puso en marcha el denominado Bando Dos, cuyo objetivo central era revertir el despoblamiento de la ciudad central y contener la expansión de la mancha urbana sobre suelo de conservación. La estrategia consistió en promover la construcción de vivienda en las delegaciones centrales y no permitir desarrollos inmobiliarios de alto impacto fuera de ellas. Para lo primero se ofrecieron incentivos administrativos como la creación de una ventanilla única para ingresar las solicitudes de uso de suelo, la expedición de un certificado único en el que se autorizaba el uso de suelo, la factibilidad de los servicios y el impacto urbano-ambiental; además el  GDF  emprendió con la intermediación del Instituto de la Vivienda del Distrito Federal (INVI), una promoción de vivienda de interés social sin precedente en la ciudad. Para lo segundo, la estrategia fue no otorgar factibilidades de servicios del Sistema de Aguas de la Ciudad de México (antes  DGCOH) fuera de las delegaciones centrales. Tal decisión fue central en la política de repoblamiento, ya que otorgó claridad y certeza a los agentes y desarrolladores inmobiliarios en cuanto a la factibilidad de servicios y a la seguridad de obtener una licencia de construcción en la ciudad central.

El efecto inmediato de las estrategias que se aplicaron para dar cumplimiento al Bando Dos fue la disminución de la caída en las tasas de crecimiento poblacional en las cuatro delegaciones centrales, y un aumento de la población absoluta de las delegaciones Cuauhtémoc y Miguel Hidalgo entre 2000 y 2005. Además se incrementó la oferta habitacional, puesto que en el mismo periodo se autorizaron en todo el Distrito Federal 145 711 viviendas nuevas, de las cuales 78% se ubicó en la ciudad central (Esquivel, 2007). De acuerdo con los datos que ofreció Pablo Beinllure de Desarrolladora Metropolitana S.A. de C.V. (Demet), en el año 2000 sólo 30% de la oferta privada de vivienda se encontraba en la zona del Bando Dos, mientras que para el segundo trimestre de 2005 el porcentaje había ascendido a 66 y a 72% de la oferta nueva. Por su lado el  INVI  realizó 29 979 acciones (que correspondían a 21% de la vivienda nueva) y 99 979 acciones de mejoramiento de vivienda (Puebla, 2007). Muchas de estas acciones implicaron la expropiación de inmuebles en riesgo, la adquisición y rehabilitación de vivienda en inmuebles catalogados y no catalogados, la adquisición de suelo, y la permuta de predios y viviendas en la periferia por predios en la ciudad central. Como consecuencia se presentó una renovación del parque habitacional tanto para los sectores de la población de altos ingresos, como para los de escasos recursos, ya que el  INVI  dio prioridad a las familias con ingresos inferiores a cinco salarios mínimos mensuales (Puebla, 2009).

Por lo que respecta a la dimensión simbólica, cabe mencionar que las acciones de gobierno se concentraron principalmente en el Centro Histórico de la Ciudad de México (CHCM),9  el cual fue declarado Zona de Monumentos Históricos en 1980 por decreto presidencial, e inscrito por la  UNESCO  en la Lista del Patrimonio Mundial en 1987. Tales menciones llevaron a la creación del Fideicomiso del Centro Histórico de la Ciudad de México en 1990.10  Desde entonces se han aplicado a lo largo de sucesivas administraciones diversos programas dirigidos a promover, gestionar y coordinar ante los particulares y las autoridades competentes múltiples acciones, obras y servicios orientados a la recuperación, protección y conservación del Centro Histórico. Son muchas las acciones de gobierno que se podrían mencionar y que incluyen desde la recuperación del patrimonio arquitectónico hasta el mejoramiento de la calidad de vida de sus habitantes. Conviene referir que de acuerdo con los datos que facilitó el Fideicomiso del Centro Histórico, en el periodo 2002-2008 se invirtieron 1 801 millones de pesos, y que está vigente un programa de incentivos fiscales para la atracción de inversiones. Según la misma fuente, de 2007 a enero de 2010 se apoyaron 35 proyectos y se otorgaron 60 incentivos por más de 631  millones de pesos; lo anterior hizo posible atraer inversiones de capital nacional e internacional por más de 21 mil millones de pesos y generar cerca de 65 mil empleos directos e indirectos, temporales y permanentes. Estas inversiones dan cuenta de la articulación de acciones en pro del mantenimiento de la centralidad en sus diferentes dimensiones.

¿De dónde proviene la población que no reside en la ciudad central pero trabaja allí? Para conocer la respuesta se construyó una matriz lugar de residencia-lugar de trabajo por división administrativa menor (75  ×  75), y de ella se obtuvieron las siguientes inferencias: del total de ocupados en las cuatro delegaciones centrales, 39% correspondía a residentes de esas mismas delegaciones, otro 39% a residentes del resto del Distrito Federal y 22% de los municipios metropolitanos. Con estos datos se concluye que en ese año dos de cada cinco trabajadores de la ciudad central vivían en ella misma, pero los otros tres residían en otros puntos de la metrópoli, y llevaban a cabo, por tanto, una movilidad cotidiana por motivos laborales del tipo periferia-centro.

La geografía de la población ocupada en cada una de las delegaciones centrales era un tanto distinta (cuadro 6). A la delegación Venustiano Carranza correspondía la mayor proporción de trabajadores residentes en ella misma, con 43%, y en contraparte Cuauhtémoc sólo reportaba 24%. Miguel Hidalgo contenía una mayor diversidad espacial de sus flujos principales, puesto que 13 diferentes divisiones espaciales contribuían con 80% de sus viajes terminados por motivos de trabajo, en tanto que Venustiano Carranza presentaba la menor dispersión espacial de flujos, con sólo siete divisiones administrativas concentradoras de 80% de los viajes totales.

CUADRO  6.

Delegaciones centrales: población ocupada según principales divisiones administrativas de residencia, 2000


TFN8FUENTE: Cuestionario muestral del Censo General de Población y Vivienda 2000.


En cada una de las delegaciones centrales había un mercado de trabajo espacialmente delimitado y era escaso el traslape entre ellos, lo que denota una cierta independencia locacional de sus áreas de mercado (mapa 3): Benito Juárez atraía más trabajadores provenientes de la zona sur, mientras que el mercado de trabajo de Cuauhtémoc estaba espacialmente concentrado hacia las delegaciones y municipios del este. Miguel Hidalgo exhibía un patrón de viajes por motivos de trabajo del tipo concéntrico, en tanto que Venustiano Carranza era el lugar de destino de movimientos del norte y del sur. La delegación Iztapalapa era la única división administrativa que formaba parte de los flujos principales hacia las cuatro delegaciones centrales, en tanto que Gustavo A. Madero apareció en tres casos. Este patrón espacial de áreas de mercado revelaría que existen espacios diferenciales para el mercado de trabajo de cada delegación central.


MAPA  3.

Ciudad central: lugar de residencia de la población ocupada, 2000


  —FUENTE: Cuestionario muestral del Censo General de Población y Vivienda 2000..

Reflexiones finales

En 1980 la  ZMCM  generaba 38% del producto interno bruto del país (PIB), en tanto que para 2003 su aportación cayó a 29%, con una pérdida de 11 puntos porcentuales. Este lento desempeño económico se acompañó con un marcado descenso en su dinámica poblacional, ocasionado en parte por la caída de su componente natural de crecimiento (nacimientos menos defunciones), pero explicado fundamentalmente por la transformación de su saldo neto migratorio: pasó de ser el polo con la mayor atracción neta de migrantes internos a la zona en que se da la mayor expulsión neta. Entre 1980 y 2005 el saldo neto migratorio de la metrópoli fue de alrededor de -4.5 millones de personas.

El cambio económico de la  ZMCM  también se combinó con una reestructuración sectorial. En 1980 la megaurbe concentraba 47% de la producción manufacturera del país, un  PIB  de 80 mil millones de  pesos (a precios constantes de 1993) y una demanda ocupacional de 907  mil personas; en 2003 el  PIB  ascendió a 86 mil millones de pesos, pero su aportación cayó a 29% y los ocupados a 802 mil. En contraparte, para el primer año su  PIB  terciario se ubicó en 236 mil millones de pesos y en 328 mil para el segundo año, con una ligera caída de su participación en el total nacional de 40 a 33%, pero un ascenso de la demanda ocupacional en comercio y servicios privados de 855 mil a 2.6 millones de personas. En el marco de su desaceleración demográfica, la  ZMCM  se desindustrializó y avanzó en su terciarización, en especial en el sector servicios, y dentro de éste en los servicios al productor, actividades en las cuales la metrópoli demandaba 39% de los empleos del país en 2003.

La desindustrialización consiste en la pérdida absoluta de la producción o del personal ocupado en un territorio y por un periodo de tiempo; dicha pérdida puede ser coyuntural, asociada a los diferentes ciclos de la producción y de la demanda de bienes, pero también estructural. La nueva división espacial del trabajo ha explicado que la desindustrialización estructural en las economías urbanas es promovida por una estrategia de las grandes corporaciones y consiste en la dispersión de ciertas fases del proceso productivo, aprovechando la flexibilización del mismo, hacia localizaciones de menor costo (Malecki, 1997: 112-156; Massey, 1984); también explica que es el producto de una nueva división internacional del trabajo en donde los sistemas de producción se dirigen hacia economías emergentes, mientras un conjunto selecto de ciudades (globales) desarrolla un nuevo papel que se basa en el control, la gestión, el apoyo y el financiamiento del sistema económico global (Dicken, 1992: 16-46; Sassen, 1994: 1-9). Otra interpretación del fenómeno alude al efecto de importantes cambios en el uso de la tecnología, los cuales inciden en una nueva fase “informacional” del capitalismo en donde las ciudades han llegado a ser centros de servicios avanzados y con funciones económicas predominantes relacionadas con el procesamiento y el control de la información, y delegan su producción manufacturera a otras ciudades (Castells, 1996: 471-498).

Esta caída industrial de la Ciudad de México, su desindustrialización, fue de carácter estructural y bien pudiera explicarse por la nueva división del trabajo, en especial la propiciada por la relocalización de las empresas automotrices hacia otros puntos del sistema urbano nacional, ante la apertura comercial. Pero este elemento, de naturaleza global, se interrelacionó con algunos aspectos de la evolución nacional y con ciertos atributos de la propia metrópoli. En el ámbito nacional la crisis económica de los ochenta provocó una drástica caída del ingreso real de la población y obligó a las familias a reestructurar su patrón de consumo; los bienes que se sacrificaron fueron los de orden superior (automóviles, electrodomésticos, muebles, maquinaria), cuya producción ocurría mayoritariamente en la Ciudad de México. Asimismo, y en la dimensión metropolitana, la  ZMCMacusó síntomas de amplias deseconomías de aglomeración, como la congestión vial, la escasez de agua y la contaminación atmosférica. Estas deseconomías desestimularon la escasa nueva inversión, a la vez que dieron pauta para la formulación de políticas públicas para el control ambiental.

La pérdida de dinamismo de la actividad económica a lo largo del periodo analizado fue un fenómeno que afectó a toda la  ZMCM  y no sólo a la ciudad central. Si bien es cierto que la actividad económica en esta última ha perdido peso relativo entre 1980 y 2003, conviene observar que en los últimos años ha presentado rasgos de recuperación económica, pero también en su dimensión simbólica y poblacional gracias a algunas acciones de gobierno como la redensificación habitacional, mediante la cual ha sido posible frenar la pérdida relativa de sus habitantes y su recuperación en números absolutos, pero también se ha logrado una renovación del parque habitacional, lo que le ha conferido una nueva valoración económica.

En este contexto, es difícil pensar que la ciudad central dejará de ser el punto clave alrededor del cual se realizan las diferentes fases del proceso de producción, intercambio y consumo. No hay que desestimar que la política de repoblamiento que se emprendió entre 2000 y 2006 en la ciudad central fortalece a su vez la centralidad de divisiones político-administrativas que presentan una significativa concentración de empleo y conforman una continuidad física alrededor de ella; además se verá robustecida por el programa de incentivos en corredores estratégicos a lo largo de importantes avenidas primarias, que fue establecido como política urbana para el periodo 2006-2012 y que reemplaza al Bando Dos. Por su parte, las delegaciones del Distrito Federal y municipios metropolitanos que no se caracterizan por su concentración ocupacional son de localización periférica y muestran una débil capacidad para generar empleos.

Si bien era de esperarse una especialización de la ciudad central en los servicios, y particularmente en los de mayor jerarquía como los financieros y profesionales, servicios al productor, destaca también que siga acumulando las principales funciones comerciales y de servicios al consumidor de la  ZMCM  y que a ello contribuya la creación de subcentros urbanos, cuya reactivación le devuelve la dinámica que había venido perdiendo. Por último, la ciudad central constituye un lugar de oportunidad laboral sólo para los residentes de la metrópoli. A partir de los datos de la muestra censal del año 2000, que incluye el total de trabajadores de la  ZMCM, se concluye que la ciudad central era un importante espacio de oportunidad laboral para sus trabajadores residentes, para el resto de las delegaciones del Distrito Federal y para 10 municipios metropolitanos; en todas estas divisiones administrativas 10% o más de sus residentes laboraban en la ciudad central.





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Notas al pie:

1.

fn1En este documento a las delegaciones Benito Juárez, Cuauhtémoc, Miguel Hidalgo y Venustiano Carranza se les denomina indistintamente centro comercial y de negocios (CNN), delegaciones centrales o ciudad central.


2.

fn2  La fórmula del Índice de Centralización es  IC  = (L ij /L i )/(P j /P), en donde  L ij   es el empleo del sector  i  en el territorio  j;  L es el empleo total del sector  iP j   es la población del territorio  j, y  P  es la población total. De manera alternativa, este índice también se ha calculado con la siguiente fórmula:  IC  =  Lij  –  Lj(P i /P).


3.

fn3  La fórmula del Índice de Especialización es  IE  = (L ij /L j )/(L i /L), en donde  L es el empleo total en el territorio  j, y  L  es el empleo total del universo de estudio (región o país).


4.

fn4Las unidades político-administrativas se han agrupado en varias formas con fines analíticos. Por ejemplo, Sobrino (2003: 206-207) agrupa las unidades territoriales de la  ZMCM  en una ciudad central y cuatro contornos; Duhau (2003) las distribuye en siete clasificaciones: centrales, pericentrales tipo A, pericentrales tipo B, periféricas populares consolidadas, desarrollo informal, desarrollo mixto y desarrollo informal.


5.

fn5Los criterios de delimitación de la ciudad central en el mencionado programa son bastante ambiguos. El documento menciona que tal delimitación obedece principalmente al proceso histórico de expansión urbana por el que transitó la ciudad y que incluye lo que fuera el primer casco urbano, las delegaciones donde actualmente se realizan las actividades de comercio y servicio más importantes de la entidad y donde está la mayor cantidad de redes de infraestructura básica y de equipamiento urbano acumulados en el tiempo.


6.

fn6Se pensó en excluir a la delegación Venustiano Carranza de la ciudad central debido a que su estructura y dinámica ocupacional presenta ciertas diferencias con respecto a las otras tres delegaciones, y a que su carácter central se define por su papel en la estructura metropolitana y no sólo por su localización (Duhau, 2003: 164). Sin embargo finalmente se incluyó porque, retomando a Borja (2004), se consideró que la posición que guarda un área de la ciudad respecto a otra es una situación heredada que corresponde a la etapa de la ciudad industrial y a la relación intraurbana centro-periferia, y en el proceso de análisis de la información se observa que la delegación en mención continúa siendo parte del centro, en la medida en que constituye un punto clave en las diferentes fases del proceso de intercambio entre la producción y el consumo del mismo.


7.

fn7Según datos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo, estos tres sectores concentraron 77% de la población ocupada de la  ZMCM  en 2005 (INEGI,  2009).


8.

fn8El índice de entropía se utiliza en los estudios territoriales para cuantificar el grado de dispersión de una variable en el territorio. Su fórmula es  Ir  =  Σ  [(Lri/Lr)*Ln  (1/(Lri/Lr))] /  Ln(i), en donde  Lri  es el valor de la variable  L  para el sector  r  en el territorio  i;  Lr  es la suma de la variable  L  del sector  r, e  i  es el número de observaciones espaciales.  Ir  tiene un valor entre 0 (concentración máxima) y 1 (dispersión máxima) (Robinson, 1998: 241-248).


9.

fn9Ésta es un área mucho más reducida que la ciudad central: el perímetro A del  CHCM  abarca 2.97 km2, en 215 manzanas; el perímetro B comprende 7.31 km2  y 555 manzanas.


10.

fn10El Fideicomiso del Centro Histórico de la Ciudad de México fue creado como una entidad de carácter privado, pero en 2000 se integró a los fideicomisos de la administración pública.


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