Uso de los parques recreativos en Mérida, Yucatán

Susana Pérez Medina*Lane F. Fargher**

Instituto Politécnico Nacional, unidad Mérida, Centro de Investigación y de Estudios Avanzados. Dirección postal: Km. 6 Antigua Carretera a Progreso, C.P. 97310, Mérida, Yucatán, México. Correo electrónico: <sperez@mda.cinvestav.mx>.Instituto Politécnico Nacional, unidad Mérida, Centro de Investigación y de Estudios Avanzados. Dirección postal: Km. 6 Antigua Carretera a Progreso, C.P. 97310, Mérida, Yucatán, México. Correo electrónico: <fargher@mda.cinvestav.mx>.

Susana Pérez Medina* Es doctora en Urbanismo por la Facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional Autónoma de México. Labora en el Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (Cinvestav) del Instituto Politécnico Nacional (IPN), unidad Mérida, en el Departamento de Ecología Humana. Sus líneas de investigación se enfocan en el desarrollo urbano y regional desde una aproximación integral, considerando los factores económicos, políticos e ideológicos que intervienen en los procesos espaciales, y que se asocian a las condiciones de la vida cotidiana de los individuos y a su desarrollo humano más general. Ha investigado la pobreza urbana y los procesos de despoblamiento y cambio de uso del suelo en los centros históricos. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores (nivel I). Es autora del libro Segregación, recreación y calidad de vida en Mérida (UNAM, 2010), y de diversos artículos publicados en libros y revistas de investigación nacionales e internacionales.
Lane Frederick Fargher* Es doctor en antropología por la Universidad de Wisconsin-Madison con especialización en Arqueología y Geoarqueología. Tiene posdoctorado en Antropología Histórica por la Universidad de Purdue. Actualmente es investigador del Departamento de Ecología Humana del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (Cinvestav) del Instituto Politécnico Nacional (IPN), unidad Mérida. Sus líneas de investigación se enfocan en la política económica, urbanismo y mercados, así como en la producción artesanal (especialmente la alfarería prehispánica) y la arqueopetrografía. Pertenece al Sistema Nacional de Investigadores (nivel I) y actualmente es el director del Proyecto Arqueológico de Tlaxcallan. Sus proyectos de investigación han contado con financiamiento de Conacyt, National Science Foundation, National Geographic y FAMSI. Es autor o coautor de 16 artículos científicos, 12 capítulos de libro, 2 monografías y coordinador de un libro.


Resumen:

Este artículo es un análisis comparativo de la asistencia de los pobladores a parques recreativos de tres zonas de Mérida, Yucatán, que presentan diferentes y polarizadas características socioeconómicas. La metodología se basó en la aplicación de encuestas y de los softwares Google Earth y ArcGis 13. Los resultados muestran que ninguna de las zonas cuenta con una oferta suficiente de parques ni con los equipamientos adecuados; sin embargo, la accesibilidad de los usuarios, tanto física como percibida, sus contextos sociales y económicos, así como sus cualidades de consumo, hacen que cada grupo tenga particularidades en el uso de dichos espacios.

Recibido: 17-02-2015; Aceptado: 18-02-2016

Estudios demográficos y urbanos, 2016

Palabras clave: parques recreativos, consumo, accesibilidad, Mérida.
Key words: recreational parks, consumption, accessibility, Mérida.

Introducción

Los parques recreativos como espacios de esparcimiento, contenedores de áreas verdes y estimuladores de actividades físicas, cumplen importantes funciones sociales, ambientales y de salud para las poblaciones urbanas.

El tema de los parques recreativos urbanos ha sido ampliamente abordado desde el punto de vista de la planificación, los estudios ambientales y el paisaje urbano. Por otro lado, el espacio público que representan dichos lugares de esparcimiento, las interacciones y los conflictos que en ellos tienen lugar han sido analizados desde la sociología y la antropología. En los últimos años se han realizado importantes trabajos relativos a estos temas en ciudades de Estados Unidos, Europa y Asia; por el contrario, las investigaciones en los países en vías en desarrollo han sido muy escasas (Matsuoka, 2008). En México, si bien existe una considerable cantidad de trabajos sobre parques nacionales y áreas de conservación, la investigación acerca de los parques urbanos se limita a algunos estudios que se han llevado a cabo en las zonas metropolitanas de las grandes ciudades (Anaya, 2002; Flores, 2011). En Mérida, Sidorova (2001 y 2003) y Fuentes (2005) analizaron los imaginarios urbanos en parques de la ciudad desde una visión antropológica, mientras Cámara (2014) y Montejo (1981) los estudiaron desde un enfoque histórico: el diseño y el uso de los parques, tanto en la etapa colonial como en el Porfiriato (finales del siglo XIX y principios del XX).

El presente artículo aborda los parques recreativos desde una perspectiva multidisciplinaria, considerando aspectos de planeación de la ciudad tales como la accesibilidad de la población y la distribución de los equipamientos, así como el uso que le dan los diferentes grupos socioeconómicos de Mérida; esto último, propio de la perspectiva sociológica. El objetivo del presente trabajo es analizar de manera comparativa la asistencia de los pobladores de tres zonas de Mérida a parques recreativos con el fin de conocer cuáles son las condicionantes de uso; estos grupos de usuarios presentan particulares características socioeconómicas y cuentan con diferentes recursos y contextos espaciales.

La metodología utilizada para conocer las condiciones económicas y demográficas de la población que visita los parques recreativos -la frecuencia con la que lo hacen, la distancia recorrida y la opinión que tienen de estos espacios públicos- consistió en la aplicación de encuetas. Se entrevistó a 95 familias en tres AGEB (área geoestadística básica del Instituto Nacional de Estadística y Geografía de México) representativas de tres zonas de la ciudad, diferenciadas según las condiciones socioeconómicas de los pobladores y los equipamientos y servicios que prevalecen en ellas. En el análisis espacial se utilizaron el Google Earth y ArcGis 13 para ubicar los lugares públicos en cuestión, conocer sus dimensiones, y medir la distancia entre las viviendas de los individuos encuestados y los parques recreativos cercanos.

El resultado del análisis arroja que las zonas estudiadas no cuentan con parques suficientes para la población cercana, y que las instalaciones de dichos espacios no son adecuadas. La zona con más parques y con mejores condiciones de accesibilidad es la AGEB ubicada en el noroeste de la ciudad, y la zona con peores condiciones es la que está al sur. En cuanto a asistencia, si bien cada zona tiene sus particularidades, la población del sur es la más recurrente. En el sur de la ciudad habita población de bajos ingresos, con una capacidad de movilización limitada, por lo que acude a los lugares de entretenimiento cercanos a sus viviendas. En cambio, la población que habita en el norte de Mérida registra mayores ingresos, utiliza parques ubicados a una distancia mayor que la recomendable para caminar o acudir en bicicleta (1 200 metros) gracias a la capacidad de movilidad que le proporciona el uso generalizado de automóvil.

El artículo está organizado en cinco apartados y las conclusiones. En el primer inciso se muestran los beneficios que los parques recreativos ofrecen a los usuarios y las ventajas que significan para los asentamientos habitacionales en general. Posteriormente se exponen los conceptos teóricos de las prácticas sociales, del uso de los espacios y de la elección de las actividades que en ellos se desarrollan; dichos aspectos representan el marco conceptual para el análisis de las condiciones de consumo de dichos lugares de entretenimiento en la ciudad de Mérida. Los apartados tercero y cuarto comprenden la información empírica recopilada: la tipología de los equipamientos recreativos en la ciudad y las características de los parques en las zonas de estudio, así como los resultados de la afluencia de los diferentes grupos socioeconómicos a dichos espacios de esparcimiento. En el quinto inciso contrastamos la información teórica con las prácticas de uso de los espacios seleccionados en las tres zonas dela urbe, para analizar cuáles son los factores determinantes de su uso.

Beneficios de los parques recreativos urbanos

La influencia que generan los entornos construidos en el bienestar y desarrollo de los habitantes de las zonas urbanas ha sido bien documentada por diferentes estudiosos del tema (De Vries et al., 2003; Ward, 2013; Matsuoka, 2008). Como un elemento de la estructura urbana, los parques recreativos son espacios públicos que cumplen funciones ambientales y sociales. Los servicios ambientales de dichos equipamientos se asocian a la presencia de áreas verdes y arboladas, así como a las ventajas que esos servicios proporcionan en las ciudades (Colding et al., 2006; James et al., 2009; Tyrväinena et al., 2007; Tzoulas et al., 2007).

Entre los beneficios sociales, los parques públicos contribuyen a la salud de las poblaciones por el hecho de que pueden influir en la actividad física de los individuos (Ward, 2013; Dai, 2011; Witten et al., 2008; Pikora et al., 2003; Lopez-Zetina et al., 2006). Vivir en lugares con espacios abiertos, áreas verdes y ambientes naturales aumenta la motivación de la gente por emplear su tiempo libre fuera de casa en actividades físicamente activas, tales como caminar, correr y andar en bicicleta (De Vries et al., 2003; Witten et al., 2008; Lopez-Zetina et al., 2006; Diez et al., 2007). Las actividades físicas tienen un impacto positivo en la salud porque reducen las enfermedades cardiovasculares, la diabetes y la obesidad; estos males han sido asociados a comportamientos sedentarios (Witten et al., 2008; Lopez-Zetina et al., 2006). Entre mayor es la cantidad y más equilibrada la distribución de espacios públicos abiertos se registran mayores niveles de actividad física (Diez et al., 2007; Parks et al., 2003; Neuvonen et al., 2007).

La presencia de parques recreativos y de áreas verdes contribuye a la salubridad del medio ambiente en general y a disminuir la contaminación del aire. Aun si la gente no saliera a hacer actividades físicas, el solo hecho de estar expuesta a espacios abiertos con vegetación mejora su salud (De Vries et al., 2003).

No sólo la salud física se ve favorecida con la presencia de parques, sino también la salud mental. Estos espacios de esparcimiento ayudan a disminuir el estrés y favorecen la relajación (Conway, 2000; Tzoulas et al., 2007; Chiesura, 2004; Ward, 2013). Los jóvenes usualmente realizan actividades físicas como deportes y juegos interactivos, y los adultos y ancianos prefieren la contemplación (Matsuoka, 2008). Los ambientes naturales cubren necesidades no materiales de las personas (Chiesura, 2004).

La revisión de Matsuoka (2008) de los artículos publicados entre los años 1991 y 2006 en la revista Landscape and Urban Planning, que se centran en la manera como la gente interactúa con el contexto urbano, puso en relieve la importancia para el bienestar humano de los ambientes libres de construcción y arbolados. También expuso las marcadas similitudes, alrededor del mundo, en cuanto a las preferencias que existen por los entornos naturales (contacto con la naturaleza, preferencia estética, recreación y juego) y los espacios de interacción humana. No obstante que las preferencias se manifiestan de manera diferente y en diversas regiones del mundo, la naturaleza de las necesidades es muy similar en las distintas culturas y los sistemas políticos.

En lo social y lo político, los espacios públicos contribuyen al desarrollo de las comunidades. Desde la perspectiva histórica de las ciudades se confirma que los espacios abiertos han asumido un tremendo rango de formas y funciones, con una gran variedad de beneficios para sus poblaciones (Stanley et al., 2012). Los espacios públicos, en general, son el ámbito físico de la expresión colectiva y de la diversidad social y cultural; en ellos se produce el intercambio, encuentro y expresión de los diversos grupos sociales (Saraví, 2004; Lawton, 2007; Perrem, 2009). Los parques recreativos son espacios públicos de asentamiento donde se generan procesos de conexión y reconexión entre otros y con uno mismo. Al estar ahí se suscita una amplia variedad de situaciones que llevan a un mejor entendimiento del espacio local (Perrem, 2009). Por ejemplo, los espacios públicos, junto con otros elementos de la estructura física de los asentamientos habitacionales, contribuyen a la creación de capital social, entendido éste como un recurso que puede ser adquirido a través de relaciones sociales donde primen la confianza, las normas claras y la reciprocidad (Curley, 2010). La presencia cotidiana de personas que comparten espacios físicos crea lazos de solidaridad.

No obstante lo anterior, Saraví (2004) y Fuentes (2005) son menos entusiastas de los espacios públicos; señalan que éstos no siempre son enriquecedores para las comunidades. Los atributos que adquieren las prácticas sociales en los espacios públicos están definidos por las cualidades de la vida pública local y dependen de ella, desde la más armónica hasta la más violenta. El clima que prevalezca en una comunidad: confianza, inseguridad, indiferencia, reconocimiento, etc., moldeará las interacciones que se produzcan en el parque, la calle, la escuela y la plaza.

Condicionantes teóricas del uso de parques recreativos

Con excepción de las mejoras ambientales que las áreas verdes y arboladas representan para las zonas urbanas, los beneficios de los parques recreativos derivan de su uso continuo y habitual. Las cuestiones que nos planteamos son: ¿cuáles son las condiciones espaciales y sociales que llevan al uso de estos espacios de esparcimiento?, y ¿por qué unos grupos con particularidades socioeconómicas y demográficas usan tales o cuales parques?

La elección del tipo de actividad que los individuos realizan se relaciona con el concepto de consumo. Entendemos por consumo la selección, compra, uso, reuso y disposición de bienes y servicios. Éstos no son únicamente bienes manufacturados y vendidos, sino también son las ideas, los servicios y conocimientos, lugares, comida, moda, diversión y recreación, así como las vistas y los sonidos que pueden ser consumidos (Jayne, 2006). El consumo involucra procesos políticos, económicos, sociales y culturales que tienen lugar en el nivel social e individual, los cuales cambian con el tiempo. El consumo no puede ser estudiado aisladamente, sino a través del entramado de actores y relaciones sociales que intervienen en la producción, intercambio y regulación de bienes, así como de las condiciones particulares de los individuos.

Una característica inherente al consumo de bienes, servicios y lugares es el significado que tienen éstos. Los bienes y las actividades colman determinadas necesidades, que son propiamente las funciones de dichos satisfactores; sin embargo, las funciones están indisolublemente ligadas a los significados. De acuerdo con Rapoport (1990), no hay una distinción entre la función de la actividad y el significado. El significado no es sólo parte de la función, sino que frecuentemente es lo más importante. El tipo de consumo tiene un significado para el conjunto de la sociedad, es un factor de reconocimiento y pertenencia a un determinado grupo y es un factor de diferenciación entre los diversos grupos sociales (García Canclini, 1995; Bauman, 2007).

Como es de suponerse, no todos los individuos y grupos sociales pueden consumir del mismo modo. Las personas cuentan con determinados recursos para obtener satisfactores; dichos recursos pueden ser económicos, tales como ingresos, acceso a equipamientos y servicios, y también puede ser la disponibilidad de tiempo (Boltvinik, 2005). En una primera instancia podría parecer que los satisfactores se obtienen con dinero, sin embargo no todos los bienes y servicios pueden ser adquiridos por ese medio, ya que hay bienes cuya producción, intercambio y consumo corresponden a la estructura económica más general; no pueden ser conseguidos individualmente, sino a través del aparato político administrativo.

Los conocimientos y habilidades también son recursos que proporcionan a los individuos capacidades para elegir y acceder a satisfactores de bienes y servicios (Boltvinik, 2005). La comprensión amplia del entorno social en el que se encuentra inmerso el individuo le provee mayor capacidad para desenvolverse socialmente. De igual modo, en tanto más conozca el funcionamiento del cuerpo, puede cuidarlo mejor.

Los recursos individuales se vinculan a los de nivel societal, tal es el caso del desarrollo económico de una región que puede coadyuvar a la mejora de las condiciones económicas de los miembros de la comunidad.

Es preciso mencionar que en la sociedad de consumo actual prima la mercantilización, es decir, todo es valuado según el sistema de intercambio, de tal modo que las prioridades para la satisfacción de necesidades y para la distinción simbólica de las personas llegan a ser objeto de los requerimientos del mercado (Jayne, 2006). El aparato público encargado de generar servicios, y que supuestamente procura la dotación de equipamiento y servicios a la comunidad en su conjunto, hoy en día se ha replegado ante la fuerza del mercado.

Desde la perspectiva sociológica, las actividades que realizan los individuos se relacionan con sus contextos sociales, así como también con sus estilos de vida y de consumo. En los entornos sociales se configura el habitus (véase Bourdieu, 1990), que se refiere a la incorporación de los valores, los códigos lingüísticos y morales que el individuo hace del mundo social, a través de las experiencias de la vida diaria y del entorno donde se desarrolla. Bourdieu (1990) argumenta que el habitus es permanente y da al individuo una personalidad, gustos y preferencias que contribuirán a ubicarlo en un grupo social. La asistencia a parques recreativos es una actividad lúdica que se les presenta a los individuos entre una serie de opciones para realizar en su tiempo libre; la elección de esta actividad en detrimento de otras se genera en el habitus.

Nosotros estamos de acuerdo en que la valoración para la elección de actividades se realiza en el habitus, sin embargo no pensamos que sea el único determinante; al esquema conceptual de valoración y gustos de Bourdieu se le tendría que incorporar una perspectiva más amplia que contenga las condicionantes teóricas de consumo mencionados anteriormente.

Una actividad determinada, cualquiera que sea, no se puede deslindar de otras actividades que realizan las personas pertenecientes a grupos sociales configurados en clases de consumo. Las actividades de recreación, que es el caso que nos ocupa, no se llevan a cabo individualmente, sino que se estructuran con otras; de tal manera que se forman sistemas de actividades que se desarrollan en espacios y tiempos determinados. De este modo los lugares habitados están ligados indisolublemente al ambiente social. La producción y el mantenimiento de lugares y espacios son inseparables de las redes sociales que en ellos tienen cabida. Cada grupo social presenta unas necesidades, recursos disponibles y vinculaciones con el entorno que son específicas y consustanciales a su posición social y espacial, y proporcionan a los individuos diferentes capacidades, que incluyen las preferencias por determinado consumo.

Al igual que las actividades se estructuran en sistemas, los espacios donde se llevan a cabo no son únicos. Los individuos no viven exclusivamente en un solo espacio sino en una serie de espacios cerrados y abiertos. Viven en sistemas de asentamientos que abarcan todo el ámbito donde se desarrolla su vida cotidiana. Estos sistemas espaciales pueden comprender la casa y la vecindad, pueden extenderse a otras zonas o inclusive a la totalidad de la ciudad (Rapoport, 1990).

En este concepto de los sistemas espaciales, consumo y entorno social se inscribe el caso de aquellas personas que al haber estado más en contacto con la naturaleza, y adquirido de ella conocimientos (y sensaciones), la han incorporado a su uso cotidiano; tienen actitudes proambientalistas muy diferentes a aquellas personas cuyas experiencias no las vinculan a entornos naturales (Hinds y Sparks, 2008). En las poblaciones con más parques y bosques se observa que sus habitantes los valoran y demandan más (Chiesura, 2004). Estos ejemplos dan cuentan de la importancia de los entornos y espacios en la valoración de los individuos.

En relación con los sistemas espaciales, los estudios tendientes a la planeación urbana encuentran en la accesibilidad un elemento esencial en el uso de equipamientos y servicios. Existe una amplia literatura internacional que aborda el tema de la accesibilidad a diferentes espacios urbanos como elemento primordial del bienestar de los individuos, y como una condición de justicia e inclusión social, participación y compromiso público (Stanley, 2012; Dai, 2011; Comber et al., 2012; Lotfi y Koohsari, 2009). En el Reino Unido la inclusión de la accesibilidad es primordial en la proposición de reformas estructurales fundamentales entre Estado y sociedad (Cabinet Office, 2010). Se entiende por accesibilidad la capacidad que tienen las personas de alcanzar y emplear determinados equipamientos y servicios. Ella involucra básicamente la dimensión espacial, es decir, la distancia que tiene que ser recorrida para obtener el bien en cuestión. La accesibilidad es uno de los recursos de los individuos que les proporciona capacidad para poder consumir bienes y servicios.

El concepto de accesibilidad también considera la percepción que tienen los individuos de los diferentes espacios. Ésta puede basarse en las propiedades de los lugares en cuestión, como la estética y las comodidades que ofrecen (Witten et al., 2008; Matsuoka, 2008), así como también en otras características, como la inseguridad, la presencia de determinados grupos sociales o demográficos, percepción que muchas veces es negativa (Chiesura, 2004; Lotfi y Koohsari, 2009; Pain et al., 2006). Otros autores (Comber et al., 2012) incluyen en el tema de la accesibilidad las condiciones socioeconómicas de los usuarios, es decir, la capacidad económica para costear el trayecto y uso, así como la experiencia previa que tengan de dicho espacio. Por ende, se entiende como falta de accesibilidad el recorrido de trayectos largos, las limitantes percibidas tales como inseguridad, nula estética, falta de comodidades y servicios, así como la incapacidad económica para pagar el bien en cuestión.

El estudio de la accesibilidad y las cualidades de los parques, las condiciones socioeconómicas y demográficas de la población estudiada, el uso y asiduidad a estos equipamientos y la percepción que de éstos tiene cada grupo social, nos permitirá conocer cuáles son las motivaciones y capacidades de cada grupo para elegir los parques, entre diversas opciones de recreación. Asimismo, es preciso considerar qué otras actividades realizan y en qué lugares, es decir, reconocer los sistemas de asentamientos. Estas observaciones nos aproximarán a los significados que los usuarios le confieren al uso de dichos lugares de entretenimiento.

Parques recreativos en Mérida

La ciudad de Mérida presenta una estructura profundamente segregada, social y funcionalmente. Esta división implica: concentración de la población según sus características socioeconómicas y una desigual distribución de equipamiento y servicios. En el norte de la ciudad reside la población de más altos ingresos, cuenta con la mejor infraestructura de la urbe, con modernos comercios y servicios, e importantes inversiones en negocios de capitales nacional e internacional. Por otro lado, en el sur se concentra la población de menos recursos y los equipamientos y servicios son escasos y casi siempre de carácter familiar. El noroeste de la ciudad es una zona de población de ingresos medios y existe una mezcla de tipos de establecimientos, unas veces más parecidos a los del norte y otras a los del sur (Pérez, 2010).

Tipología de parques recreativos en Mérida

En Mérida, zona metropolitana con una población de 907 334 habitantes (incluyendo Umán, Kanasín, Cholul y Caucel, localidades conurbadas físicamente), todos los parques recreativos son públicos, es decir, su administración y mantenimiento están a cargo del ayuntamiento. En la actualidad, en los conjuntos habitacionales el espacio para el equipamiento recreativo está en gran parte definido por las empresas inmobiliarias, que mediante la normatividad de la Ley de Desarrollos Inmobiliarios (Gobierno del Estado de Yucatán, 2014) donan al municipio el área que servirá para instalar comercios, escuela, iglesia y los parques recreativos.

A grandes rasgos, en Mérida se distinguen tres tipos de parques: 1) los que tienen cancha deportiva y un pequeño arenero con juegos infantiles; 2) aquellos que contienen áreas verdes, andadores, juegos infantiles y canchas de usos múltiples, y 3) los que cuentan con todo lo de los anteriores, con excepción de la cancha de usos múltiples, y con otros elementos como fuentes, pistas para patinar y teatros abiertos. Las dimensiones de estos parques, con excepción de los "ecológicos" y unos cuantos más que veremos a continuación, oscilan entre 200 y 10 000 metros cuadrados.

Los parques recreativos de mayores dimensiones en la ciudad son los "ecológicos", construidos en áreas que antes fueron bancos de material, que dejaron profundas hondonadas, inservibles para la construcción de casas y edificios. Existen siete parques "ecológicos" en la ciudad, tres de ellos con dimensiones de más de 30 mil metros cuadrados, y cuatro con aproximadamente 10 mil metros cuadrados. En general, estos espacios públicos son austeros, con pocos elementos y mobiliario; en ellos se han utilizado materiales naturales de la región para construir sus elementos decorativos y mobiliario.

Actualmente la administración de la ciudad está convirtiendo en parques recreativos aquellos espacios de uso restringido por ser paso de líneas de alta tensión y ductos de gasolina; el caso más representativo es el Parque Lineal, de aproximadamente cuatro kilómetros de largo y 100 metros de ancho, ubicado en el suroeste de Mérida.

El Parque de las Américas se distingue del resto de este tipo de equipamientos de Mérida por su belleza y monumentalidad; se terminó de construir en el año de 1945. Se conforma por cuatro manzanas que abarcan un área de 32 000 metros cuadrados aproximadamente; tiene una gran fuente escultórica, una concha acústica, pergolados, biblioteca y monumentos a los países de América, todo labrado en piedra artificial; asimismo, cuenta con juegos infantiles y amplias áreas verdes con hermosos y grandes árboles. En él se celebran conciertos, festivales y se llevan a cabo diversas actividades. Este parque es visitado por población de diferentes zonas de la ciudad.

El parque de la colonia Alemán se distingue no tanto por su tamaño, que no es nada despreciable (18 380 metros cuadrados), sino por sus instalaciones: fuente, explanada, áreas verdes, juegos infantiles, pista de patinaje, gimnasio al aire libre, juegos mecánicos y esculturas decorativas. Asimismo, sobresale por la gran cantidad de población que va a pasear y a hacer ejercicio; también por la presencia de vendedores de golosinas que acuden allí todas las tardes y noches.

Distancias y accesibilidad a los parques recreativos en las zonas estudiadas

Los parques recreativos incluidos en cada zona son aquellos ubicados a una distancia corta o media de las viviendas analizadas. Para definir si el trayecto de la vivienda a estos espacios de entretenimiento es corto, medio o largo, nos basamos en investigaciones realizadas por diversos autores (Urban Green Spaces Task Force, 2002; Bhooshan y Sundaram, 1976; Prinz, 1983; Maroko et al., 2009) que señalan las distancias adecuadas para caminar o andar en bicicleta; también consideramos las normas de la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol, 1992) de México.

Las distancias se relacionan con las jerarquías de los equipamientos y servicios; los servicios se jerarquizan por sus dimensiones, especialización y número de usuarios a los que sirven. Los autores señalan que la distancia para acceder a lugares que se usan con alta periodicidad debe ser entre 400 y 1 200 metros; en el caso de equipamientos usados con mediana frecuencia y a los que se acude en autobús o en automóvil, consideran que debe ser entre 1.6 y 4.8 kilómetros; asimismo, afirman que la distancia mayor a 1 200 metros es inapropiada para caminar (Lotfi y Koohsari, 2009: 423). Las normas de la Sedesol (1992) establecen la distancia de 350 metros como la recomendable para equipamientos de uso frecuente, tales como juegos infantiles y jardín vecinal; se indica 670 metros para el parque de barrio, y para el parque urbano se establece una distancia de no más de 30 kilómetros, sin existir una clasificación intermedia entre éste y el de barrio. Para efectos del presente trabajo consideramos como distancia corta hasta 350 metros, que es la adecuada para llegar a aquellos equipamientos de uso cotidiano; distancia media, hasta 1 200 metros para acceder a sitios que son utilizados con menos frecuencia, y a partir de 1 200 metros se considera una distancia larga, que es propia para realizarse con vehículo.

En el norte, los que se localizan a una distancia corta de las viviendas encuestadas son cuatro: tres son muy pequeños (menores de 1 553 metros cuadrados) y uno con una dimensión considerable (el De la Juventud tiene 14 545 metros cuadrados). Los elementos que tienen los cuatro parques son: cancha de usos múltiples, juegos infantiles, áreas vedes y andadores. A una distancia media a la AGEB analizada se encuentran parques más grandes, pero con similares elementos a aquellos más cercanos. Véase el Cuadro 1 y el Mapa 1 para las descripciones y ubicaciones de los parques de Mérida mencionados.


Cuadro 1.

Parques recreativos, dimensiones y equipamientos en las zonas de estudio


  —Fuente: Elaboración propia..


Mapa 1.

Ubicación de los parques de Mérida


  —Fuente: Elaboración propia..

En la zona sur, son dos los equipamientos recreativos emplazados a una distancia máxima de 350 metros de las viviendas encuestadas: uno pequeño (Cinco Colonias, con un área de 2 300 metros cuadrados), de forma alargada y angosta, y con mínimas instalaciones, junto al cual se ubica un campo de béisbol -que es prácticamente un terreno limitado por una malla ciclónica-; el segundo parque es más grande (Serapio Rendón, de 6 000 metros cuadrados) y está mejor equipado, cuenta con dos canchas de usos múltiples -una de las cuales esta techada-, andadores y juegos infantiles. Ninguno de los dos parques cuenta con áreas verdes. A una distancia media de la AGEB analizada del sur se ubican varios parques similares en dimensiones y elementos a los anteriores, con excepción del de la colonia Mercedes Barrera, que cuenta con dos canchas de usos múltiples, teatro y áreas verdes.

En la zona noroeste estos equipamientos recreativos son heterogéneos en cuanto a sus dimensiones y en sus elementos, tanto aquellos que están emplazados a una distancia corta a la AGEB estudiada, como los que se encuentran a una distancia media. Los parques ubicados en esta zona de la ciudad tienen dimensiones que oscilan entre 691 y 8 702 metros cuadrados; unos tienen únicamente una explanada o un área verde, y otros cuentan con varios elementos, tales como cancha de usos múltiples, juegos infantiles, explanada, áreas verdes y andadores. Como se puede apreciar en el Cuadro 1 y en el Mapa 1, ésta es la zona que dispone de más parques; sin embargo, también se puede notar que una buena cantidad de ellos tiene forma de triángulo y superficies menores a 1 000 metros cuadrados; es decir, representan espacios residuales, sobrantes de terreno que el fraccionador no pudo vender y los aprovechó como área de donación, que por norma deben ceder al ayuntamiento.

El panorama anterior nos indica que, si bien los parques y las distancias de éstos a las viviendas tienen particulares características en cada una de las zonas analizadas, la oferta de estos equipamientos es muy similar en las tres zonas; ninguna cuenta con espacios recreativos suficientes para la población cercana. Las tres zonas adolecen de precariedad en estos lugares de esparcimiento en cuanto a dimensiones, instalaciones y mobiliario. Así, desde una perspectiva estructural no esperamos diferencias entre las zonas en la afluencia a los parques.

¿Quiénes asisten a los parques recreativos de Mérida y con qué frecuencia?

En este apartado presentamos los resultados de la investigación de campo llevada a cabo en tres zonas de la ciudad Mérida, cada una con cualidades sociales y espaciales bien diferenciadas.

Metodología

Para obtener la información de quiénes acuden a los parques recreativos se aplicó una encuesta. La limitación de recursos humanos y económicos llevó a elegir una AGEB representativa de cada zona socioeconómica. La homogeneidad en el interior y la heterogeneidad entre las zonas permitieron la aplicación de la encuesta "estratificada proporcional", que tiene la ventaja de que la muestra es mucho menor que otros tipos de muestreo, sin menoscabo de su representatividad; los resultados los podemos generalizar a la totalidad de las familias de las AGEB analizadas.

Las unidades de análisis fueron las familias. El cálculo estadístico arrojó 15 familias para encuestar en la AGEB del norte, 47 en la del sur y 33 en la del noroeste, que forman un total de 95 familias. Se numeraron las manzanas que conforman cada AGEB, y mediante un sorteo con la tabla de números aleatorios se eligió el número de manzanas que corresponde a cada una de las zonas; posteriormente se seleccionó una vivienda por manzana.

Los informantes de cada familia fueron de preferencia el padre o la madre, que respondieron por ellos mismos y por los hijos menores de 15 años. Previendo que los padres no conocen exactamente las actividades de los hijos de 15 años y más, se aplicó una encuesta complementaria por cada uno de ellos, de tal modo que se aplicaron 95 cuestionarios a los jefes de familia y 87 a los hijos de 15 años y más. La encuesta fue levantada durante los meses de mayo a julio del año 2004.

El cuestionario se basó en preguntas cerradas que incluían las edades y los niveles de escolaridad de cada uno de los miembros, los ingresos familiares y el número y tipo de vehículos con que cuenta cada familia. En relación con el uso de parques, las preguntas fueron: ¿qué miembros de la familia asistieron a parques recreativos en los últimos seis meses?, ¿con qué frecuencia?, ¿qué medio de transporte utilizaron?, y ¿cuáles parques visitaron? Asimismo, mediante una pregunta abierta se les pidió su opinión acerca de los parques cercanos a su residencia.

Para llevar a cabo el análisis espacial se utilizaron los software Google Earth y ArcGis 13. Con el primero, que cuenta con fotografías de 2010 a 2013, se llevó a cabo la ubicación de los parques en cada una de las zonas y también fue la herramienta para hacer el levantamiento de las instalaciones que contienen. Con el ArcGis se hicieron las estimaciones de las distancias entre las viviendas de los individuos encuestados y los parques recreativos; también se utilizó este software para el cálculo de las dimensiones de dichos equipamientos.

El desfase entre las fechas de la encuesta (aplicada en el año 2004) y del levantamiento espacial (con datos de 2010 a 2013) no afecta el resultado de la investigación debido a que no se han construido más parques de aquellos que ya existían en el momento de levantar la encuesta, y porque las condiciones sociales y económicas de los entrevistados se han mantenido prácticamente inalteradas.

Diferencias económicas y demográficas de las zonas estudiadas

La población de cada una de las AGEB presenta características particulares en cuanto a nivel económico, ocupación y composición familiar (Cuadros 2 y 3). Los ingresos y el número de autos por familia fueron los indicadores de los niveles económicos. La composición familiar se definió mediante la agrupación por edades de los miembros: niños (0 a 12 años), adolescentes (13 a 18), adultos (19 a 64) y adultos mayores (65 años y más).


Cuadro 2.

Principales características económicas y demográficas por zona


  —Fuente: Elaboración propia con base en los resultados de la encuesta..


Cuadro 3.

Composición familiar por zona


  —Fuente: Elaboración propia con base en los resultados de la encuesta..

En la zona norte reside la población con los más altos índices de escolaridad y de ingreso; en cuanto a su ocupación, prevalecen los profesionales empleados en servicios. Todas las familias cuentan con automóvil y la gran mayoría tiene dos o más (Cuadro 2). En el extremo opuesto se encuentra la zona sur, donde reside la población con más bajos salarios e índices de escolaridad. Una gran proporción de los colonos del sur trabaja por cuenta propia, como electricistas, carpinteros y pintores de casas, y un pequeño porcentaje de los vecinos cuenta con automóvil. La población del noroeste tiene cualidades que la ubican en una situación intermedia entre los del norte y los del sur, tanto en relación con sus ingresos como con sus niveles de escolaridad; en esta zona están representadas las capas medias de la población de Mérida. La ocupación es la de profesionales empleados en servicios.

Las densidades de población siguen el mismo gradiente que los indicadores anteriores. En el norte de la ciudad la densidad es de 54 habitantes por hectárea en el sur, de 100, y en el noroeste, de 84 habitantes por hectárea.

El más antiguo de los tres asentamientos es el noroeste; en éste se encuentra el mayor número de familias con hijos adultos, así como también la mayor proporción de jubilados y de adultos mayores. En segundo lugar se encuentra la zona sur, donde en la mayoría de las familias hay niños y adolescentes. El asentamiento más reciente es el del norte, donde predominan las familias con niños y son pocos los adultos mayores (Cuadro 3).

Los adolescentes, el grupo que más visita los parques recreativos

En este apartado analizamos la asistencia de los diferentes grupos de edad de cada una de las zonas a los parques recreativos, la frecuencia de visitas y las distancias que recorren. La asiduidad de uso de quienes acuden a estos espacios la establecimos de acuerdo a los siguientes intervalos: de 1 a 3 veces al mes es una frecuencia baja, de 4 a 7 veces es media, y 8 y más veces al mes es alta.

Los resultados de la encuesta muestran que los adolescentes representan el grupo que más visita los parques recreativos y con más asiduidad (Cuadro 4). En el otro extremo, tenemos que los adultos son el grupo de edad que menos asiste y con menos frecuencia. Dentro de cada zona las frecuencias por grupos de edades difieren entre sí.


Cuadro 4.

Afluencia y frecuencia de uso de parques recreativos por grupos de edad


  —* Frecuencias: baja de 3 veces y menos al mes, media de 4 a 7, y alta 8 y más veces al mes..   —Nota: Los adultos mayores, con excepción de una persona, no acuden al parque, por lo que no se incluyeron en el análisis..   —Fuente: Elaboración propia con base en los resultados de la encuesta..

Los Cuadros 5 y 6, de presencia-ausencia y de afluencia y frecuencia de uso de los parques, muestran que en la zona norte, a diferencia de lo que prevalece a nivel general, los adolescentes son el grupo que menos acude a los parques, y entre los jóvenes que sí los visitan, más de la mitad lo hace con baja frecuencia. El grupo de niños de esta zona es el que sobresale por su asistencia, sin embargo la mayoría de los infantes acude a los parques con frecuencia media.


Cuadro 5.

Análisis de asistencia a parques por edades y zona


  —Nota: Los adultos mayores, con excepción de una persona, no acuden al parque por lo que no se incluyeron en el análisis..   —Fuente: Elaboración propia con base en los resultados de la encuesta..


Cuadro 6.

Afluencia y frecuencia de uso de parques por zona


  —* Frecuencias: baja de 3 veces y menos al mes, media de 4 a 7, y alta 8 y más veces al mes..   —Nota: Los adultos mayores, con excepción de una persona, no acuden al parque por lo que no se incluyeron en el análisis..   —Fuente: Elaboración propia con base en los resultados de la encuesta..

Por el contrario, los pobladores de la AGEB del sur reportan el mayor porcentaje de asistencia en los tres grupos de edad, y entre éstos, los niños y adolescentes con amplia ventaja (82.6 y 91.2%, respectivamente). La asistencia de los adolescentes de esta zona a los parques recreativos es, con mucho, mayor que la de los otros grupos y que en las otras zonas, tanto por el número de jóvenes que asiste, como por su asiduidad media y alta. Los adultos representan el grupo que menos visita dichos lugares de recreación, y la mayoría de ellos acude con una periodicidad baja.

Entre los entrevistados de la AGEB del noroeste únicamente el grupo de los adolescentes tiene mayoría que sí visita los parques. Después de ellos, el grupo que más asiste a dichos espacios de esparcimiento, en número de usuarios y en frecuencia, es el de los adultos. Los niños de la zona noroeste es el grupo que menos usa los parques (38.1% del total de niños), y la mayoría de éstos (61.9%) lo hace con una periodicidad baja.

En cuanto a las frecuencias de visitas, asociadas a las distancias que se recorren de la vivienda a los parques, el patrón de uso que se esperaría es una periodicidad de uso alta (8 veces y más al mes) relacionada con un recorrido corto (hasta 350 metros); una frecuencia de uso media, asociada con una distancia media; y que a una baja periodicidad (menos de una vez por semana) le corresponda un trayecto largo (mayores a los 1 200 metros). La realidad muestra otro patrón: prevalecen los trayectos cortos para las frecuencias alta, media y baja (Gráfica 1). Por otro lado, los trayectos largos realizados con baja frecuencia son llevados a cabo por un número importante de población de las zonas norte y noroeste. Asimismo, en la zona norte es significativo el número de usuarios de los parques que se desplaza a otras zonas de la ciudad (distancias largas) con una asiduidad media.


Gráfica 1.

Frecuencias de visitas al parque y distancias recorridas por zona


  —Fuente: Elaboración propia con base en los resultados de la encuesta..

Se observa que las distancias recorridas para acudir a los parques recreativos se relacionan directamente con el medio de transporte utilizado. Los entrevistados de la zona norte, en su mayoría, usan automóvil para llegar a estos lugares de entretenimiento, tanto para los trayectos largos como para los cortos; solamente 9.8% se desplaza caminando. A diferencia de la anterior, en la zona noroeste los usuarios visitan los parques principalmente caminando (58.5%); el uso del automóvil para acudir a estos espacios lúdicos pasa a segundo término (23.1% de los entrevistados). En esta zona se reportó el número más alto de individuos que se trasladan a dichos lugares de esparcimiento en transporte público (18.5%). En la zona sur la mayoría de la población usuaria acude a los parques caminando (69.2%); en segundo lugar, un pequeño porcentaje (13.1%) se traslada en bicicleta, situación que no se presenta en las otras zonas, y también unos cuantos de los que visitan estos lugares (11.5%) se trasladan en automóvil.

Percepción de las condiciones físicas y sociales de los parques

Los habitantes de cada una de las zonas expresaron su opinión sobre las carencias de los parques cercanos a sus viviendas; de esta manera se hicieron visibles las diferencias en las condiciones físicas y sociales de estos equipamientos. Concentramos las respuestas en cinco grupos: 1) instalaciones y sus elementos (juegos, canchas, áreas verdes, bancas y alumbrado); 2) mantenimiento y limpieza; 3) dimensiones (si son pequeños, o bien, si están constantemente saturados, y si carecen de área de amortiguamiento en torno a las canchas, lo que provoca balonazos a otros usuarios); 4) seguridad (presencia de borrachos, drogadictos y vándalos, así como la localización de talleres junto a los parques); y 5) realización de actividades.

La opinión que tienen los vecinos de la zona norte acerca de los parques cercanos es: en primera instancia, faltan instalaciones, concretamente se carece de alumbrado y de árboles que den sombra (34.6%); en segundo lugar, opinaron que todo estaba bien (26.9%); y en tercero, que son pequeños (19.2%). Para la mayoría de los habitantes de la AGEB noroeste los parques cercanos a sus viviendas carecen de instalaciones y de otros elementos (50%), particularmente de juegos infantiles, bancas para sentarse, canchas para jugar y áreas verdes. En esta zona los residentes exteriorizaron una molestia que no fue manifestada en otras: la presencia de excremento de animales y la falta de limpieza y de mantenimiento (22.6 por ciento).

En las zonas norte y noroeste algunos entrevistados declararon la falta de seguridad o de vigilancia (5.8 y 8.3%, respectivamente), sin embargo, ellos mismos reconocieron que no se habían presentado hechos delictivos en los parques; su opinión iba en el sentido de prevenir tales acontecimientos.

Durante las entrevistas, los habitantes del sur constantemente compararon los dos parques cercanos a sus viviendas (Cinco Colonias y Serapio Rendón); manifestaron una opinión más favorable sobre el Serapio Rendón porque es más grande y, a decir de los entrevistados, tiene mejor iluminación y cuenta con mallas ciclónicas para limitar las canchas deportivas.

Entre las carencias de los parques percibidas por la población del sur sobresale la falta de instalaciones y otros elementos, particularmente de iluminación, de canchas para jugar y de áreas verdes. La opinión que ocupó el segundo lugar fue acerca de las dimensiones; el peligro constante de ser golpeados con balones, que las canchas están ocupadas constantemente y que son muy pequeños. La tercera carencia expresada por los entrevistados del sur (18.2%) fue la falta de seguridad, sobre todo por la asiduidad de maleantes, drogadictos, borrachos, así como por la ubicación de un taller mecánico justo frente al parque. A diferencia de la población de las otras zonas, en ésta no mencionaron "inseguridad", sino que expresaron el riesgo que representa para los usuarios la presencia de personas en estado inconveniente, los bandidos y el taller. Tampoco hubo mención de los perros y de su defecación.

Los elementos que intervienen en el uso de parques recreativos

En general es muy baja la afluencia a los parques recreativos; un alto porcentaje de la población no acude a estos espacios, y entre los que sí los visitan, la gran mayoría lo hacen con poca frecuencia. Como hemos visto, estos equipamientos ofrecen escasa infraestructura de entretenimiento y generalmente son pequeños, lo cual les resta atractivo; sumado a lo anterior, las distancias a recorrer para llegar a ellos caminando los hace poco accesibles. Éstas son probablemente las razones por las cuales los parques recreativos han tenido un papel muy precario en la vida de los habitantes de la ciudad, y no han formado parte de los espacios contenedores de relaciones sociales y de las actividades que realizan los habitantes durante su tiempo libre. La asistencia a parques recreativos no es parte de las actividades cotidianas que realiza la población y, en general, no se encuentra integrada al habitus de los meridanos.

De acuerdo al concepto de consumo, la elección de asistir a los lugares de esparcimiento se asocia a la producción de estos espacios, así como también a factores sociales y culturales, a nivel individual y de la comunidad. En el caso que nos ocupa, la producción de estos equipamientos recreativos le corresponde a la administración pública de la ciudad, pues es el agente que establece la normatividad acerca de las superficies de las áreas de donación, que es el espacio donde se pueden construir los parques, los administra y les da mantenimiento. Pero es el sector inmobiliario el que determina su forma, ya sea en un solo espacio o en varios espacios dispersos, así como su ubicación en los conjuntos habitacionales. En las normas no se establece que en el área de donación necesariamente debe haber parque; se pueden construir otros equipamientos sin la presencia de dicho espacio de entretenimiento. En la práctica, la decisión de lo que se va a establecer en las áreas de donación se deja a criterio de las autoridades municipales, decisión que puede ser influida por la participación de los vecinos. Sin embargo, no existe una demanda efectiva de parques recreativos; parece prevalecer una falta de conocimiento acerca de los beneficios que el uso de estos espacios otorga a los individuos para la integración social y para su salud física y mental. En la actualidad son muy escasas y sin éxito las iniciativas de organizaciones sociales que participan en la concepción, construcción o mantenimiento de estos espacios en Mérida.

La valoración simbólica del uso de parques recreativos, que de acuerdo a Rapoport es lo más importante para elegir bienes y actividades, ha sido minimizada ante el embate de otras opciones de distracción sujetas al dominio del mercado, tales como restaurantes, cines, plazas comerciales, y toda una gama de entretenimientos en casa con medios electrónicos. La elección del tipo de consumo que hacen los individuos está constantemente sometida a las presiones de los medios masivos de comunicación. La cultura local, y con ella los espacios lúdicos generados en este ámbito, compiten con los consorcios internacionales.

La poca valoración que le confieren los meridanos al uso de los parques recreativos se refleja en la asistencia de los diferentes grupos de edades, particularmente de los niños y los adultos. Los primeros solamente acuden a los parques bajo el cuidado de adultos, de tal manera que de existir una alta valoración, hijos y padres asistirían. En los resultados de la investigación tenemos que los niños de la zona sur que acuden a los parques van acompañados por padres, vecinos, hermanos u otros parientes; los de la zona norte acuden bajo el cuidado de trabajadoras domésticas; en la zona noroeste -donde predomina población de ingresos medios y donde se encuentra el mayor número de familias con hijos adultos, y la mayor proporción de jubilados y de adultos mayores-, los niños son los que menos asisten a dichos lugares. En esta zona las familias rara vez tienen trabajadoras domésticas que acompañen a los niños al parque, y tampoco los hermanos adultos y padres están dispuestos a acompañarlos; sumado a lo anterior, las actividades extraescolares que tienen los niños de esta zona (Pérez, 2010) les impiden tener disponibilidad de tiempo para acudir al parque. Con excepción de algunos padres del sur, los progenitores no participan con los hijos en esta actividad.

Las características económicas, y particularmente los ingresos, tiempo y movilidad que tienen los diferentes grupos, juegan un papel importante en la elección de actividades lúdicas. La población de las zonas norte y noroeste tienen más altos ingresos y más tiempo libre, en comparación con los pobladores del sur (Pérez, 2010, cuadro 5). Los ingresos de las familias del norte les permiten la posesión de automóviles, lo que les proporciona mayor movilidad a otras zonas de la ciudad, tanto para acudir a estos equipamientos de recreación fuera de su zona como para realizar otras actividades de entretenimiento, en detrimento de la asistencia a los parques cercanos. Además cuentan con la capacidad financiera para cubrir los gastos asociados a actividades lúdicas alternativas. Sumado a lo anterior, tienen más tiempo libre porque trabajan menos horas, emplean menos tiempo en sus trayectos cotidianos (al trabajo, a abastecerse de bienes y servicios), y poseen mayor capacidad para contratar servicio doméstico. De este modo, los datos muestran que los adultos de las AGEB del norte y del noroeste tienen otras actividades de recreación, tales como ir al cine, a plazas comerciales, a fiestas particulares, etc., además de visitar los parques de otras zonas que presentan más atractivos (v.g., Alemán y Las Américas), en lugar de acudir a los cercanos a sus viviendas.

Consistente con estas observaciones, los adultos habitantes del norte y noroeste manifiestan lo poco valorado que es pasar el tiempo libre en los parques recreativos públicos, en comparación con la asistencia en diversas ciudades del mundo (Chiesura, 2004) y con otras actividades de esparcimiento. Estos grupos, de ingresos medios y altos, conciben el parque como un lugar para pasear al perro y en segundo término para que jueguen los niños cuando no tienen otras actividades, pero no le confieren los beneficios que estos espacios tienen para la salud física y mental.

Por el contrario, los adultos del sur trabajan frecuentemente jornadas de más de 40 horas a la semana, y pasan de tres a cuatro horas al día en trayectos al trabajo en transporte público porque carecen de automóvil. Las jornadas laborales, los trayectos al trabajo y las labores domésticas (cuando llegan a la casa tienen que lavar ropa y trastos, cocinar, limpiar, etc.) les dejan poco tiempo libre. Asimismo, sus exiguos ingresos les limitan las opciones de recreación, carecen de movilidad para llegar fácilmente a destinos fuera de sus vecindades, y no tienen la capacidad financiera para cubrir los gastos que otras actividades lúdicas implican. En estas condiciones, los adultos del sur deciden no salir de sus casas, o solamente van a socializar con los vecinos. Pocos adultos y con baja frecuencia visitan los parques de su zona.

A diferencia de los niños y los adultos, los adolescentes cuentan con más movilidad que los niños, más tiempo libre que los adultos, y en comparación con éstos, menos capacidad de consumo de otras actividades recreativas, por lo cual es, con mucho, el grupo que más acude a los parques; no obstante lo anterior, su asistencia a dichos equipamientos presenta algunas particularidades por zonas. En el norte y noroeste, donde las familias tienen más recursos financieros disponibles y cuentan con mayor movilidad, los adolescentes realizan otras actividades lúdicas, lo cual reduce su asistencia a los lugares públicos de entretenimiento aledaños a sus viviendas. Los adolescentes residentes en el sur disponen de más tiempo que sus padres, sin embargo, la falta de recursos los limita a visitar los parques cercanos a sus viviendas, pues carecen de otras opciones de actividad para realizar durante su tiempo libre. Curiosamente esta afluencia crea otro impedimento a la asistencia de los adultos de esta zona, porque perciben dichos lugares saturados de personas y no desean visitarlos por tal razón.

Con base en el uso de los parques recreativos podemos afirmar que los sistemas de actividades y los de asentamientos en los que se desarrolla cada grupo social tienen escalas muy diferentes. En tanto que para los que tienen poca movilidad el sistema se limita al entorno inmediato a la vivienda, para aquellos que tienen mayor movilidad abarcan amplias zonas de la ciudad.

Si bien estamos de acuerdo con Bourdieu en que la valoración de determinados bienes y servicios consumidos está configurada en el habitus, es preciso considerar que no es el único factor en la elección de actividades lúdicas, sino que también intervienen las condicionantes involucradas en el proceso de consumo.

Conclusiones

Hemos demostrado con el análisis de los parques en el conjunto urbano, y en cada una de las zonas, que prevalece poca accesibilidad y una carencia generalizada de este equipamiento, lo que afecta su uso. Sin embargo, también hemos señalado otros factores que intervienen en la decisión de asistir a los parques, tales como la disponibilidad de tiempo de recreo/descanso, el nivel socioeconómico, otras opciones de recreo/descanso, la percepción de estos espacios públicos y la valoración social de asistir.

Ante el análisis anterior, nos planteamos dos cuestionamientos sobre cuál sería el detonante para la valoración y el uso de los parques recreativos: una mejor oferta con más elementos de entretenimiento en estos espacios, mayores dimensiones y ubicación más cercana a sus viviendas, o bien, un conocimiento generalizado de la importancia que tienen estos espacios en el desarrollo de la vida social y en sus beneficios para la salud.

De acuerdo con estas observaciones, y considerando los problemas de salud, obesidad y expansión de la mancha urbana, así como por el efecto de la isla urbana de calor, en Mérida es fundamental la construcción de más y mejores parques recreativos, con tamaños, equipamientos y accesibilidades adecuados. Estas mejoras deben ir a la par de un conjunto de cambios sociales, culturales, económicos y políticos que hagan fácil y deseable la asistencia a los lugares públicos de entretenimiento. Este acercamiento conlleva cambios en la política sobre la seguridad pública en los espacios públicos, así como cambios en el transporte público para mejorar la organización y eficiencia de las redes, con el objetivo de reducir el tiempo que los usuarios emplean en sus traslados y ampliar la oferta de destinos (especialmente los públicos como parques). Así, la población de bajos recursos puede reducir el tiempo que emplea en ir y regresar del trabajo, y como resultado, aumentar su tiempo libre. Igualmente debe haber cambios en la política laboral y en los salarios, de tal manera que toda la población pueda trabajar como máximo jornadas de 38 a 40 horas por semana. Estos cambios también incrementarían el tiempo libre. Finalmente, se tendría que implementar una campaña pública para el cambio en la percepción general y revalorización de los parques. Sólo con mejores espacios de esparcimiento, más tiempo libre y una alta valoración, podemos esperar el impacto de estos equipamientos en la salud física, emocional y mental de sus usuarios.





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ESTUDIOS DEMOGRÁFICOS Y URBANOS, vol. 34, núm. 2 (101), mayo-agosto, 2019, es una publicación electrónica cuatrimestral editada por El Colegio de México, A.C., con domicilio en Carretera Picacho Ajusco núm. 20, col. Ampliación Fuentes del Pedregal, delegación Tlalpan, C.P. 14110, Ciudad de México, tel. +52 (55) 5449 3031, página web: www.colmex.mx, correo electrónico: ceddurev@colmex.mx. Editor responsable: Manuel Ángel Castillo. Reserva de Derechos al Uso Exclusivo: 04-2016-031810381800-203, ISSN impreso: 0186-7210, ISSN electrónico: 2448-6515, ambos otorgados por el Instituto Nacional del Derecho de Autor. Responsable de la última actualización de este número: Leticia Argüelles, Carretera Picacho Ajusco núm. 20, col. Ampliación Fuentes del Pedregal, delegación Tlalpan, C.P. 14110, Ciudad de México. Fecha de última modificación, 25 de marzo de 2019.

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